lunes, 10 de abril de 2017

Reflexión teológica sobre la pasión y muerte de Jesús: ¿qué sentido tiene?

La clave para comprenderla no está en la muerte, sino en el modo filial y fraterno como Él vivió su vida y las consecuencias que esto le trajo

Justificar la muerte de un inocente, como la de Jesús y, más aún, decir que era voluntad divina, sería hacer del mal un modo humano de actuar justificable por parte de Dios y los hombres. De ahí que sea tan relevante comprender el hecho histórico y el sentido teológico de la muerte y pasión de Jesús, no como un simple relato que se escucha en Cuaresma, sino como un acontecimiento que revela una realidad trágica y que nos debe poner a pensar hasta dónde somos capaces de llegar si nos dejamos convertir en verdugos, seducidos por el poder y el dinero.

El modo como asesinaron a Jesús, en una cruz, representa un gran escándalo para cualquier ser humano más allá de sus creencias. El madero era símbolo de la negatividad humana, el peor de los males deseados; también simbolizaba el rechazo divino, porque quien así moría era considerado un maldito de Dios (Dt 21,23).

¿Se podía, entonces, decir que el Padre bueno en quien Jesús creía había permitido una muerte así?
 
La muerte de Jesús no fue casual, ni fruto del azar o de la voluntad divina. Fue meditada, decidida y ejecutada por personas concretas (Jn 11,47.53), por hermanos de un mismo pueblo (Jn 7,1) que regían los destinos de una nación.
 
Fue justificada por representantes de instituciones religiosas y políticas oficiales (Jn 11,49-50) que veían en él a un peligro porque manifestaba una nueva forma de vivir —humanizadora—, cuya pretensión era reconciliar al pueblo disperso (Jn 11, 52) y proclamar una relación personal con Dios basada en un pacto inédito, sin la mediación sacerdotal ni la economía sacrificial del Templo (Jr 31,31-34).

Su vida hacía temer a quienes no querían perder el poder otorgado por los romanos, de cuyo estatus social y beneficio económico vivían (Jn 11,48-50).

Aunque la conflictividad fue creciendo de cara a las autoridades religiosas que lo entregaron (Jn 11,53), fue el poder político romano el que volteó la mirada ante un inocente y dictó la sentencia para que lo torturaran y asesinaran (Mt 27,24).

Las autoridades religiosas no tenían el derecho de ius gladii. Por eso armaron un expediente para justificar formalmente su muerte. Lo acusaron de ser un falso profeta (Dt 13,5). Así ganaban dos cosas: sumar a otros grupos religiosos que detestaban a Jesús, y darle una razón formal al poder imperial para que lo condenara y procesara como reo político (Mc 15,26). Todos podían seguir disfrutando sus cuotas de poder (Jn 11,50).

La muerte de Jesús, como la de cualquier inocente, nunca ha sido querida por Dios. Justificarla es sacralizar la acción del victimario y hacer que la desgracia que se inflige a otro sea aceptada como un sacrificiodivino, y es además negar las consecuencias de la responsabilidad de los sujetos concretos que torturan y asesinan, cuyas acciones los deshumanizan hasta el punto de convertirlos en verdugos y victimarios de otros.

Decir que Jesús murió por voluntad divina como víctima sacrificial es, pues, hacer de Dios un cómplice del mal ejecutado por los hombres (Sal 35), o un sádico que justifica el sufrimiento del inocente.

Jesús siempre tuvo la conciencia de que Dios estaba de su lado, acompañándolo en sus decisiones (Mc 12,6), pero actuaba con el realismo de quien sabe que su predicación del Reino y las duras críticas en contra del sistema religioso (Mt 23,1-36) y del político (Lc 13,31-32) le traerían como resultado su propia muerte (Lc 13,34).

Tengamos en cuenta, pues, que fue su vida vivida como entrega en el servicio y el amor al otro, la razón por la cual murió; y no olvidemos que el espíritu fraterno con el que vivió fungió como la razón por la cual lo mataron personas e instituciones concretas.

La humanidad de uno como Jesús es insoportable y se convierte en estorbo para las conciencias de aquellos que sólo viven del poder, el dinero y la muerte.

La clave para comprender el sentido de la pasión de Jesús no está en la muerte, como si esta tuviera un efecto salvífico en sí misma, sino en el modo filial y fraterno como él vivió su vida, y las consecuencias que esto le trajo (Neh 9,26).

La muerte de Jesús no tiene sentido, como no lo tienen la de tantas personas que mueren cada día a causa del hambre, la criminalidad, la violencia política que arrebata la vida. Sería inhumano justificarlas.

Lo que sí tiene sentido, y es salvífico —humanizador— es el modo en que Jesús asumió su muerte, y cómo se identificó a lo largo de su vida con los que sufren y así mueren, sin miedo alguno para denunciar que el Dios del Reino, a quien él le oró, no quería que esto ocurriese más en nuestro mundo, y rechazando a quien así actuase.

Jesús había vivido el amor en sus muchas formas: como perdón, liberación, sanación, reconciliación. Pero, especialmente, lo vivió de manera solidaria en su entrega a las víctimas, los rechazados por la sociedad y los enfermos (Mt 8,17). Y entendió que Dios solo actuaba con compasión y se oponía a los sacrificios (Mt 9,13; Sal 50).

La memoria de los primeros seguidores cristianos recordó tres aspectos: a) el modo como había vivido Jesús: su pretensión histórica o conciencia mesiánica no violenta ni revolucionaria (GS 22); b) la singularidad de su praxis: con hechos y palabras que humanizaron y dieron vida a quien la necesitaba (DV 2); c) la libre asunción de su destino: como fidelidad absoluta al Dios del Reino (GS 22; 38) en un amor incondicional a los otros.

Su vida es, pues, salvífica porque vivió para todos y por cada uno, entregándose cada día, más allá del agotamiento físico y mental, para que todos se uniesen en torno a la paternidad materna de ese Dios compasivo en quien siempre creyó.

Como lo explica Schürmann: «la voluntad de servicio de Jesús, su exigencia de amor, de manera especial su mandato de amar a los enemigos, y su amor a los pecadores, todo ello unido a su oferta de salvación llevada hasta la última hora, hacen sostener que Jesús entendió y vivió su propia muerte amando, intercediendo, bendiciendo y plenamente seguro de la salvación».

Él «se ha entregado a sí mismo» (Gal 2,20), voluntariamente; no ha sido entregado por su Padre como una víctima expiatoria que sustituye lo que nosotros mismos debemos hacer. Además, tampoco cedió ante el poder de sus victimarios y verdugos.


Su muerte luego fue interpretada desde varios modelos. Uno fue el del siervo: sirviendo y dando su vida al necesitado, entregándose con actos de solidaridad fraterna que se fueron consumando día a día hasta su muerte.

Como siervo reveló un mensaje de esperanza que sigue siendo actual. Por una parte, ¿hasta dónde es capaz de llegar el hombre cuando asume la bondad de su propia naturaleza?: hasta poder superar el mal causado por el victimario.

Por otra, el mal no es una realidad absoluta que pueda triunfar, puede acabar con la vida mental o física de muchas personas y deshumanizar a las instituciones, pero quien se atreve a vivir humanamente, sin dejar deshumanizarse, puede frenar el mal al no reproducirlo ni retribuirlo.

En Jesús se revela esta esperanza, la de un modo de ser humano nuevo, uno que carga con el otro (Mt 8,17; 11,28-30) y atrae a todos (Jn 12,32), uno que nunca se descarga sobre el otro ni lo aleja de sí. Uno que mantiene la dignidad de su vida como hijo en el peso de la fraternidad.



Dr. Rafael Luciani
Teólogo

domingo, 5 de febrero de 2017

SAL Y LUZ Mt 5,13-16

La imagen de la sal y luz sirven para animar a los discípulos en las persecuciones. Con gran fuerza y simplicidad Jesús está afirmando que quienes viven las bienaventuranzas son la sal de la tierra y la luz del mundo es decir el fermento de una nueva humanidad. El Reino de Dios no puede ser ocultado por el miedo en la persecución sino que debe hacerse presente con el testimonio de vida.

Con estas dos imágenes (Sal y Luz) la dimensión misionera de la fe aparece sin timidez, porque es sentirse enviado. La fe es sabor y luz para el mundo sin entrar en distinción. Siendo luz y sabor para la vida somos signos del Reino de Dios, cada seguidor de Jesús es forma parte del “pueblo mesiánico”.

En el signo de la sal en su función natural es conservar los alimentos y dar sabor e incluso llego a servir como pago de trabajo (sal= salario). Ser creyentes con sabor es que se tiene la misión de conservar la vida, darle sentido a la vida y justo pago en derecho y justicia; hay personas que no saben cómo experimentar y vivir la vida de manera fecunda porque han perdido la capacidad del sabor del Espíritu del resucitado por sus vidas han sido luz oculta que se ha apagado.

El signo de la luz tiene un inmenso significado como experiencia de fe en las sagradas escrituras, pero la más clara es que Dios es luz para su pueblo que se ha hecho hombre en la persona de Jesús.

Si podemos cambiar el mundo siendo luz y sal tierra. No olvidemos que la luz necesita ser vista y la sal sentida, sino hay nada esto ¿Qué hemos hecho de la misión que nos correspondía?

domingo, 29 de enero de 2017

SALTEN DE CONTENTO

Iniciamos con un cuestionamiento: ¿Qué es la felicidad? ¿Cómo alcanzarla?
En el texto de Mateo 5 Jesús presenta la síntesis de la vida para todo aquel hombre y mujer que vivirá el seguimiento como opción fundamental y experiencia de fe. Los destinatarios son todos los discípulos y la multitud, no están dirigidas a una elite de consagrados o individuos aislados.

En las nueve (9) bienaventuranzas se va señalando el camino que conduce a la felicidad verdadera culminada en la recompensa de tener a Dios. En cada una de la bienaventuranzas existe una tensión entre la situación presente y lo que esta punto de brotar. Los pobres, los sufridos, los hambrientos, etc. se les anuncia que su vida cambiara, siempre y cuando ellos también se esfuercen por cambiarla. Cada una de las bienaventuranzas están en sintonía con el cántico de la Santísima Virgen María (el Magníficat): “derribo del trono al poderoso y exalto al humilde”

En las bienaventuranzas hay una clara y fuerte afirmación que la situación actual no es querida por Dios, no refleja su gloria, no fue lo salió de boca y manos, no es parte de su plan.

Son dichosos o felices aquellos que en sus vidas han hecho lo tenían que hacer para superar la situación que les ha tocado vivir como desgracia. Dios no es insensible al sufrimiento humano, Dios no es apático, Dios sufre donde sufre la vida, somos nosotros que quienes nos hemos vuelto más apáticos porque se está perdiendo la sensibilidad para percibir el sufrimiento ajeno e incapacidad de padecerlo, porque se ve en el pobre un potencial agresor o asesino, un sucio y mal educado.

Con la palabra dichosos Jesús proclama que han llegado los tiempos mesiánicos que ante el amor de Dios no existen predilectos ni desechados, más aun los que son el producto de la mezquindad y corrupción social y política dígase pobres y marginados son los primeros.

Finalmente Mateo a lo largo de su escrito deja bien en claro que Jesús no solo proclamo las bienaventuranzas sino que también las vivió en su actividad de proclamar el Reino de Dios.

El verdadero arte de vivir dichosos no está en el tener sino en el hacer que la vida sea una entrega por la vida. 

sábado, 24 de diciembre de 2016

TRAIGO UNA BUENA NOTICIA.

Cuando el evangelista Lucas 2,1-14 nos presenta el nacimiento de Jesús nos ofrece el misterio de la Buena Noticia. Toda buena noticia es agradable, produce, paz, tranquiliza el presente y llena de esperanza el mañana. En las palabra del ángel están cargadas de todo lo anteriormente dicho, pero además acontecen dentro de la cotidianeidad de una pareja de esposos un hombre preocupado por el parto y una mujer con dolor de dar a luz, una nación dominada y subyugada por otra en la que debían someterse al empadronamiento para poder así calcular el impuesto per cápita; y esta ley obliga a esta pareja de esposos, ellos no están exentos del mandato del empadronamiento, y para completar el cuadro pastores de ovejas que esperan al amanecer su paga. Todo esto es normal.

La condición del nacimiento de Jesús es precaria – en la actualidad nuestros pesebres son un lujo frente a la ipsima verdad de sus nacimiento y hoy miles de niños nacen en ipsima extrema pobreza de vida. Es un nacimiento a la intemperie al igual que los pastores ejercen su trabajo en la noche para poder vivir. Desde la pobreza, Jesús abre camino para enriquecernos con la vida.  

Las palabras que más peso tienen en el texto son PAZ y GLORIA, y son ofrecidas a unos marginados sociales. La buena noticia no es un sueño, no es pesadilla, ni mucho menos deseos frustrados. Es buena noticia porque tiene su origen en Dios y el hombre es el destinatario. Las señales que ofrece esta buena noticia, es una señal frágil basada también  en lo cotidiano y en lo normal de la vida: un niño envuelto en pañales.

Dios no se pone al alcance de los curiosos y lo extraordinario, por eso el nacimiento de Jesús dependerá de los ojos con que se vea, no todos tendrán la capacidad de contemplar a este niño que ha nacido. La señal se nos sigue ofreciendo no solo en niños envueltos en pañales sino en niños famélicos, sin hogar, niños explotados, niños de la basura, niños de la calle hoy son mal llamados niños de la patria. Y ya tenemos los ojos cansados de ver esta realidad y no nos sentimos llamados ni tocados, se busca alejar esta realidad. Nos consuela que la opción por los pobres de aquellos hermanos (as) que si lo han demostrado; paz y gloria dio el Padre de las Casas, Monseñor Oscar Romero, Monseñor Angeli, Santa Teresa de Calcuta... y las pléyades de mártires del mundo,  y los que aún siguen dando ese ejemplo. Paz y Gloria a todos ellos y ellas que se acercaron al Belén de la vida y captaron el signo de la cotidianidad de Dios. No es difícil encontrar el niño Jesús, lo duro mantener el encuentro y hacerlo punto de apoyo en la vida entera, porque con la Pascua de Resurrección no está ya en el Belén sino en el mundo entero.

A la luz de lo dicho ¿Qué es navidad?

Navidad es ponerse en movimiento y seguir buscando por la señal que es la misma: Encontraran un niño en pañales. La señal de Dios está en la penumbra  de lo pequeño de lo que no tiene brillo, de lo que se esconde a la mirada.

Navidad es tener corazón estremecido porque solo la ternura humana y la esperanza nos indican quien es este niño actualmente.

Navidad es poner los pies en tierra y dejar el acomodo para salir al encuentro de lo que se ha perdido, en una palabra es hacernos pastores.

Navidad es pedir a Dios que fortalezca la fe para sobreponernos a los momentos duros de la vida y tener mirada valiente en aceptar lo que se rechaza. En rigor navidad es una encrucijada y un momento de decisión.

Feliz Navidad para los rincones del mundo donde acampa de manera silenciosa la palabra echa carne que busca ser recibida. AMEN



domingo, 18 de diciembre de 2016

4TO DOMINGO DE ADVIENTO DEL AÑO 2016

El evangelista Mateo nos presenta el testimonio no histórico sino de fe como fue formado Jesús presentando su dimensión salvífica y verdadero ser. Por otra parte Mateo tiene como base la referencia constante a las escrituras del Antiguo Testamento, la frase “todo sucedió para que se cumpliera…” busca subrayar que Jesús realiza las promesas de Dios que había prometido a su pueblo elegido.

El texto afirma que Jesús procede de Dios a través de la acción del Espíritu Santo en María y participación obediente de José. Las afirmaciones del texto: María estaba prometida con Jose, es decir la promesa casi definitiva de matrimonio. José es el hombre que ama y es obediente a la palabra. Porque ama no recurre al Dt. 22,13-22 porque ama aplica Dt. 24,1, por eso es un hombre justo, desde el amor descubre que hay un plan de Dios que le supera y no quiere ser obstáculo y no intenta ser protagonista, acepta el plan de Dios. José es el hombre que sabe caminar en el desconcierto.

Jesús según el relato no es solo hijo de Abraham y descendiente de David aunque este vinculando de manera legal según su genealogía (Cf. Mt 1,1-17)  por ser parte del pueblo elegido, él es hijo de Dios.

La acción del Espíritu Santo en María es principio de vida y nos muestra el origen divino de Jesús por eso su nombre -Jesús-  vinculado a lo divino significa Dios salva, siendo este una apretada síntesis del cual sería la misión de niño que nacería de María. En el nombre de Emmanuel se reafirma de manera total y segura que Dios se ha hecho cercano. En cada uno de nosotros Dios puede nacer y asi puede acontecer una verdadera navidad.

El gran desafío que tenemos los cristianos no es creer que Dios existe o imaginarlo de manera de manera misteriosa. Ser cristiano es descubrir con gozo que Dios está con nosotros, y si Jesús se ha hecho hombre en nuestra carne eso indica que en el hombre hay más cosas de dignas de admirar que de desprecio.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra