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martes, 8 de marzo de 2016

DOS HIJOS Y UN PADRE Lc. 15

Esta parábola toca el problema de la fraternidad y de la misericordia. Dios perdona abrazando y besando, no humilla. El perdón y la vida recobrada  es alegría compartida.

El nombre tradicional  de esta parábola es EL HIJO PRÓDIGO, el verbo prodigar significa derrochar, gastar sin límites; y eso es lo que vemos en la parábola.  

PERSONAJES
Padre: Es presentado como un hombre con dos hijos, extraña ausencia de la mujer para tener el cuadro normal de una familia.  Es nombrado Padre 6 veces. El hijo mejor lo llama dos veces MI PADRE, en boca de los criados una vez y el hijo mayor nunca utiliza la palabra padre. Este padre vive esperando siempre el regreso de su hijo menor, explota de alegría, hace fiesta y demuestra un amor gratuito al regreso del hijo menor. Este padre es capaz de ver en la lejanía y lo hace ser hombre que acerca lejanías con el corazón. Humanamente hablando, lo primero que ve este padre es un hombre sucio, débil, repugnante y derrotado, pero detrás de toda esa miseria humana está un hijo, su gran tesoro de vida, por eso no importa las apariencias, los olores ni las debilidades. El acercarse a su hijo le conmueve las entrañas (cf. Os. 2,21; 11,8; Is. 49,13-16). El padre explota de alegría paterna se echa sobre su cuello (Cf. Gen 33,4) como cuando Esaú abrazo a Jacob, y lo cubre de besos. El beso comunica vida de acogida y ser acogido, el beso es afecto, amor, amistad, protección, respeto y veneración; y lo más impresionante que cualquier parte del cuerpo lo recibe. Si el beso es lo más dulce entre las personas que se aman  (Cf. Cant 1,2; Prov 24,26), cuanto más es el beso de este padre hacia el hijo menor. El padre no indaga la vida pasada de su hijo, el solamente ha hablado con los pies, los brazos y los labios llenos de besos. Estos gestos generan en el hijo una conciencia de la verdadera identidad de su padre. El amor de este padre cambia las cosas y le devuelven una nueva condición de hijo en la túnica (honor), el anillo (poder) y las sandalias (libertad). Con el becerro gordo que inaugura la fiesta el padre presenta las razones de su alegría: “este hijo mío… estaba muerto y perdido… vuelto a la vida y encontrado”, en una palabra ha vuelto nacer.

HIJOS: Aparece cuatro veces el término hijo.
Hermano Menor: Rompe la paz de la familia – quizás internamente estaba fracturada-  al pedir la herencia  porque no quiere estar más en la casa, quiere ser autónomo. El padre no pone objeción, no pregunta las causas, no cuestiona la libertad del hijo, no busca retenerlo, no lo chantajea sentimentalmente, no lo asusta con los peligros e inseguridades fuera de la casa.  El hijo menor al irse despilfarra sus bienes, vive sin esperanza y es cuando prueba la cercanía de la muerte y la degradación personal. En un primer momento se pone en movimiento, busca superar el hambre por sí mismo y se pone a trabajar cuidando cerdos, este oficio va en contra de su formación (cf. Dt. 14,8), el pagano que lo contrata aparece en sustitución del padre. La situación se va agudizando hasta el punto de querer envidiar la comida de los animales (Cf Lc 15, 16). La bellota que eran comida de los animales y de la gente más pobre “nadie se la daba” esto nos recuerda la parábola de Lázaro que deseaba hartarse de las migajas que caían de la mesa del rico pero nadie se las daba (Cf Lc 16,20-21). El hambre, la insolidaridad y la miseria provocan una toma de conciencia de su mal camino y lo lleva a pensar en la comida y el pan que tienen los trabajadores en la casa de su padre. Toma una decisión radical “me levantaré” y así inicia un camino que lo comienza a levantar del hundimiento y reconoce: “he pecado” (Cf. Ex 9,27; Núm. 22,34; Miq. 7,9, 2ª Sam. 12,13). El tomar conciencia de que faltó a su Padre y a Dios (Cf. Lc.15, 18 y Salmo 51,6).

Hermano Mayor: Trabaja en el campo, siempre fiel al mandato de su padre por tanto su relación es de patrón a siervo. No quiere llamar como hermano a su hermano menor, se refiere a él como: Tu hijo, ese hijo… Tampoco emplea la palabra padre, porque no ha conocido bien quien y como es su padre. El hermano mayor está lejos de la casa, del padre y de la alegría. Cuando le informan que volvió su hermano, su padre mandó a matar el becerro gordo, porque lo ha recobrado sano.  Él se llena de ira, que es contraria a la misericordia del padre, su ira es en contra del padre y su hermano; no puede entender el comportamiento de su padre; su ira y egoísmo lo hacen juzgar y condenar a su hermano, esta actitud nos recuerdan el pleito de José con sus hermanos (Cf. Gen. 37,11). Su padre salió a buscarlo, él va hacia su hijo mayor (el primogénito) y frente al gesto de su padre el hijo mayor se desahoga  e inicia un juicio frente a él y su hermano: “te sirvo sin desobedecer…nunca me has dado un cabrito”.  Se presenta como trabajador obediente, tiene mentalidad de esclavo y asalariado. Como hermano mayor se deslinda del hermano fracasado; no quiere contaminarse de su miseria, incluso llega ampliar las maldades de su hermano para degradarlo ante los ojos de su padre para que entienda que su hijo menor es una basura que merece un castigo no una fiesta. El padre le responde con amor a su primogénito y le habla de una comunión permanente de estar siempre con el: “todo lo mío es tuyo”. El padre invita a este hijo a unirse a la fiesta y así que comparta los sentimientos de solidaridad y cariño. Cada palabra del padre hacia el hijo mayor busca restituir el tejido fraterno entre los hermanos, de ahí que el hermano mayor  entiende que para entrar en la casa hay una sola puerta y es a través de su hermano. El entrar a la casa deberá expresarle a su hermano signos de perdón y reconciliación y alegría llena de esperanza por una nueva vida para su hermano. 

CONSIDERACIONES FINALES

1.      De esta parábola se desprende que para entrar en la casa del padre hemos de pasar por los hermanos menores de la vida.

2.      Cada momento de la vida es para conocer la verdadera identidad de Dios y así revisar nuestras imágenes de Dios.

3.      Es importante tomar conciencia de nuestros distanciamientos  y lejanías contrarias a la voluntad de Dios.

4.      Aprender, que todo pecado es lejanía y ruptura con la gran familia de Dios.

5.     Vernos como hermanos menores en proceso de conversión permanente.

6.     A nivel comunitario hemos de revisar los rasgos ocultos o evidentes que tenemos como el hermano mayor de la parábola.

7.     El perdón es signo de que toda persona vive una experiencia de verse amado por Dios.

8.     Sin perdón es imposible construir una civilización del amor.


lunes, 9 de septiembre de 2013

CORAZON DE PADRE


TEXTO
Lc 15, 11-32 -

Vamos a valernos de la, así llamada, “Parábola del Hijo Pródigo” y mejor conocida en los últimos tiempos como “del Padre Misericordioso” para reflexionar sobre nuestro camino de retorno hacia los brazos amorosos del Padre. Esta es una historia narrada por Jesús a sus oyentes entre los que estaban, además de sus discípulos, los publicanos y pecadores que le seguían y los infaltables fariseos y escribas que murmuraban porque Él acogía a gente de mala fama y comía con ellos.

Al narrar este pasaje, Lucas pretende iluminar la profundidad de la misericordia infinita de Dios, quien no lleva cuenta de los delitos. Recordemos que ésta es una de las tres parábolas de la misericordia del capítulo 15, junto a las de la oveja y la dracma perdidas. Pero, sin duda, es la parábola de este padre y sus dos hijos la que señala de manera indeleble en el creyente el alcance del amor del Padre de Jesús.

Empecemos reconociendo que al hablar de retorno se supone el haberse ido. Este doble movimiento de partida y regreso refleja muy bien nuestra condición de caminantes en esta vida respecto a Dios y la dinámica permanente en que vivimos respecto a Él. Casi diriamos que toda nuestra existencia esta marcada por ese ritmo de partir y volver.

Partir siempre es una opción de cambio: dejar algo, comenzar lo nuevo, incluso renunciar a lo que se está haciendo por emprender un nuevo proyecto. Es ruptura, revaloración, despedida, y también aventura, desafío, iniciativa. Todas estos conceptos se aplican muy bien a este hombre, seguramente joven, el hijo menor de su casa, que un día opta por partir, dejándolo todo: padre y madre, hermano, familia, casa paterna, trabajo, y se va a un país lejano, es decir, abandona la propia tierra con su cultura y costumbres, posiblemente las seguridades de su lengua y religión, para iniciar la aventura de lo novedoso y distinto. Pero, claro, no podía irse con las manos vacías y sin ninguna garantía. Así que pide la parte de la herencia de su padre que le corresponde, de la que se siente dueño, y emprende su aventura.

Desde luego no tenemos nada en contra de la iniciativa, la aventura y el deseo de cambio de este joven. Los jóvenes son así, forma parte de su dinamismo vital salir por ahí a ver la vida y experimentar el mundo. Pero hay varios errores en su decisión que queremos destacar:

1. En primer lugar, su ruptura es radical. No le basta irse a aventurar, sino que además implica en ello lo más preciado que tiene un ser humano, sus afectos y sus raíces. Rompe con todo, no quiere un paréntesis, unas vacaciones. No. Él quiere cambiar radicalmente sus valores y lazos. Ustedes saben que en el Israel de aquellos tiempos, donde seguramente podemos ubicar esta historia, pedir la herencia al padre era sinónimo de desearle la muerte, porque la herencia sólo se recibía tras la muerte del padre. Esta petición denota el deseo de ruptura total del hijo menor, comenzando por los afectos. Sobra decir lo que significaba para un israelita, y podriamos afirmar que para cualquier hombre, la figura del padre. El papá era el vínculo indispensable de cada hombre con la familia, con la tierra, con el origen mismo de su ser; era en últimas la voz de Yahvé en casa. La actitud de este muchacho, en la cultura semita que se ubica, tiene tintes de apostasía: quien rechaza a su padre, rechaza al Dios de su padre, que a su vez había recibido la fe de su propio padre y éste de su padre, etc. Luego, era romper el lazo mismo de protección divina que venía de generación en generación y abominar la alianza con Dios.  

2. En segundo lugar, dejar la propia tierra es dejar las raíces; esto para un israelita es desconocer la salvación de Dios a su pueblo, porque la tierra es un don de Dios. Fue Él quien saco a Israel de la esclavitud y le entregó la Tierra de la Promesa, haciendo de este pueblo en esta tierra el objeto de su predilección. Es un lazo inquebrantable, so pena de quedarse sin tierra, sin promesa y sin Dios.

3. En tercer lugar, el evangelista recuerda que el joven parte para un país lejano, es decir, donde todo es distinto, donde no hay ley ni profetas ni templo ni sábado para respetar. Quebranta con ello la sacralidad de su hogar, traiciona los valores de su familia y de su comunidad. Ya sabemos todo lo que dice el Antiguo Testamento acerca de esto. Es entregarse en poder de las fuerzas del mal, es dejarse llevar por los dioses foráneos, dioses de perdición.
           
En Israel ningún hombre normal podría llegar a tanta apostasía y seguir viviendo. Este joven opta por la muerte y la perdición definitivas. Voluntariamente sale del círculo amoroso de Yavhé Dios, abandona sus manos y su voz, deja su casa y su protección, representado todo ello por la figura del padre, para entregarse a la nada, al caos. Opta por ser un muerto viviente.

Aunque el pasaje evangélico no lo menciona, se puede suponer con facilidad el inmenso dolor de este padre y de su familia: este hijo le ha deseado la muerte, ha roto su relación de obediencia con Dios y con la historia de salvación de su pueblo, se ha entregado en manos del mal; en una palabra: ha desechado su amor. Y, sin embargo, el padre no se opone, le deja actuar con libertad. El amor jamás es obligación, jamás esclaviza, jamás amarra. Él sabe que le está perdiendo, que quizá nunca le recuperará, pero le deja. La vida misma se encargará de hacerle ver claro. ¡Ojalá no sea demasiado tarde!

Y aquél se va y se hunde hasta el fondo en el caos que deseaba experimentar, pierde su identidad como hijo de su padre y de su pueblo. Desaparecen su historia personal, sus lazos familiares, su credo, su ley y opta por entregarse a su instinto: comida, bebida, sexo, placer. Esa despersonalización le lleva a una paulatina animalización de su ser personal. Con el dinero malgastado se le malgasta también la vida y lo esencial de su existencia, deja de ser hijo, de pertenecer a una familia y a una historia. Es un don nadie, se le puede asimilar sin dificultad a un ser sin alma, a un cerdo, por ejemplo. Y es justo allí donde le ubica ahora la parábola: en el fondo de un abismo negro y tenebroso, asimilado al más despreciable de los animales para la cultura semita, al cerdo. Y desea alimentarse de los desperdicios de comida de los cerdos porque no tiene nada más. Pero ni siquiera a ese nivel llega: “nadie se los daba”.

Y es precisamente allí, en el fondo sin fondo de la nada, en la oscuridad total de su ser personal, donde este hombre-cerdo, en la soledad más absoluta de su fracaso, descubre que en él hay algo más que un perdedor: “Y entrando en sí mismo ...” se da cuenta que aún tiene un padre. El mismo que le dejó irse libremente, quien le entrego su parte de hacienda, quien lo despidió en silencio. Ese padre está en alguna parte recóndita de su ser y él sabe que allí permanecerá, que es lo único firme y duradero que tiene en la vida, que ahora que ha mandado todo por la borda, que esta desnudo como cuando nació, solamente él podrá devolverle su identidad personal, su historia, su familia y su Dios.

Es la luz al final del horrendo túnel, que ilumina todo el misterio de su propia vida, que le hace ver claro la inmensidad de su fracaso, lo escandaloso de su acción, la falsedad de su “proyecto de libertad”; es la mano tendida cuando ya el fango de las arenas movedizas de su vida destrozada se lo tragaba. Y entoces surge espontánea la decisión más importante de su vida: “Me levantaré, iré a mi padre y le diré...”. Ponerse en camino, dejar atrás la nada, avanzar hacia el calor de su hogar. Es el amor el que lo atrae, son los brazos seguros de su padre los que le reclaman la vida y así, cada paso, cada segundo que pasa es una historia nueva, es volver a nacer, es darse la oportunidad de vivir a pesar de su opción de muerte.

El camino de retorno es un largo camino, un camino lleno de temores y dudas. Al principio, preparará un certero discurso, alegará ante su padre su inexperiencia, su falta de visión, su estupidez, sus dudas de joven, su deseo de aventurar y correr la vida. Pero en el fondo él sabe que todo ello es disculpa, que son vanos los discursos, que es inútil tanta justificación. Su decisión fue personal y libre. Bien merecida tiene la vaciedad, la humillación y la derrota que ahora está sorbiendo como hiel. Por eso está dispuesto a trabajar como jornalero, quiere pagar sus culpas, con tal que le dejen estar allí para saciar su hambre, un hambre que no es sólo física, es hambre de padre y madre, es hambre de familia, de nombre, de historia, de afecto, de pueblo, de raza. Desea sentirse persona, no quiere ser más un cerdo, un don nadie. Le puede más la voz que le llama desde su ser interior que los miedos y dudas que tiene. Hay algo al final de ese túnel que le muestra seguridad, que le hace presentir que no todo está terminado, que lo incita a la aventura de volver, a desandar lo mal andado y a retomar su vida de hijo, sin importarle ya el qué dirán y los reproches.

¡Qué camino ese! ¡Cuánta profundidad y cuánta angustia, cuánto temor y cuánta esperanza, cuánta duda! Y una sola certeza: el amor de su padre. Aunque prepare discurso y afine razones para justificarse, el hijo pródigo sabe que su sola justificación es el amor inmenso de su padre, que ante ese amor no caben razones porque el corazón tiene razones que la razón no entiende.

¿Y el padre?  Él ha recorrido su propio camino, el de la esperanza, el de seguir siendo amor y certeza, el de no flaquear en su opción por la libertad de sus hijos. Un amor hecho espera continua, un amor de balcones y lejanías, de amaneceres solitarios y atardeceres prometedores, hasta poder superar la duda con la esperanza y ésta con la certeza de una presencia: el andrajoso que se divisa lejos, descalzo y casi desnudo, sucio y sin figura que pueda estimarse recuerda una silueta familiar, se asemeja a la esperanza de todos los días y la visión se va haciendo realidad, se acerca por el camino, lentamente, cansado y agobiado, extenuado de dolor y de hambre de padre. ¡Ese pobre hombre es el hijo, el amado, el esperado, el nunca olvidado, el objeto inmediato del amor! Y se conmovió y dejó el balcón de todos los días, y corrió, y abrazó y besó, y besó y abrazó. 

Y entonces el padre se vuelve seno, acogida, misericordia, padre y madre a la vez, para presenciar el nuevo parto del muerto recién vuelto a la vida, del perdido que ha sido hallado. Y sobran, ya se sabía, las explicaciones y justificaciones, los discursos se vuelven lágrimas y el arrepentimiento se convierte en alegría y fiesta y danza: ¡lo hemos recobrado, ha vuelto a la vida! Y el hambre y la sed de todo se vuelve hartura de todo: anillo, sandalias, vestido limpio, comida de casa, amor de familia. Ahora está aquí más que nunca, como si nunca se hubiera ido, porque ahora forma parte de la misma historia del padre, ya no por simple coincidencia de sangre sino por opción libre. El amor le ha traído, le ha recobrado malherido y doliente pero entero, más hombre que nunca, más hijo que antes, más libre que en el país lejano. ¡Qué misterios los del amor de padre: del abismo del sinsentido, del fango maloliente de los cerdos, al regocijo inacabable del hogar, al calor eterno del regazo del padre-madre, sin juicios, sin cuentas pendientes, sin discursos, sin amenazas ni castigos!

¡Cuánta misericordia cabe en un corazón de padre! ¡Cómo se refleja en él el amor infinito de Dios hacia sus hijos! ¡Cuánta bondad, olvido de sí, perdón de las ofensas recibidas, compasión, afecto entrañable y ternura hacen falta para que un corazón pueda ser llamado “corazón de padre”! Ese abrazo del padre feliz a su hijo maltrecho que regresa al hogar es la expresión más sublime del amor y representa todos los abrazos y ternuras que un ser humano puede recibir de su Padre.

Deciamos que partir es una opción de cambio. Y entonces regresar, ¿qué es? Es cambiar definitivamente, es optar por la libertad de reconocer los propios errores. Quien parte tiene una visión parcial de su camino, quien regresa lo ha visto ya desde los dos ángulos. Quien regresa hace síntesis, evalúa su andadura, recompone sus pasos. Sabe lo que hay de ida y de venida. Puede comparar lo que deja con lo que encuentra: “¿Para dónde vas peregrino, que dejas tu casa?”. “Voy a casa, necesito irme para sentir que me hace falta”.

Nosotros vivimos partiendo y regresando. Este ritmo se ha hecho habitual en nuestras vidas. Pero siempre parecen partidas parciales, efimeras, momentáneas. Y también los regresos son así, porque cuando nos vamos estamos ya pensando en volver; y al regresar quisiéramos volver a marchar. Así se fue madurando la decisión del joven pródigo: fue la sumatoria de todos los pequeños irse y regresar, que lo iban preparando a la ruptura total. Hasta que no pudo más. Ahora su partida era definitiva, él no tenía ninguna intención de volver, “lo reunió todo y se marchó a un país lejano”, fue ruptura radical, desde el fondo de su ser. Era el resultado de sus descontentos, de las incomprensiones, de sentirse marginado y sin futuro, de la cara larga de su hermano, del poco dinero en sus bolsillos para farras y jaleos. En su obsesión de libertad, no se sentía amado y por buscar el amor, abandono al Amor. No logró entender que desde su misma vida podía enrumbarse de una manera diversa, que en cambio si se desprendía de esa manera tan drástica, se estaba cortando al mismo tiempo la fuente de su aire y de su vida. No logró comprender que no era posible vivir lejos del amor, que los “amores pasajeros” y los placeres que le podía brindar su dinero, eran eso, momentos, ilusiones, fantasía, fuegos artificales de una noche, que como venían se irían cuando la bolsa se agotara.

Pero los seres humanos somos así: Me empeño en agradar, en tener éxito, en ser reconocido. Cuando fracaso, siento celos y resentimiento hacia los demás. Me vuelvo suspicaz, me pongo a la defensiva y siento pánico al pensar que no conseguiré lo que quiero o que puedo perder lo que tengo. Atrapado en esta jungla de deseos y necesidades no satisfechas, me aislo y fabrico en mi mente todo un mundo paralelo en el que yo seré el rey y todos se sujetarán a mi voluntad. Allí nace el deseo de independencia y de ruptura: quiero acabar con todo lo que signifique superioridad de otros hacia mí: Dios, padres y jefes y toda clase de autoridad, incluso moral, que me pueda “oprimir mi autodeterminación y libertad”. Por eso opto por irme y dejar atrás todo lo que hasta ahora era mi mundo. Es un quebrantamiento definitivo con esa realidad. Así en cuanto más me alejo de casa menos siento la voz que me invita a volver.

Pero por ello mismo, cuando el hijo menor, desde el fondo mismo de su ser, escucha tenuemente esa voz en su soledad y angustia, en la caótica situación de su vida, no puede menos que asirse a ella para intentar recuperar todo lo perdido. Esa voz interior es todo lo que le queda de humanidad. Y así como fue definitiva su partida, su decisión de regresar también es definitiva. La enorme distancia de su padre lo acercó al amor. Bajando hasta el fondo del abismo, viviendo su abyección de hombre, comprendió dónde estaba la libertad, el verdedero placer, el gozo interior, se descubrió persona y, por tanto, más allá de incomprensiones y descontentos, se sintió necesitado de lo suyo, de su entorno humano e histórico. Quiso regresar para no volverse a ir. Su discernimiento se basó en el dolor, en la experiencia sofocante de la soledad y el abandono. Y allí, en su soledad, consigo mismo, distinguió el rostro amoroso de su padre y decidió abandonarse al amor, sin coacciones ni dudas, en plena libertad, comparando la nada de su ser con el todo inconmesurable del amor. ¿Por qué renunciar al amor, cuando se me da gratuito, genuino, íntegro, cuando me plenifica y madura, cuando me hace descubrir al hombre e hijo que soy?

Su hermano mayor no hizo fiesta, no se unió a su padre en el jolgorio, no sollozó de alegría, no se conmovió cuando vió lo que quedaba de su hermano. Él también se había ido, hacía tiempo, quizá antes que el hijo menor. Se había ido sin maletas, sin partir de casa. Se había ido desde dentro, se había apartado del amor del padre y del hermano, ocupado como vivía en mil tareas, cuidando las cercas de su casa, enfracasdo en el descontento de vivir. Por eso el regreso del hermano le sorprende negativamente y con desprecio busca justificaciones a su desamor. El otro era el malo, el merecedor de castigo; él era bueno, siempre había estado aquí. Sí, con resentimiento, alejándose cada vez más del seno del padre, construyéndose su propio país lejano, con un corazón fariseo que le había secado el amor. Sigue la lógica del premio-castigo, desconoce la gratuidad, la bondad que nace de la ausencia, del perdón permanente y sin condiciones. Es demasido perfecto para comprender el arrepentimiemto de los imperfectos. Está demasiado ocupado en calcular lo que él se merece por su fidelidad como para imaginar que el amor no tiene precio, que cancela todas las deudas y que la fiesta es la consecuencia lógica del perdón y del abrazo.

¡Qué difícil es entender al otro en su limitaciones y errores cuando nos creemos perfectos, cuando consideramos que el amor es parte de la paga, que no cabe el perdón para quien se equivoca de raiz, que somos mejores porque cumplimos las reglas establecidas, que el camino de la vida es una ida permanente sin retorno!

Los brazos amorosos del Padre-Madre de Jesús, en cambio, nos hablan de perdón sin límites, de bondad permanente, de una misericordia tan grande que no alcanzamos a comprenderla. Que en la aventura de la vida, nuestra tenue existencia busque esos brazos por las mil encrucijadas y caminos que tenemos delante a nuestros ojos. La luz, al final del túnel, nos guiará hasta ellos.

domingo, 12 de septiembre de 2010

UN PADRE TENIA DOS HIJOS

TEXTO LUCAS 15,1-32

REFLEXIONLas 3 parábolas de Jesús van dirigidas a dos grupos de personas: publicanos y pecadores (hijo menor) fariseos y escribas (hijo mayor). Las parábolas están justo a la mitad del viaje de Jesús a Jerusalén.

Las tres parábolas tienen unos verbos concretos que invitan a la reflexión: tener, perder, encontrar, alegría. ¿En que invitan a reflexionar? Permítanme: que tienes o has logrado en tu vida? ¿Qué debes perder para encontrar? ¿Existe alegría en tu vida y que la motiva?

La casa (imagen muy sugerente) es el lugar donde convergen las tres parábolas: el pastor lleva a la oveja a la casa, la mujer que pierde la moneda y la encuentra en la casa, el hijo menor regresa a la casa. Por tanto la casa es la comunidad. La comunidad como una casa es lugar de cuidado y preocupación como el pastor, la comunidad es donde busca lo que no se encuentra afuera como la mujer, la comunidad es lugar de hospitalidad y perdón como el padre que espera todas las tardes.
Permítanme centrarme un poco más en la parábola del hijo que vuelve a casa sobre todo en la actitud del padre, no tengo tanto tiempo para que reflexionemos del hijo que no entra en la casa. El ambiente de la parábola es de amores, desamores, tierras extrañas, calor de hogar, nostalgias del padre, fragilidad y dolor, de banquete y fiesta.

Esta parábola del hijo que regresa nos recuerda que el perdón abre puertas, abre el corazón a los perdidos. Dios perdona abrazando besando, no con largas reprimendas humillantes ni con clásico YO TE LO DIJE.

LOS PERSONAJES:
El PADRE: El hijo menor lo llama dos veces mi padre, el mayor nunca utiliza la palabra padre.
EL HIJO: El padre utiliza el termino hijo dos veces para cada uno de ellos.
EL HERMANO: El hermano mayor nunca llama al menor hermano, utiliza frases despectivas: ese hijo tuyo. Nunca dirá padre ni hermano.


HIJO MENOR
1.Rompe la paz familiar.
2.Al pedir la herencia desprecia a su padre.
3.Se va porque le da la gana.
4.Despilfarra sus bienes, se degrada y conoce la cercanía de la muerte
5.En su arrepentimiento provocado por el hambre y no por el remordimiento, busca pasar de hijo a siervo o esclavo. La conversión del hijo menor es mezquina porque lo que busca es sobrevivir ¡así somos nosotros! Aun así brota de las entrañas de este hijo un grito de dolor: he pecado… Con esta frase nos recuerda que el pecado es fractura a la comunidad, es ofensa a los hermanos (as) y es quiebre de la norma. El hijo menor se puso en camino cuya meta es llegar al padre, a casa.


HIJO MAYOR
1.Trabaja en el campo.
2.Siempre es fiel.
3.No se relaciona de padre a hijo sino de patrón a siervo.
4.Vive distanciado del padre y de su hermano.
5.Nunca puede entender el comportamiento (loco y absurdo) de su padre
6.Es el bueno que condena a los malos

Punto común de los hermanos: ninguno de los dos sabe quién y cómo es su padre.
Punto común del padre para sus dos hijos: No retiene, ni chantajea sus hijos; uno para que se quede, el otro para que entre. Al padre no le asusta el peligro que pueda pasar el menor y respeta la libertad del mayor.

Cuando el hijo se va crea lejanía y distancia, pero el Padre es capaz de verlo, porque es un hombre que acerca lejanías con sus ojos. ¿Qué fue lo vio el padre? Un hijo débil, andrajoso, derrotado y sucio.

El texto dice que “cuando lo vio se enterneció sus entrañas (rajamim) y lo abrazo y lo cubrió de besos”. Las entrañas paternas de Dios no miden la calidad moral de los hijos (as), lo importante es que vuelva a casa, no importa lo que pase, no hay más remedio que perdonar.

Lo cubrió de besos ¿Qué significa esto? En el beso participa el aliento y el aire signos del espíritu de vida, en el beso el padre comunica e intercambia vida. En el beso el padre da y recibe, acoge y es acogido.

Cuando el hijo menor comienza su confesión y palabras, el padre solo ha hablado con los pies, los brazos, los labios y sus besos. No hay palabras en la boca del padre. Y esto tuvo que haber desconcertado al hijo menor y así descubre quien es su padre, muy distinto de lo que había pensado. El padre no lo deja concluir la parte donde él pide ser tratado como un esclavo o siervo.

El amor del padre le devuelve la dignidad perdida, bastan 4 signos para que el hijo sea otra vez restituido: Túnica (honor), anillo (poder), sandalias (libertad) y una fiesta. El hijo menor tiene un final feliz, el hijo mayor ¿entraría?

En rigor: En el amor de Dios nada se puede dar definitivamente por perdido, siempre hay posibilidad de la alegría. Con esta parábola hemos de aprender a borrar el ídolo de un dios severo con corazón de hierro, porque nos perderíamos como se pierde la oveja y la moneda. Dios no es distante y frío, es un PADRE NUESTRO que espera noche y día a que regresemos a casa, pero…pero, para entrar en la casa del padre solo hay una puerta EL HERMANO, y para ello necesitamos tomar conciencia de somos menores en proceso de conversión permanente y revisemos en lo personal y comunitario los rasgos de hermano mayor que tenemos ocultos o evidentes. AMEN

viernes, 3 de septiembre de 2010

Quien no se separe de todos sus bienes no puede ser discípulo mío

Autor: Lourdes C. Ramirez - Equipo Biblíco.

TEXTO.
Lc 14,25-33
25. Gentes numerosas marchaban con él. Dirigiéndose entonces les dijo: 26.Si alguien viene a mí y no odia a su padre, a su madre, a su esposa, a sus hijos, a sus hermanos y a sus hermanas, y por añadidura a su propia persona no puede ser mi discípulo. 27. Todo el que no lleva su propia cruz, y no viene detrás de mí, no puede ser discípulo mío. 28. Porque ¿Quién de vosotros, queriendo construir una torre, sentándose primero, no calcula el gasto para saber si hay con que llevar a cabo su empresa? 29. No sea que, habiendo puesto los fundamentos, no tenga medios de acabar la obra, y todos los que lo observan comienzan a burlarse de él, 30 diciendo: “Ese es el hombre que comenzó a construir y que no tuvo los medios para acabar la obra”. 31. ¿O que rey, marchando contra otro rey para emprender la guerra con él, sentándose primero, no deliberará para saber, si es capaz con diez mil hombres ir al encuentro de aquel que avanza contra mi con veinte mil hombres?. 32. Si no, mientras esta todavía a distancia, le envía una embajada y le pide las condiciones de paz. 33. Así pues, cada uno de vosotros que no se separe de todos sus bienes no puede ser discípulo mío.


REFLEXION

Lucas traza la imagen de Jesús como la de un hombre de Dios, sabio, profeta, lo menciona siempre en una actividad itinerante, viene de una marcha común o de un banquete y siempre en su andar mantiene sus enseñanzas, las cuales las menciona unas veces chocante otras veces intrigantes, de amor o de odio. En su llamada del “sígueme” no tiene vacilaciones, compromete a sus oyentes a tomarse el tiempo necesario para reflexionar.

El texto se divide en seis partes, que pone en evidencia tres enseñanzas enmarcada en una evocación de una situación y por ultimo una exhortación que no se menciona en este evangelio. Se observa aquí la huella lucana, la marcha de la gente, la actitud de Jesús, recuerda el viaje a Jerusalén. En que no solo es necesario venir a mí sino que también es necesario marchar conmigo y rompe con el pasado, no es posible tener el corazón dividido, estar detrás y delante a la vez. No se puede servir a dos amos a la vez, por lo que el discípulo tiene que saber escoger o saber elegir y para saber elegir hay que saber renunciar y sobre todo saber separarse.

Así como las sentencias sobre el odio y la cruz, están construida sobre la subordinada hipotética de que no pueden ser discípulos míos, sugieren una preocupación progresiva que a pesar de ser distintos, en el v. 33 los agrupa y acaban de la misma manera.

El verbo “odiar” choca y desconcierta en el texto, pero refleja un término semítico y las lenguas semíticas se expresan en contraste con lo que nuestras lenguas dicen en sentido comparativo de preferencias, además en el termino en griego significa (afeken) “dejar”. Por lo tanto Jesús no propone condenar o abandonar a la familia, para favorecer el desarrollo personal. El evangelio no habla de “hacerse discípulo” ya que el termino sugeriría que eso depende de nosotros, el termino es “ser discípulo” lo que quiere decir ser aceptado por el Maestro. Para lo cual hay que estar aquí y no en otro sitio, atento y no distraído, dispuesto a aprender no solo la sabiduría humana sino la divina. Para que la adhesión y su comunión sean verdaderas y duraderas, hay que añadir como complemento ineludible la separación de lo que mas llevamos en el corazón, por lo tanto aquí el odio no es un sentimiento sino un acto. Así que cuando se haya realizado la ruptura se permitirá el amor incondicional al prójimo, ya que entre los parientes de Cristo y criaturas de Dios no existen los sistemas cerrados, de familias.

domingo, 9 de mayo de 2010

ME VOY Y VOLVERÉ A USTEDES

«El que me ama será fiel a mi palabra, y mi Padre lo amará; iremos a él y habitaremos en él.
24 El que no me ama no es fiel a mis palabras. La palabra que ustedes oyeron no es mía, sino del Padre que me envió. 25 Yo les digo estas cosas mientras permanezco con ustedes. 26 Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho. 27 Les dejo la paz, les doy mi paz, pero no como la da el mundo. ¡No se inquieten ni teman! 28 Me han oído decir: “Me voy y volveré a ustedes”. Si me amaran, se alegrarían de que vuelva junto al Padre, porque el Padre es más grande que yo. 29 Les he dicho esto antes que suceda, para que cuando se cumpla, ustedes crean.


REFLEXION GENERAL

La transformación que Jesús propone no se hace por imposición, no puede haber cambios si los seres humanos no cambiamos, y ese cambio o conversión solo se logra a través del amor. La presencia de Dios no será en tiendas, ni en el templo; será en todo aquel hombre o mujer que ha decidido cambiar su vida por la palabra escuchada que procede del Hijo de Dios. Cada hombre y mujer serán morada de Dios.

Por otra parte, Jesús insiste que su mensaje es del Padre, su palabra: abre a los ojos, invita a nuevo éxodo, el hombre descubre su dignidad, liberar de ideología opresora a la existencia del ser humano.

Más adelante Jesús recuerda su despedida, que no es precisamente a través de la muerte, sino que es venciendo a la muerte. En su despedida promete el Espíritu Santo que les ayudara a profundizar en todas las palabra que él les ha dicho. Este mismo Espíritu que procede de Dios y del Hijo, es santificador y les consagra para ser luz de la vida. Pero el Espíritu tiene una característica muy peculiar, no habla de sí mismo, sino que hace recordar y comprender lo que Jesús ha enseñado, una palabra es continuador de las palabras del Hijo.

Dios no es opositor del hombre ni de la mujer. Dios no reclama la vida como sacrificio, no disminuye al hombre, sino que lo dignifica a la condición de Hijo. Mientras que el hombre se dignifica como Hijo de Dios a través de Jesús, afirma la paternidad amorosa y misericordiosa de Dios.

jueves, 11 de marzo de 2010

HIJO, TÚ SIEMPRE ESTÁS CONMIGO, Y TODO LO MÍO ES TUYO

TEXTO
Lc 15, 1-3; 11-32
1 Todos los publicanos y los pecadores se acercaban a él para oírle, 2 y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: «Este acoge a los pecadores y come con ellos.» 3 Entonces les dijo esta parábola.

11 Dijo: «Un hombre tenía dos hijos; 12 y el menor de ellos dijo al padre: “Padre, dame la parte de la hacienda que me corresponde.” Y él les repartió la hacienda.
13 Pocos días después el hijo menor lo reunió todo y se marchó a un país lejano donde malgastó su hacienda viviendo como un libertino. 14 «Cuando hubo gastado todo, sobrevino un hambre extrema en aquel país, y comenzó a pasar necesidad. 15 Entonces, fue y se ajustó con uno de los ciudadanos de aquel país, que le envió a sus fincas a apacentar puercos. 16 Y deseaba llenar su vientre con las algarrobas que comían los puercos, pero nadie se las daba. 17 Y entrando en sí mismo, dijo: “¡Cuántos jornaleros de mi padre tienen pan en abundancia, mientras que yo aquí me muero de hambre! 18 Me levantaré, iré a mi padre y le diré: Padre, pequé contra el cielo y ante ti. 19 Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros.”

20 Y, levantándose, partió hacia su padre. «Estando él todavía lejos, le vió su padre y, conmovido, corrió, se echó a su cuello y le besó efusivamente. 21 El hijo le dijo: “Padre, pequé contra el cielo y ante ti; ya no merezco ser llamado hijo tuyo.”

22 Pero el padre dijo a sus siervos: “Traed aprisa el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en su mano y unas sandalias en los pies. 23 Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, 24 porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida; estaba perdido y ha sido hallado.” Y comenzaron la fiesta.

25 «Su hijo mayor estaba en el campo y, al volver, cuando se acercó a la casa, oyó la música y las danzas; 26 y llamando a uno de los criados, le preguntó qué era aquello. 27 El le dijo: “Ha vuelto tu hermano y tu padre ha matado el novillo cebado, porque le ha recobrado sano.” 28 El se irritó y no quería entrar. Salió su padre, y le suplicaba. 29 Pero él replicó a su padre: “Hace tantos años que te sirvo, y jamás dejé de cumplir una orden tuya, pero nunca me has dado un cabrito para tener una fiesta con mis amigos; 30 y ¡ahora que ha venido ese hijo tuyo, que ha devorado tu hacienda con prostitutas, has matado para él el novillo cebado!” 31 «Pero él le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo; 32 pero convenía celebrar una fiesta y alegrarse, porque este hermano tuyo estaba muerto, y ha vuelto a la vida; estaba perdido, y ha sido hallado.”»


REFLEXION
Previamente.

La manera de comunicarse Jesús con la personas es directa y libre y lo hace a través de las parábolas. Con ellas busca la posibilidad de hablar de Dios y algo acerca de Dios. Con las parábolas dejan de manifiesto cual era la concepción de Dios que tenía Jesús al hablar.

Las parábolas parten de la experiencia de la vida humana revelando así de Dios como al mismo tiempo esconde algo de su misterio. El lenguaje de las parábolas es para suscitar la reflexión, estimular el pensamiento e ir más allá de lo sugerido, de esta manera Jesús ayuda a vivir y ver las cosas de otra manera, ofreciendo y exigiendo un camino de fe.

A través de las parábolas se ponen al descubierto las incoherencias de pensar y actuar y ofrecen un camino de cambios y posibilidades de esperanza. En las parábolas Jesús se presenta no solo como maestro (rabi) sino también como revelador del Padre, por eso este género evangélico son el punto de llegada del Reino de Dios. La razón de estas parábolas es que buscan responder a preguntas de los discípulos e interlocutores; cuando son asumidas por las comunidades se aplican según las necesidades de catequesis de ahí que el evangelista las redacta y adapta a las perspectivas teológica – pastoral.

Las narraciones de las parábolas tienen como causas centrales: OBJETOS (perlas, tesoros), COSAS (ovejas..) personas (hijo perdido, servidor fiel…) y todas ellas con el movimiento de PERDER - ENCONTRAR Y ALEGRIA.

El capítulo de Lc 15 es la página más bella y profunda de las parábolas de Jesús y de manera especial la del hijo prodigo llamada así tradicionalmente ya que esta parábola ha recibido otros nombres como por ejemplo: el hijo perdido, los dos hijos perdidos, los dos hermanos, el padre prodigo, un padre con corazón de oro, etc… Se nos haría muy larga la reflexión, solo daré alguna pinceladas de reflexión que ayuden a profundizar en el tiempo de la cuaresma.

Es una parábola de amores y desamores, idas y vueltas, de tierras extrañas y calor de hogar, nostalgia del Padre. Esta parábola toca la llaga del problema de la fraternidad, de la misericordia. Dios perdona corriendo, abrazando y besando, no con las reprimendas humillantes, ni con la trillada afirmación yo te lo dije tu no me hiciste caso… El perdón y la vida nueva del que regresa es motivo de alegría compartida.

¿A quiénes representan los personajes?
1. Padre ------------------------- Dios y Jesús.
2. Hijo menor------------------- Publicanos y Pecadores.
3. Hijo Mayor------------------ Fariseos y Escribas.

Padre.
1. El hijo menor lo llama dos veces Padre, en cambio el hijo mayor nunca lo llama Padre.
2. El Padre es de corazón paterno y desgarrado por la partida del hijo menor. Vive esperando y explota de alegría cuando vuelve el hijo menor. Hace fiesta.


El protagonista es el padre de familia, la narración se configura a su alrededor; los hijos son secundarios. La parábola se desarrolla en dos actos, que presentan dos respuestas diferentes de parte de los personajes: a) padre/ hijo menos y b) padre/ hijo mayor.

Esquematizado quedaría de la manera siguiente:

Primera parte: narra la historia del menor en tres tiempos, en el que presenta la partida y el regreso.
a. decisión de irse de la casa paterna: 15,11-13
b. experiencia dolorosa, reflexión y regreso:: 15,13b-20
c. la acogida alegre y misericordiosa del padre: 15,20b-24

Segunda parte: narra la historia del hijo mayor en dos tiempos:
a. el regreso a casa del hijo mayor: 15,25-27
b. reacción agresiva ante los hechos y respuesta del padre: 15,28-32

Perdonen que no pueda darles tal cual como lo presento en el esquema, repito se haría muy larga la reflexión.

PRIMERA PARTE
Los versículo 12-13ª presentan la decisión del hijo menor al solicitar su herencia que es el cambio de su condición de hijo y así iniciar su camino de manera sola e individual. El padre no pide explicación por la decisión y procede a dividir los bienes y en calidad de propietario actúa según la norma de Dt 21, 17, de esta manera el padre reafirma su respeto por la decisión del hijo menor. El hijo se marcha aun país lejano es una auto exclusión de la vida familiar. En una palabra el hijo se aleja del padre. El padre, al pequeño lo deja ir, al mayor no lo obliga a entrar, da libertad a ambos porque es responsabilidad de cada uno.

La experiencia del alejamiento (vvs 13-14) se ve evidenciada cuando la situación inicial no es la misma: perdida de los bienes, carestía de aquella zona son la primera derrota del hijo y el sufrimiento de las consecuencias. El modo de vivir del hijo menor (viviendo disolutamente, despilfarrando...) señalan lo catastrófico de la situación al perder sus propios bienes que eran la fuente de su vida. La falta del el hijo menor está en haberse alejado, malgastado lo recibido y haber destruido su identidad desfigurando su esencia de hijo. La situación de hambre (cf v 14) modifica el estilo de vida del hijo menor, acentuándose así la destrucción de su dignidad de hijo. A partir de la situación (v17), el hijo menor comienza a tomar conciencia (primer paso de conversión) de lo que había dejado y perdido y comienza a reconocer su situación presente. El mirarse así mismo es el comienzo de una conversión que nace de la iniciativa personal del hijo de volver a la casa de su padre cuyos recuerdos son estímulos para regresar. El hijo toma la decisión de volver a la casa (v18), y así el sentido de pertenencia está volviendo al corazón y vida del hijo menor por eso debe regresar. El regreso está motivado por aquellas palabras que el hijo dirá a su padre y que le brindan la confianza de que será recibido en la casa, pero también las palabras que dirá el hijo a su padre indican el camino interior de conversión y de la toma de conciencia de su pecado vivido en el pasado. Es el camino de la conversión el que va iniciando él.

El padre toma la iniciativa (v20), ve al hijo desde lejos, lo reconoce, lo ve como un deshecho humano, derrotado,... que viene de vuelta. El hijo menor no conocía la mirada profunda de su padre, ni se imagina que lo estaba esperando. El saberlo llena su corazón de gozo y alegría, pues le ayuda a descubrir que su padre nunca dejó de amarlo. El amor por su hijo persiste, se compadece profundamente y se anticipa a la declaración de arrepentimiento de su hijo. El padre no solo se compadece, sino que se llena de alegría y amor, motivo por el cual corre hacia él, su gesto es de extrema alegría que no se contiene en el amor y que corre a desplomarse sobre el cuello del hijo pródigo. Con esa actitud sorprende al propio hijo y le impide cualquier iniciativa. Sin mediar palabra lo perdona. No hay reproches ni pide cuentas, ni pone condiciones, sencillamente lo acoge. Olvida el pasado y devuelve la dignidad a su hijo, lo cubre de besos y lo reintegra al seno del hogar.


SEGUNDA PARTE
En ambos hijos trabajan en el campo, uno cuidando cerdos, el otro supervisando a los asalariados. Al final hay un fuerte contraste en la actuación de los dos hijos. El menor,, que se había ido lejos, recapacitó y regresó a casa. El mayor, que estaba cerca, se enfadó y no quería entrar, reclamando a su padre su comportamiento. Ambos hijos no viven la condición de hijos y mantienen una relación anti-fraterna entre sí y con el padre. En la casa se celebra la alegría de la comunión, la cual parece ser celebrada por el primero menos con el hermano pues éste, el segundo no comulga ni con el hermano, ni con el padre, ni con los que festejan. Los amigos del mayor no están ahí, están fuera de la casa. La actitud obstinada del hijo mayor se enfrenta a la decisión del padre, surgiendo así dos voluntades contra puestas: la del hijo mayor en no entrar y la del padre en invitarlo a participar. El hijo mayor le echa en cara la mezquindad del padre dejando entrever que su vida está más vinculada a sus amigos que con su padre ya que no ha experimentado la comunión de la alegría con su padre por tal razón no siente que tiene otro hermano y por usa un lenguaje vulgar que rebaja la dignidad de su hermano menor. El versículo 30 marca el punto culminante del reproche del hijo mayor hacia su padre ya que su empeño es comprar, juzgar, acusar y justificarse.

La reacción del padre hacia el hijo mayor están marcadas por misericordia y la bondad que buscan dar razón de su actuación por el hijo menor. La actitud que el padre tiene por cada hijo no ha cambiado. El padre busca dejar claro que el hijo mayor será el heredero todo sus bienes, pero al mismo tiempo se deja ver una clara tristeza del padre porque el corazón del hijo mayor no ha experimentado la confianza como hijo.

En conclusión Ambos hijos deben aprender que significa ser hijo y aprender estar en comunión con el padre. Y en esta parábola Jesús quiere infundir la idea de la multiforme cercanía de Dios al hombre y que debe ser motivo de alegría y gozo

viernes, 17 de abril de 2009

HEMOS VISTO AL SEÑOR

TEXTO: Jn. 20,19-31

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros." 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

21 Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." 25 Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré."

26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros."

27 Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente."

28 Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío." 29 Dícele Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído."

30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

REFLEXION

19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros." 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

El atardecer establece que ya está terminando una situación y está a punto de comenzar otra. El evangelista es muy detallista al indicar que los discípulos tenían miedo, por eso que el miedo es expresado en tener las puertas cerradas. El miedo es la negación de salir al encuentro de Dios, es algo parecido lo que le sucedió Adán, que se esconde al escuchar los pasos de Dios (Gn 3,8-10: 8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. 9 Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" 10 Este contestó: "Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.")

El miedo es inseguridad en la comunidad discipular, que dicho sea de paso, el termino discípulo indica una totalidad, no se menciona nombre propios de discípulos, ni se establece límite alguno para esta palabra.

La presencia de Jesús, les otorga el primer fruto de la resurrección que es la paz. El miedo que es perdida de la paz; en un simple y habitual saludo recuperan la paz y superan el miedo.

Podemos afirmar, que el texto es todo un conjunto de sentimiento: miedo, paz, alegría.

Al mostrar Jesús las cicatrices de la pasión (mano y costado), les demuestra que ninguna autoridad sobre la tierra, puede quitarles la vida que él les comunica con la paz y la alegría que ahora sienten. Este encuentro de Jesús ya había sido anunciado por el mismo (Cf Jn 16,21), el maestro debía cumplir su palabra, y lo hizo.

21 Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.

La resurrección capacita a Jesús para otorgar el don de la vida a todo hombre y toda mujer. La vida que se trasmite será a través del Espíritu Santo.

La paz nuevamente otorgada por segunda vez, introduce a los discípulos en la misión por la cual habían sido elegidos.

La paz tiene un segundo significado: confianza y seguridad para la misión. Para esta misión el discípulo debe ofrecer sus manos y el costado lugar donde radica el corazón, es decir debe amar a la misión y sus dificultades para que salgan victorioso.

El soplar sobre ellos es para infundir su propio aliento de vida, que genera una nueva condición humana que exige amor y lealtad.

El soplo del resucitado, hace ver a Jesús el nuevo santuario viviente. El soplo del resucitado es expresión del amor de Dios. El soplo del resucitado hace superar la condición débil de la carne.

23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

El pecado es el dique o aniquilación de la vida que impide la realización del proyecto creador de Dios en el hombre. El pecado no da alegría, genera el miedo y cierra las puertas del ser humano a los valores del Reino de Dios.
El perdón, debe ir acompañado por los frutos de la paz y del soplo del Espíritu de Dios, y este debe acontecer en la comunidad que se reúne, no por miedo, sido para fortalecer la misión.


24 Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Los otros discípulos le decían: "Hemos visto al Señor." 25 Pero él les contestó: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré."

Tomas el mellizo, en Jn 11,16 había manifestado que iría con Jesús a la muerte, en ese momento creía solo en un proyecto de restauración de Israel basado en interés humanos, ahora le cuesta creer en el nuevo proyecto del resucitado, porque no había entendido la muerte de Jesús, para él la muerte de Jesús era el final de su vida.
La actitud de Tomas es una seria y severa advertencia de que no se puede ser discípulos de Jesús sino se creen en la victoria de la vida que surge en la resurrección.

La frase de alegría: “hemos visto al Señor” es la experiencia que todo discípulo tiene que hacer, y más cuando a través de la misma se infunde el Espíritu de Dios como nueva creación.

Las pruebas que exige Tomas, son aquellas que han ocurrido en el pasado, de ahí que se entiende la insistencia: "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y no meto mi dedo en el agujero de los clavos y no meto mi mano en su costado, no creeré." Aun la vida de Tomas está dominada por un pasado que le marca de manera tormentosa. Tomas, no admite que sus amigos tengan el Espíritu del resucitado, y exige contundentemente una prueba de vida.


26 Ocho días después, estaban otra vez sus discípulos dentro y Tomás con ellos. Se presentó Jesús en medio estando las puertas cerradas, y dijo: "La paz con vosotros."

Cuando se remarca el número ocho, es símbolo de un mundo futuro y de plenitud. No se puede construir una comunidad si la dudas y el miedo aun esta dentro de algunos de sus miembros, por eso Jesús tiene que reconstruir y constituir a la comunidad desde adentro. La presencia de Jesús no es para algunos privilegiados de la comunidad discipular, es para todos incluyendo a Tomas dentro de la misma.

Las puertas cerradas, no indican temor de la comunidad discipular, puede que sea la testarudez de Tomas, pero también es la frontera de la comunidad con el mundo; es decir, Jesús se da a conocer en la comunidad y no todo ha todo el mundo, será desde la comunidad que se dará a conocer. La comunidad discipular ahora es el eje porque en ella reposa el Espíritu de paz del resucitado.

27 Luego dice a Tomás: "Acerca aquí tu dedo y mira mis manos; trae tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo sino creyente."

La iniciativa de dejarse tocar es de Jesús, no parte de Tomas. La insistencia del evangelista en indicar: dedos, mano y costado, significa que la resurrección no destruye la condición humana sino que la eleva a un estado superior en la que nuestra historia o pasado tiene parte en la misma

28 Tomás le contestó: "Señor mío y Dios mío." 29 Dícele Jesús: "Porque me has visto has creído. Dichosos los que no han visto y han creído."

La respuesta de Tomas a su incredulidad, es prácticamente una proclamación de fe, digamos que el primer credo que se profesa delante del resucitado. Con esta expresión Tomas reconoce el amor de Jesús expresado en la cruz, en Jesús esta el hombre pleno y en su proclamación así lo reconoce Tomas (Señor y Dios mío).Las palabras de Jesús reafirman la fe de Tomas, así ninguno de los discípulo se pierde (Jn 17,12; 18,9). Además en las palabras de Jesús, se encuentra una seria advertencia, y es que la fe acontece en amor bajo la guía del Espíritu, creer sin miedo y sin tener visos de incredulidad. Es decir una fe plena.

30 Jesús realizó en presencia de los discípulos otras muchas señales que no están escritas en este libro. 31 Estas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.

El evangelista concluye el relato de la vida de Jesús dirigiéndose a la comunidad y Usted estimado lector. Estos últimos versículos tienen una clara intención y es suscitar la fe en Jesús, que obtiene la vida, y deja en claro que la experiencia de los discípulos fue mucho más amplia de lo que cuentan los evangelios.
La vida de Jesús es un conjunto de obras que manifiestan el amor de Dios, así la misión de Jesús no fue revelar verdades mistéricas e inteligibles, sino que su misión fue dar vida al hombre y la mujer.

En rigor de reflexión, la exultante frase de alegría: HEMOS VISTO EL SEÑOR, nos lleva a un cuestionamiento: ¿Qué significa haber visto al Señor? ¿Qué se requiere para ver al Señor de la vida? Ver al Señor no es a través de una espiritualidad mojigata, ni mucho menos en una falsa espiritualidad de cumplimientos ritualistas. Ver al Señor es reconocer los signos de la presencia de Jesús; esos signos son: 1) la paz como don de Dios, que no se debe confundir con resignación, 2) el aliento de vida que se recibe a través del Espíritu confiere vida a los otros y nunca busca vivir de los otros, 3) la cumbre de haber visto al resucitado es experimentar el perdón como una semilla de esperanza en lo personal y en lo comunitario. Una persona resucitada es virtuosa en el perdón. El cuestionamiento sigue en pie: ¿Qué significa haber visto al Señor?

sábado, 28 de marzo de 2009

SEÑOR, QUEREMOS VER A JESÚS

TEXTO
Jn 12,20-33.

20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. 21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: "Señor, queremos ver a Jesús." 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 23 Jesús les respondió: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.


24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.


27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿que voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28 Padre, glorifica tu Nombre." Vino entonces una voz del cielo: "Le he glorificado y de nuevo le glorificaré." 29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel."

30 Jesús respondió: "No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí." 33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.


REFLEXION

20 Había algunos griegos de los que subían a adorar en la fiesta. 21 Estos se dirigieron a Felipe, el de Betsaida de Galilea, y le rogaron: "Señor, queremos ver a Jesús." 22 Felipe fue a decírselo a Andrés; Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús. 23 Jesús les respondió: "Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo de hombre.

El evangelista Juan, menciona a un grupo de Griegos, que bien pueden ser Judíos helenistas, paganos prosélitos o quizás simpatizantes del judaísmo. Estos griegos llevan un objetivo, subían a la fiesta (no se especifica cual fiesta en concreto, pero por el contexto es la fiesta de la pascua), pero al encontrar a Jesús renuncian al propósito de ir a la fiesta de pascua, en todo caso podemos decir que las ovejas que no son del redil de Israel comienzan a llegar para ser acogidas y reunidas por Jesús.

Estos griegos tienen un profundo interés en conocer a Jesús: Señor, queremos ver a Jesús. Felipe (que significa boca de lámpara) el que le había invitado a Natanael para que se acercara a Jesús (Jn 1,46), no es capaz de hacer el mismo gesto con los griegos, él acude donde esta Andrés quien vive cerca de Jesús (Jn 1,39) y que comprende el mensaje (Jn 6,8-9). Andrés no toma la decisión y deciden consultar a Jesús. Estas dos figuras, Andrés y Felipe, son un claro reflejo que las comunidades cristianas no se abrieron fácilmente a la acogida de los gentiles.

Jesús no habla o recibe directamente al grupo de los griegos, ya que esta será tarea de sus discípulos y seguidores, por lo menos así lo da entender el texto.

Jesús declara que la “hora ha llegado”, no es una hora de cronos es un tiempo de Kairos (tiempo de Dios), donde la autentica figura del hombre no es la un héroe, no es la de un filósofo cuya sabiduría proviene de biblioteca, la hora del Hijo del Hombre está en un nivel muy, muy alto. Con esta declaración Jesús comienza a dejar en claro que sus discípulos no deben plantear una doctrina, que Jesús no es un héroe de la historia, sino que tienen que demostrar que sus vidas unidas a Jesús, el ser humano alcanza la plenitud de la vida, y esta vida es parte de la gloria y del amor de Dios.

24 En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto. 25 El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardará para una vida eterna. 26 Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo esté, allí estará también mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrará.

Los frutos en la misión, Jesús les deja muy en claro, que no se genera vida sin dar la propia vida; ya que la vida es fruto del amor y brota según la medida este amor. La metáfora o imagen de la semilla, vendrían a dar entender que los frutos de la misión del discípulo es dar la vida.

La muerte, en su mayor parte es vista como expresión de fracaso y destrucción de la vida, para Jesús la muerte es culminación del proceso de donación del discípulo, que no es a través de la trasmisión de un mensaje doctrinal, sino de la práctica de amar hasta el fin. El amor es el mensaje fundamental.

El secreto de la fecundidad, que estaba planteado en términos de la descendencia, ahora se pone en la entrega de la propia vida.

27 Ahora mi alma está turbada. Y ¿qué voy a decir? ¡Padre, líbrame de esta hora! Pero ¡si he llegado a esta hora para esto! 28 Padre, glorifica tu Nombre." Vino entonces una voz del cielo: "Le he glorificado y de nuevo le glorificaré." 29 La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno. Otros decían: "Le ha hablado un ángel."

En Jesús podemos encontrar lo contrario a la muerte, pero el don de una vida plena es rechazada y condenada por los suyos. Por eso la turbación que nos presenta el versículo 27, es producto del horror que siente el amor que hay dentro de él por el odio que sienten hacia él.

Jesús es consciente que buscar una intervención de un Dios solución, seria eludir su responsabilidad y no asumir las consecuencias de sus propios actos. Jesús reafirma su decisión, y esta dependerá de su “hora” que es el enfrentamiento final con el mundo homicida. Pero no olvidemos que es un momento duro y doloroso el que Jesús está asumiendo con sus discípulos, esta hora es el culmen de su vida.

La decisión de Jesús que es a su vez una profunda oración, tiene respuesta; Dios también tomara parte en la hora del hijo por los todos los hombres: Le he glorificado y de nuevo le glorificaré. La voz-trueno-ángel confirma la misión divina de Jesús.

30 Jesús respondió: "No ha venido esta voz por mí, sino por vosotros. 31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el Príncipe de este mundo será echado fuera. 32 Y yo cuando sea levando de la tierra, atraeré a todos hacia mí." 33 Decía esto para significar de qué muerte iba a morir.

Jesús hace una interpretación de lo sucedido. El Jesús levantado en la cruz, es sentencia del orden injusto pero también manifestación esplendorosa del amor de Dios al hombre.

viernes, 6 de marzo de 2009

ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHADLE

Texto Mc. 9,2-10

2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3 y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados
7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escuchadle." 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de "resucitar de entre los muertos."




REFLEXION

2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3 y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.


Los tres discípulos que acompañan a Jesús, son los más característicos del grupo, pero son los que mayor resistencia ofrecen al mensaje de la buena nueva. La transfiguración anticipa lo que será la condición de resucitado, sus vestiduras son condición de su gloria divina. Los dos personaje, Elías (padre los profetas) y Moisés (padre la ley), representan la totalidad del Antiguo Testamento, que ya no tiene ya un mensaje directo para los judíos porque solo hablan con Jesús y no con los discípulos, en una palabra todo se juzgara a partir de Jesús y no desde la antigua ley.

5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados

La actitud que tiene Pedro es muy llamativa, ya que al llamar a Jesús como maestro “Rabbí”, le está reconociendo como un fiel seguidor de la tradición judía; de esta manera la pensamiento de Pedro sigue adherida a su tradición, además su manera de ver aquel hecho de la transfiguración, es tratar de integrar el mesianismo de Jesús en las categorías del Antiguo Testamento, porque al querer levantar tres chozas, seria en reminiscencia a la tienda de las citas del antiguo testamento. No ve la gloria que se ha manifestado, que es expresión del amor de Jesús, que busca liberarlos de los ideales nacionalista y liberarles de la mentalidad ritualista del Antiguo Testamento.

7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escuchadle." 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

La identidad de Jesús se revela atreves de la voz que viene del cielo, y es a quien se debe escucha por encima de Elías y Moisés. Esta voz que los indica como el Hijo amado, hacen que las voces del Antiguo Testamento enmudezca. El amor del Padre revelado en la alianza, ahora se manifiesta en Jesús, la alianza hecha hombre y vida. Po otra parte, el Padre quiere revelar a los discípulos quien es Jesús. A pesar del miedo que tienen los discípulos, se señala la estrecha relación entre el Padre y Jesús; el término “amado” acentúa más profundamente la relación del Padre con el Hijo.

9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de "resucitar de entre los muertos."

Otro aspecto que se nos revela la transfiguración (además de la gloria anticipada de Jesús), es que manifiesta la gloria definitiva del hombre dotado de condición divina. Lamentablemente los discípulos han disociado la transfiguración de Jesús, para seguir pensando en un mesianismo terreno, un mesianismo político religioso, por eso no entendían que era eso de “resucitar de entre los muertos.

La transfiguración no tiene fin en sí misma, está orientada hacia pascua. La transfiguración es una ráfaga del futuro que se ha introducido en el presente. Para vivir esta experiencia de la transfiguración, debemos hacer caso a la invitación del Padre que nos ofrece ver y escuchar en el hijo amado la voz de la vida, y el loco amor de Dios hacia el hombre.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra