viernes, 11 de abril de 2014

Apasionados y pasión por Cristo y el Reino de Dios


 
Amigos y Amigas.
Hoy comparto con todos ustedes un resumen del articulo PASION DE CRISTO - PASION DE LOS HOMBRES del Dr. Laurentino Novoa (Pasionista). De entrada podemos decir, que debemos tener una distinción clara entre apasionados y pasión. El alfa privativo puede que se relaciones más con elementos endotimicos e ideológicos que no ayudan ir más allá de la mera realidad que se vive, sin pensar que la realidad nos pide ir más allá del presente. El que tiene pasión esta enfocado en el futuro que esta porvenir que en el presente que esta solo por resolverse. Tener pasión es la clave por el Reino de Dios y la autentica realidad del discípulo que esta dispuesto a seguir a Jesús hasta sus últimas consecuencias.
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1.- Humanamente Hablando.
  1. Amor y dolor, sufrimiento y gozo, acción y pasión, son en realidad términos correlativos; es decir, quien ama sufre, quien sufre de verdad por alguien o por algo es porque ama; quien obra y actúa, entra en una experiencia de pasión, quien padece experimenta los efectos de la acción propia o de los demás sobre él. Nadie que no haya sufrido puede aspirar ni llegar a saber lo que es la verdadera felicidad.
  2. La pasión se manifiesta en el sufrimiento y es una realidad indiscutible, ya que el hombre ha sufrido siempre (en toda su historia), ha sufrido todo él (física, espiritual y socialmente), ha sufrido y sufre en todas partes. "Nacer es comenzar a morir" (T, Gautier), y esta muerte es sin duda un camino de sufrimiento. "Las almas que no conocen el dolor son como iglesias sin bendecir" (L. Rosales).
  3. La pasión del hombre puede tener muchos rostros y muchas formas de experiencia y expresión: unas veces puede tener la forma de un sufrimiento necesario, connatural en el proceso de la vida en la naturaleza; otras será la experiencia del sufrimiento absurdo e incomprensible desde cualquier razonamiento humano; otras será el sufrimiento injusto, que es causado por cualquier forma de injusticia y opresión sobre el hombre; otras podrá ser el sufrimiento que brota de la lucha por la justicia... Pero siempre, tendrá forma de cruz.
  4. No sólo ama y sufre el hombre, sino que también y, sobre todo, ama y sufre Dios: "Dios es amor" (1Jn 4,8), pero Dios es también "dolor" y "sufrimiento" (Cf. K. Kitamori, Teología del dolor de Dios); "Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo" (Jn. 3,16). Si Dios no pudiese sufrir, tampoco podría amar.
  5. En el AT se refleja la historia de un pueblo pequeño y humilde, que conoce la amargura de la esclavitud, la dureza del peregrinar por el desierto, los amargos sufrimientos del destierro, las persecuciones permanentes, la lucha por la supervivencia. Dios responde con pasión "Tengo ante mi vista la aflicción de mi pueblo; conozco sus sufrimientos... el clamor de los hijos de Israel ha llegado hasta mí" (Ex 3,7-9). Dios que sufre con el hombre y con el pueblo "no olvida jamás al pobre, ni hará que perezca la esperanza de los humildes"(Sal 9); "por la opresión del humilde, por el gemido del pobre, yo  me levantaré"(Sal 11). 
  6. La Pasión de Dios y la pasión del hombre del NT. En su predicación Cristo vincula el amor a Dios al amor al hombre, y la acción frente al hombre a la acción respecto a Dios: "De estos dos mandamientos dependen la ley y los profetas"(Mt 22,40); "quien a vosotros recibe, a mí me recibe" (Mt 10,40).
  7. Jesús resucitado se  aparece en la forma de jardinero, de peregrino, de pescador, como para darnos a entender que El está de miles de formas presente y vivo entre nosotros, y sólo debemos tener ojos de fe para descubrirle y encontrarnos con El: "Saulo ¿porqué me persigues? ¿Quién eres Señor? Yo soy Jesús a quien tu persigues"(Hech. 9,4-5). 

Pasión de Cristo y por el Reino de Dios. 

  1. En la época de los Mártires de los primeros siglos, existió en la Iglesia una conciencia muy viva de la identificación del cristiano con Cristo a través de la práctica del seguimiento tras las huellas de Cristo Crucificado. Ignacio de Antioquía entiende que comienza a ser verdadero discípulo, cuando es conducido al martirio: "Vengan sobre mí el fuego, la cruz, manadas de fieras, desgarramientos, amputaciones, descoyuntamientos de huesos, seccionamiento de miembros, trituración de todo mi cuerpo, todos los crueles tormentos del demonio, con tal de que esto me sirva para alcanzar a Cristo" Carta a los romanos "Mi amor está crucificado y ya no queda en mí el fuego de los deseos terrenos" (Ibd.).). El, como tantos otros cristianos, acepta los tormentos del martirio y siente la vaciedad de los placeres terrenos porque sabe que ante todo el cristiano debe entender su vida unida a Cristo en la cruz.
  2. En la época patrística se insiste mucho en la idea del "Christus totus”  S. Juan Crisóstomo "¿Deseas honrar el cuerpo de Cristo? No lo desprecies pues cuando lo contemples desnudo en los pobres, ni lo honres aquí en el templo con lienzos de seda, si al salir lo abandonas en su frío y desnudez" (Homilía 50).  
  3. El Vaticano II recuerda a la Iglesia que debe estar siempre identificada con Cristo pobre y sufriente para poder ser verdadera  discípula y testigo en el mundo: "Cristo realizó la obra de la redención en pobreza y persecución, de igual modo la Iglesia, está destinada a recorrer el mismo camino... Cristo Jesús se anonadó a sí mismo tomando la forma de siervo y por nosotros se hizo pobre... así también la Iglesia no fué instituida para buscar la gloria terrena, sino para proclamar la humildad y la abnegación... Cristo fué enviado a evangelizar a los pobres... así también la Iglesia abraza con su amor a todos los afligidos por la debilidad humana, reconoce en los pobres y en los que sufren la imagen de su fundador pobre y paciente... En definitiva, la Iglesia va peregrinando entre las persecuciones del mundo y los consuelos de Dios, anunciando la cruz del Señor hasta que venga" (LG,8).
  4. En la carta apostólica de Juan Pablo II "Salvifici Doloris" (1984 nº 19). Aquí aparece sobre todo la idea de que en Cristo el sufrimiento es vencido por el amor y  por amor; desde la experiencia de Cristo podrá también el hombre asumir y superar su propio sufrimiento.
  5. En el nuevo Catecismo también encontramos que la fe cristiana supone una participación en todo el misterio de Cristo: "La fe supone participar en el sufrimiento del Hijo y en la noche de su sepulcro" (Nº 165), puesto que "desde el comienzo, Jesús asoció a sus discípulos a su vida... les dió parte en su misión, en su alegría y en sus sufrimientos... "Nadie escapa a la experiencia del sufrimiento, de los males en la naturaleza y, sobre todo a la cuestión del mal moral... Pero debemos examinar la cuestión del origen del mal fijando la mirada de nuestra fe en el que es su único vencedor" (Nº 385). 
Tener pasión es ser testigos. Para ello hemos de asumir:

  1. Fidelidad a nuestra historia. Esta creo que debería ser una primera y necesaria exigencia para reencontrarnos con nosotros mismos: ser fieles a nuestra historia. La fidelidad en este caso no tiene que significar atadura a la letra o a las formas con las que vivieron nuestros mayores, ni una repetición mimética de lo que ellos vivieron e hicieron en la Iglesia y en la sociedad; significa  más bien mantener y conservar la esencia o el espíritu del don recibido. Esta fidelidad es una necesaria exigencia por dos razones:
    1. Porque ser católico  no lo hemos inventado nosotros hoy, sino que es don recibido nos adherimos a una familia concreta con una tradición, un patrimonio, unos valores que van desde nuestro origen hasta nuestros días.
    2. Porque cuando se pierde o se rompe la vinculación con los propios orígenes o la propia historia, se llega a perder la propia identidad crítica con el presente y la posibilidad de apertura al futuro

  1. Fidelidad al hombre y a la mujer de hoy. La fidelidad al presente histórico y al hombre de hoy tiene para el cristiano unas razones, que no debemos olvidar:

                                                               i.      Porque el mensaje de salvación es siempre algo presente y actual para el hombre; Dios no sólo salvó ayer y salvará mañana al hombre, sino que es presencia permanente de salvación para el hombre; desde Jesús de Nazareth el tiempo y la historia se convierte en un permanente "HOY" de salvación, en un "kairós" interminable para los hombres de todos los tiempos: "hoy es el tiempo de gracia, hoy es el día de la salvación" (2Cor 6,2); "hoy ha llegado la salvación a esta casa" (Lc 19,9); "hoy os ha nacido en la ciudad de David, un Salvador" (Lc 2,11); Dios ofrece pues su salvación y su gracia a cada hombre en su presente histórico.

                                                             ii.      Porque el Señor Jesús y su espíritu de vida y salvación no pueden quedar reducidos a los límites del tiempo histórico en que El vivió en Palestina, sino que es  una presencia real y actuante siempre para la Iglesia y la humanidad: "yo estaré con vosotros siempre hasta el fin de los siglos" (Mt 28,20); El Señor y su Espíritu no son pues algo exclusivo del pasado histórico, sino presencias vivas abiertas a todos los tiempos y a todos los hombres.

                                                           iii.      Porque el Evangelio y la Palabra de Dios son algo siempre vivo para el hombre en sus más diversas circunstancias y situaciones; el Evangelio y la Palabra divina son BN para el hombre de hoy y de siempre, y la Palabra de la Cruz contiene una sabiduría que nunca pasa ni envejece.

Para ser fieles al hombre de hoy debemos ser hombres  y mujeres de nuestro tiempo pero con pasión, sentirnos solidarios con las aspiraciones, esperanzas y sufrimientos de los hombres y mujeres de nuestro entorno, sentirnos implicados y complicados en la problemática, los logros, los fracasos  y frustraciones de nuestros hermanos y hermanas. AMEN


EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra