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domingo, 25 de febrero de 2018

QUE BIEN SE ESTA AQUI...

El relato de la transfiguración viene colocado en los tres sinópticos a continuación del primer anuncio de la pasión y de la exigencia de renuncia total para seguir a Jesús que tuvo lugar seis días antes. Relacionando, por tanto, la transfiguración con el primer anuncio de la pasión podemos decir que se hacía necesario que al menos algunos de sus discípulos (Pedro, Santiago y Juan, los considerados como columnas en Gal 2,9), tuvieran una experiencia que disipara el temor y la angustia generados por tal anuncio y, para ello, les concede una visión anticipada de la gloria prometida después de padecer. Estos tres discípulos aparecen también junto a Jesús en el huerto de los Olivos (cf. Mc 14,33). Por tanto, estos tres discípulos están asociados a la agonía y a la gloria de Jesús. Esta asociación de los tres discípulos al misterio pascual es paradigmática para todos los discípulos de Jesús.
El relato de Marcos ve la transfiguración de Jesús como la manifestación anticipada del Hijo del hombre trascendente, que anuncia la transfiguración definitiva que tendrá lugar en la mañana de Pascua y se manifestará plenamente en la Parusía. Si a esto le sumamos la estrecha relación con el primer anuncio de la pasión que precede este relato, es factible afirmar que el mensaje del evangelio es que no debemos separar la pasión de la resurrección, de algún modo anticipada en la transfiguración.
En el monte elevado, junto a Jesús, aparecen Moisés y Elías. Es interesante porque además de representar la Ley y los Profetas, son dos hombres de oración que ayunaron durante 40 días y subieron al Sinaí para encontrarse cara a cara con Dios, para ver su rostro (cf. Ex 33,8; 1Re 19,17). De algún modo puede decirse que ellos alcanzaron la meta de su camino ‘cuaresmal’ al encontrarse con Cristo glorioso.
Ante esta escena Pedro reacciona con una auténtica exclamación: “Señor, que hermoso (kalós) es estarnos aquí”. La transfiguración es un misterio de belleza divina, de esplendor de la verdad y del bien de Dios mismo. Pedro se siente “atrapado” por esta visión y quiere hacer tres carpas para quedarse allí. Según San Agustín, Pedro ha gustado el gozo de la contemplación y no quiere ya volver a las preocupaciones y fatigas de la vida cotidiana. Por eso quiere, en cierto modo, “eternizar” ese momento.
La nube es signo de la presencia de Dios. Y desde allí sale la voz del Padre que manda escuchar a Jesús, es decir, obedecerle y seguirle. La afirmación de la voz celestial tiene un carácter revelador de la identidad de Jesús, tema sobre el cual versaba el diálogo con sus discípulos en los versículos precedentes (cf. Mc 8,27-29). Los discípulos “miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús sólo con ellos”. Esto significa que desaparecieron las anteriores voces de Dios en la historia, Moisés y Elías, la Ley y los Profetas; ahora tenemos que escuchar la Palabra del Hijo Amado, Jesucristo.
 El Dios nos invita a escuchar al Hijo querido, la Palabra definitiva de Dios. Esta es la exigencia, que supone el rechazo de tantas otras voces o solicitaciones que nos invaden. Entre estas habría que citar a los falsos profetas de los que habla el Papa Francisco en su mensaje de cuaresma, que “son como «encantadores de serpientes», o sea, se aprovechan de las emociones humanas para esclavizar a las personas y llevarlas adonde ellos quieren. Cuántos hijos de Dios se dejan fascinar por las lisonjas de un placer momentáneo, al que se le confunde con la felicidad. Cuántos hombres y mujeres viven como encantados por la ilusión del dinero, que los hace en realidad esclavos del lucro o de intereses mezquinos. Cuántos viven pensando que se bastan a sí mismos y caen presa de la soledad. Otros falsos profetas son esos «charlatanes» que ofrecen soluciones sencillas e inmediatas para los sufrimientos, remedios que sin embargo resultan ser completamente inútiles: cuántos son los jóvenes a los que se les ofrece el falso remedio de la droga, de unas relaciones de «usar y tirar», de ganancias fáciles pero deshonestas. Cuántos se dejan cautivar por una vida completamente virtual, en que las relaciones parecen más sencillas y rápidas pero que después resultan dramáticamente sin sentido”.
Vivir en Alianza es vivir en la Escucha de su Palabra. Y sabemos que en la Biblia escuchar es prácticamente sinónimo de obedecer. Por tanto, al igual que Abraham, estamos llamados a la obediencia de la fe, a escuchar a Jesús, a creerle y a seguirlo por el camino de la cruz hasta la Pascua.
En el contexto de la cuaresma estos textos tienen un valor pedagógico excepcional, pues nos recuerdan las exigencias y las consecuencias de la vida en Alianza con Dios y nos ayudan a entender que la pasión es un paso o camino hacia la gloria. Nos lo señala en el prefacio de la Misa de este día: “Él mismo, después de anunciar su muerte a los discípulos, les reveló el esplendor de su gloria en la montaña santa, para mostrar, con el testimonio de la Ley y los Profetas, que por la pasión debía llegar a la gloria de la resurrección”.
Para vivir en alianza con Dios debemos seguir a Cristo por el mismo camino por donde él transitó, que es el camino de la renuncia y de la cruz. No podemos amar la cruz por sí misma; ni podemos complacernos en morir a nosotros mismos mediante la mortificación. Pero sí podemos amar y hasta desear llegar a dónde nos lleva la cruz y la mortificación, paso necesario hacia la gloria. Como bien señala E. Bianchi[7]: “La transfiguración de Jesús indica la meta a la que nos encamina este itinerario cuaresmal, es decir, la resurrección, pues el acontecimiento de la Pascua tiene en esta escena de la transfiguración su anticipación y profecía”.
En síntesis, las lecturas de este domingo nos recuerdan a dónde nos conduce este camino cuaresmal: a ser transfigurados con Cristo, a participar de su Gloria, a la Alianza definitiva. La entrega cuesta y duele, como le costó y dolió a Abraham y al mismo Padre. Y debe ser total, sin reservarnos nada. Pero después viene el fruto maravilloso.
Esta es la pedagogía propia de la cuaresma, que expresa la misma pedagogía de Dios: “Nada más dar inicio en la Cuaresma al camino de la cruz, ya se nos propone el destino último de este camino: la gloria suya y la nuestra. Después de haber leído el domingo pasado la lucha contra las tentaciones y el mal, hoy se nos asegura que el proceso termina con la victoria y la glorificación de Cristo, y que también a nosotros la lucha contra el mal nos conduce a la vida”
Como discípulos, seguidores del Señor, tenemos que asimilar esta pedagogía de Dios en nuestra vida para responderle con una fidelidad activa. Dolores Aleixandre[9] nos lo explica muy bien: “El pasaje inmediatamente anterior a la transfiguración, el del anuncio de la pasión y la resistencia de Pedro, nos recuerda la imposibilidad de separar los aspectos luminosos de la existencia de los momentos oscuros, el dolor del gozo, la muerte de la resurrección. La contigüidad de las dos escenas parece comunicarnos la paradoja pascual: el inundado de luz es precisamente aquel que atravesó la noche de la muerte y el que accedió a la ganancia por el extraño camino de la pérdida […] Al igual que los discípulos, también nosotros necesitamos hacer la experiencia de la proximidad del Dios consolador. Si nunca vivimos ese tipo de experiencias, podemos llegar a dudar de la existencia de la belleza y ver sólo los aspectos opacos de la realidad: la mediocridad que progresa, los cálculos egoístas que sustituyen la generosidad, la rutina repetitiva y vacía que ocupa el espacio de la alegría y la fidelidad. El relato de la transfiguración nos invita a evocar momentos de gracia en los que hemos vivido una experiencia de luz y nuestra vida apareció como transfigurada: el amor se convirtió en certidumbre, la fraternidad se hizo palpable y toda la realidad nos habló un lenguaje nuevo de esperanza y de sentido. Son fogonazos momentáneos que nos revelan el sentido del camino de fe emprendido”.

martes, 12 de agosto de 2014

LA FE EN SANTIAGO 2,14-20

        "La puerta de la fe" (hechos 14, 27), que introduce a la vida de comunión con Dios y permite la entrada en su Iglesia, está siempre abierta para nosotros. Se cruza ese umbral cuando la palabra de Dios se anuncia y el corazón se deja plasmado por la gracia que transforma atravesar esa puerta supone emprender un camino que dura toda la vida. Éste empieza con el bautismo con el que podemos llamar a Dios con el nombre de Padre, y se concluye con el paso de la muerte a la vida eterna, fruto de la resurrección del señor Jesús que, con el don del espíritu Santo, ha querido unir en su misma gloria a cuantos creen en él. Profesar la fe en la Trinidad Padre, Hijo y Espíritu Santo equivale a creer en un solo Dios que es amor: el Padre, quien la plenitud de los tiempos envió a su hijo para nuestra salvación; Jesucristo, y que el misterio de su muerte y su resurrección redimió el mundo, el Espíritu Santo que guía la Iglesia a través de los siglos en espera de retorno glorioso del señor.
 Es muy importante para nosotros, el conoce lo que es la fe. La Iglesia nos invita a celebrar este año el año de la fe, que es un tiempo propicio, para renovar todo lo que lo que es nuestro seguimiento y nuestra fe en Jesús nuestro Salvador.

La fe, para nosotros los cristianos en especialmente tiene que ser de gran importancia, porque es la que nos permite continuar en este peregrinar. Corremos el riesgo, de muchas veces actuar como fariseos, grupo que tanto Jesús crítica. Como veremos más adelante el apóstol Santiago nos invita, al vivir nuestra fe desde las obras, de nada sirve decir que tengo fe cuando en realidad mis obras muestran otras cosas. Nuestra fe siempre tiene que ir de la mano con las obras, si yo digo que tengo fe y no lo demuestro, soy un mentiroso. Es por eso, que la fe tiene que estar cimentada en unas bases fuertes, donde a pesar de la tormenta y de las adversidades que tiene esta vida, ella siempre permanezca y de frutos de una verdadera vida en Jesús
Santiago. (2, 14 – 26)

14. ¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: «Tengo fe», si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? 15. Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario, 16. y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve? 17. Así también la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. 18. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe. 19. ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. También los demonios lo creen y tiemblan. 20. ¿Quieres saber tú, insensato, que la fe sin obras es estéril? 21. Abraham nuestro padre ¿no alcanzó la justificación por las obras cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar? 22. ¿Ves cómo la fe cooperaba con sus obras y, por las obras, la fe alcanzó su perfección? 23. Y alcanzó pleno cumplimiento la Escritura que dice: Creyó Abraham en Dios y fue llamado amigo de Dios.» 24. Ya veis cómo el hombre es justificado por las obras y no por la fe solamente. 25. Del mismo modo Rajab, la prostituta, ¿no quedó justificada por las obras dando hospedaje a los mensajeros y haciéndoles marchar por otro camino? 26. Porque así como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.


La fe y las obras según Santiago.

Antes de comenzar a hablar lo que es la fe en la carta de Santiago, veo importante conocer otras nociones de fe. San Pablo ve en la fe la actitud del hombre, que recibe de Dios por Cristo la gracia de la justificación, (Rom 3,22-31). Según el IV evangelio, el creyente posee ya desde ahora la «vida eterna», es decir, participa por Cristo en la vida misma de Dios, (Jn 3,16. 36). En plena conformidad con la teología paulina y joanica, el Concilio de Trento presenta la fe como la dimensión fundamental de la vida cristiana, Sess. III, cap. 8 (DS 1532). Esta importante primordial de la fe nos obliga a preguntarnos ante todo qué es la fe en sí misma.

El Concilio Vaticano II ha formulado el concepto de fe que pudiera sorprender por su novedad, aunque en realidad es tan sólo una explicación de la doctrina del Vaticano I: “A Dios que revela, se le debe prestar la obediencia de la fe, en la cual el hombre todo se confía libremente a Dios, haciéndole el pleno homenaje de su entendimiento y voluntad, y asintiendo libremente a la revelación…” “el hombre debe responder a Dios por la fe… El acto de fe es por su misma naturaleza voluntario, pues el hombre…, llamado por Cristo a la filiación adoptiva, no puede adherirse a Dios que revela, a menos que, atraído por el Padre, rinda a Dios homenaje racional y libre de la fe”. El acto de fe proviene, según el Concilio, de todo el dinamismo espiritual del hombre, de su entendimiento y de su voluntad; incluye el asentimiento al contenido de la revelación, la obediencia a la palabra divina y la confianza en Dios, que nos salva por Cristo. Por la fe se entrega el hombre a la gracia de Dios y entra en comunión de vida con Él.

Este concepto del Concilio Vaticano II coincide con la noción bíblica de fe. En el AT, el acto de fe es descrito con la fórmula “apoyarse en Dios” Gn 15,6 (“creer a Dios”), que expresa la entrega del hombre a la palabra salvadora de Dios. Creyendo a Dios, se confío Abrahán a la divina promesa, plenamente persuadido de su cumplimiento (Gn 15,1-6; 16,1; Rom 4,20). Israel surgió como pueblo con la fe de Yahvé, el Dios de la Alianza, a saber, con la experiencia de su potencia salvífica, la aceptación de su soberanía y la entrega de su protección (Ex 4,1-31; 14,10-18; Nm 1,4-41). La doctrina monoteísta fue el resultad si o de la experiencia religiosa de Israel, en cuya historia se había revelado Yahvé como el único Salvador: solamente Yahvé es Dios, porque solamente él salva. La Iglesia nació con la fe en el evento salvífico de la Muerte y la Resurrección de Jesús (Hch 2,14-36). Las más antiguas fórmulas de fe cristiana proclamaban a Jesús como «Señor» (Flp 2,11; 1Co 12,3; Rom 10,9).

Por otro lado, tenemos que la fe no se puede oler, ni oír, ni ver, mi papar, ni tiene sabor; la fe se ve por las obras que la que la acompaña.

La gente tergiversa el significado de la palabra tales como arrepentimiento y arrepentirse, hasta el punto de convertirlas en una palabra sin significado. Llega a creer que arrepentirse es el hecho de pronunciar la frase: "yo me arrepiento", como si tal frase tuviera alguna facultad en sí misma, igual que él "sésamo ábrete" o el "abracadabra" del cuento.

Lo mismo ha pasado con la palabra "fe". Para muchos tener fe significa simplemente "creer". En ese caso, en el mundo todos tienen fe. Hay quien cree que cuatro más cinco son nueve; otros creen en que la tierra es redonda; otros tienen fe en que mañana también va a salir el sol, etc. Es más, como dice el mismo Santiago, los demonios creen en Dios. ¿Es solamente eso lo que se llama tener fe?

Hay incluso quienes a la más necia autogestión, le llaman fe. Hay quien cree ser un héroe de la fe, porque se sienta en su casa a echarse fresco a la vez que "cree con fuerza". Decir que uno cree, que uno tiene fe, o que uno está arrepentido, es tan sencillo como decir lo contrario. Hablar no paga impuestos.  ¿Cómo saber entonces y entre los muchos palabreros quien es el que de verdad tiene fe? Ya parte eso es lo que nos viene enseñando Santiago en 2, 14 – 26. En forma resumida puedo decir que lo que Santiago declara es que cuando alguien dice tener fe, y a esa fe no le acompañan las obras que provoca una verdadera fe, el que tal fe proclama tener es un mentiroso. Ésa actitud mental de Santiago con cuerda con lo dicho por el Señor "... por sus frutos los conocerán..."

 En el versículo 14, se nos dice ¿acaso esa fe (muerta) podrá salvarlos?, la única respuesta a esta pregunta es "no". Si la fe no es más que una creencia, el que pretende poseerla puede decir que cree, pero esa afirmación no basta para demostrar que se trata de una verdadera fe.

El autor presenta un caso que muestra la inutilidad de la fe sin obras. Si uno despide la persona indigente con buenas palabras, sin brindarle la ayuda necesaria, no hace nada para librarse del juicio divino y para obtener la salvación. En 1,19, Santiago estableció una conexión entre el escuchar y el actual; ahora hace lo mismo con el hablar y el actual. Las palabras amables bien intencionadas y piadosa son suficiente (e incluso contraproducente) cuando se sufre hambre y frío. El hambriento no se sacia con palabras, ni el que tiene frío recibe de ellas calor. De ahí la conclusión: la fe sola es lo mismo que un cadáver.

En los versículos 18-19, el autor pone frente a sí a un interlocutor imaginario. Está introducción de un adversario potencial mediante el pronombre indefinido “alguien” es un procedimiento literario propio de la diatriba. Presunto adversario establece una antítesis puramente teórica (tú tienes fe y yo tengo obras) con la sola finalidad de permitir que Santiago exponga su propia refutación. La expresión "y yo tengo obra" (contrapuesta al tiene fe) no designan un hecho real, y ni siquiera una posibilidad concreta, ya que no existe sentido en el contexto de la carta hablar de obra sin fe. La respuesta a esta objeción no se hace esperar: muéstrame esa fe sin obras y yo te mostraré la fe con mis obras (v. 18).

En el versículo 24 (el hombre es justificado por las obras y no sólo por la fe) presupone una concepción de las obras y de la fe distinta de la de Pablo. Las obras no son las obras de la ley, sino acciones que pertenecen a la fe y brotan de ella. Esta fe, a diferencia de Pablo no abarca toda la existencia cristiana, sino que se refiere al reconocimiento del único Dios, que Santiago compara irónicamente con lo que creen los demonios (2.19). Éste reconocimiento no se traduce en una práctica consecuente, y por eso deben completarse la fe y las obras. Sin las obras, la fe es una cosa muerta.

Las obras, según Santiago, están subordinadas a la fe. la justificación se realiza únicamente cuando, a partir de la fe en el único Dios, se realizan las obras que acreditan la autenticidad de la fe. Esta construcción, a pesar de emplear un lenguaje diverso, no está lejos de la concepción Paulina. En todo caso, Santiago 2,24 se dirige contra un paulinismo que no es fiel al pensamiento del apóstol.

Como es lógico, Santiago no tiene nada que objetar contra una fe que confiese, por ejemplo, la unicidad de Dios. Si alguien cree que existe un solo Dios, hace bien (v. 19). Pero lo que viene a continuación revela la insuficiencia de desastre incluso ironiza sobre ella, porque una fe sin incidencia en la vida no establece una diferencia entre los hombres y los demonios los demonios también creen y sin embargo tiemblan.

El ejemplo Abraham le sirve a Santiago para confiar su enseñanza. El autor se suma así a la tradición y exegética judía, que ve en Abraham no sólo el justo y obediente por antonomasia sino también el modelo de fe.

En los capítulos dos y tres Santiago contesta a la pregunta "¿Cómo podemos reconocer la fe? ¿Cómo se hace visible? ¿Cómo podemos darnos cuenta de si nosotros mismos o si otras personas tienen fe? Y sugiere tres cosas que nos explican lo que es la fe: en primer lugar, no debe de haber parcialidad ni prejuicios. Si un hombre tiene prejuicios contra otro, por causa del color de su piel o por su dinero, tratándole como si no fuese nadie sencillamente por no ser rico o por no tener el color de piel indicado, evidentemente no tiene fe, nos dice Santiago. Si viene un hombre pobre a la iglesia y le dices: "Vaya y siéntese usted ahí, en ese rincón, pero te inclinas ante el rico y le llevas al primer banco, asegurándote de que esté cómodo, y le entregas un himnario indicándole el himno que se está cantando, interesándote por él, nos dice: "no relaciones eso con la fe en Jesucristo porque una actitud elimina la otra y no se puede manifestar la fe de esa manera. La fe destruye los prejuicios.

La fe se hace visible por los hechos mismos de misericordia. Santiago era eminentemente práctico. Imaginemos que apareciese alguien a la puerta, diciéndonos "no tengo nada de comer y en casa estamos pasando hambre. Y le dices: "está bien, hermano, siento lo que está usted pasando. Oremos juntos. Y orases por él diciendo: "Vaya en paz, hermano, el Señor le resolverá el problema. Santiago nos dice: "¡Serías un hipócrita! y no tendrías fe ni mucho menos. Si tu fe no te lleva a compartir con tu hermano que se encuentra muy necesitado, hay algo que está terriblemente mal en tu actitud. No tienes fe porque la fe de Jesucristo, significa que tienes, de hecho, la vida del Señor Jesús. ¿Te imaginas al Señor tratando de ese modo a una persona necesitada? El Señor hubiese dado su misma capa, hubiera hecho cualquier cosa por cubrir la falta y la necesidad de esa persona. ¿Puede, por lo tanto, la compasión cristiana endurecer tu corazón ante las necesidades de los que nos rodean, ya sea a nivel emocional o físico? De modo que si quieres que tu fe se vea y sea reconocida, debe manifestarlo por medio de las obras. Es por esto por lo que el Señor Jesús dijo que a la hora del juicio diría: "Porque tuve hambre, y sed y estuve en la cárcel, necesitado y no hiciste nada por mí. (Mat. 25:42, 43)

Por otro lado, podemos decir que vivir la fe en tiempos de crisis y como compañera de vida es entonces ser conscientes de que allí donde estoy, la Iglesia se hace presente y se hace presente a través de mi palabra, de mis obras y de mi ser, en otras palabras se hace presente en mi ser Cristiano, en mi ser en Cristo, desde la praxis de Jesús que se consolidad en mi ser un sujeto libre y responsable, en mi ser un cristiano audaz y atrevido. Esta fragilidad de mi ser hombre, me permite llevar a Dios a otros frágiles y vulnerables, presentándoles a un Cristo como revelación de ese Dios que se hace uno con nosotros desde el don de la fe, un Dios que no se impone, sino que desde la solidaridad, asume nuestra fragilidad y vulnerabilidad y la transforma  en fortaleza y confianza, en fe como compañera de vida.  Y por eso somos cristianos, porque Él con su gracia nos llama y nos capacita.
Conclusión


            La que nos permite tener ese encuentro más íntimo con Dios, confiando en él y en su palabra. La fe es la que no va a permitir que nosotros pongamos toda nuestra confianza en el que yo en lo que creemos, de igual forma no impulsa abandonarnos completamente en la mano de Dios.

            Por otro lado, tenemos conciencia de que la fe católica está pasando por una situación muy desfavorable. La fe es un regalo que se nos da, se trata de un momento muy especial un llamado de nuestra propia conciencia que nos invita a creer y abandonarnos en las manos de aquel que no formó, y que sabemos que no nos va a dejar solos. Sólo la fe nos puede llevar a creer que es necesario pasar por el dolor, la renuncia, el sufrimiento, la muerte, para pasar luego a la vida, al gozo y en la resurrección; de otra manera no tendrían sentido eso que llamamos fe.

            Es el momento de ponernos ante Dios, y ante nuestro prójimo, empezando por los más próximos y ante nosotros mismos, para hacer la revisión de nuestra vida. Es necesario que con nuestra fe, se demuestre que creemos en Dios y en su Hijo amado, y que con el espíritu Santo nos impulsa para que nuestra fe produzca frutos, para qué no se nos diga cómo dice Santiago "muéstrame tu fe sin obras, y yo te mostraré mi fe a través de las obras". Nuestra fe tiene que ser una fe viva y no muerta, una fe que esté unida a las obras. 

viernes, 16 de octubre de 2009

EL QUE QUIERA LLEGAR A SER GRANDE ENTRE USTEDES,

TEXTO Mc. 10,35-45
35 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: "Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos."36 El les dijo: "¿Qué queréis que os conceda?" 37 Ellos le respondieron: "Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda."

38 Jesús les dijo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?"

39 Ellos le dijeron: "Sí, podemos." Jesús les dijo: "La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado."

41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. 42 Jesús, llamándoles, les dice: "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos."



REFLEXION
35 Se acercan a él Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, y le dicen: "Maestro, queremos, nos concedas lo que te pidamos." 36 El les dijo: "¿Qué queréis que os conceda?" 37 Ellos le respondieron: "Concédenos que nos sentemos en tu gloria, uno a tu derecha y otro a tu izquierda."

Previamente hemos de recordar que Jesús va en dirección a Jerusalén y los discípulos tienen la convicción de que el maestro se presentara como un mesías triunfante; el deseo del poder crece en ellos y antes que se dé la gesta liberadora se busca asegurar puestos de dominio.

Lo que piden estos discípulos es un puesto terrenal, y así ellos reflejan el concepto de un Mesías popular de orden político. Las posiciones que ellos exigen corresponden el estar en ambos lados de un rey con prestigio.

El trono de Jesús no será de prestigio sino más bien de deshonra y los que estarán a su lado (dos ladrones) no tienen tampoco prestigio alguno.

38 Jesús les dijo: "No sabéis lo que pedís. ¿Podéis beber la copa que yo voy a beber, o ser bautizados con el bautismo con que yo voy a ser bautizado?"

Jesús entiende lo que piden y por eso rechaza la petición (No sabéis lo que pedís); y ante la situación les ofrece otra propuesta más radical y profunda en dos figura y dos símbolos: Figuras:1) pasar el trago 2) ser sumergidos; símbolos: copa y agua. Si usted se fija atentamente figura y símbolos son inseparables ya que una lleva a la otra. Ambas imágenes no recuerdan la pascua y el éxodo. El paso (pascua) que deben dar, es morir para renacer, y esto solo se logra desde el estar sumergidos en el dolor compartiendo la misma suerte del maestro: morir y resucitar


39 Ellos le dijeron: "Sí, podemos." Jesús les dijo: "La copa que yo voy a beber, sí la beberéis y también seréis bautizados con el bautismo conque yo voy a ser bautizado; 40 pero, sentarse a mi derecha o a mi izquierda no es cosa mía el concederlo, sino que es para quienes está preparado."

La cruz de Jesús es donde se verá la realeza del maestro, el trono no será de poder, prestigio y aplausos. La cruz no es el signo del poder mesiánico que esperan tanto los israelitas como los discípulos. El puesto de la derecha y la izquierda será de los crucificados.

41 Al oír esto los otros diez, empezaron a indignarse contra Santiago y Juan. 42 Jesús, llamándoles, les dice: "Sabéis que los que son tenidos como jefes de las naciones, las dominan como señores absolutos y sus grandes las oprimen con su poder. 43 Pero no ha de ser así entre vosotros, sino que el que quiera llegar a ser grande entre vosotros, será vuestro servidor, 44 y el que quiera ser el primero entre vosotros, será esclavo de todos, 45 que tampoco el Hijo del hombre ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos."

Los judíos conocían muy bien el modelo de lo opresión de los romanos quienes eran brutales y tiranos a la hora de imponerse. Aquí Jesús busca recordar a los discípulos que esta práctica de tiranía y dominio no debe ser así entre ellos. La grandeza que Jesús pide a sus discípulos esta en termino de servidumbre. Desde el servir Jesús redefine la misión expectante que se tiene del Mesías.
El deseo de poder causa indignación en el grupo de los discípulos, esta ambición por el poder recuerda la división de Israel (Cf. 1Re 12,1ss).

Esta situación es corregida por Jesús al presentar el ejemplo del poder absolutista y totalitario de los poderosos, que no genera una igualdad de fraternidad. La nueva comunidad que nace del discipulado excluye absolutamente todo dominio sobre otros. La grandeza de sus miembros no consiste en estar por encima de los demás, es estar al servicio de los demás. Estar con los demás, el discípulo se pone voluntariamente junto al que sufre el dolor y opresión, pero no como oprimido sino como servidor libre y liberador. Queda establecido que la misión del discípulo no es dominar es liberar, por supuesto que aprendiendo a ser liberado también por el pobre.

Con los vv 43-44 a los discípulos le queda en claro que para afirmar la propia vida y asegurar la felicidad y la libertad no debemos dominar a los demás, por que el crecimiento no es manipulando, dominando y oprimiendo. Jesús ofrece una nueva alternativa para encauzar la vida y ser auténticos, esta alternativa consiste: aprender a servir desde una postura de amor fraterno, dar desde la generosidad es la única autoridad que no domina, no amenaza, no manipula o soborna.

Estimado lector antes de decirte chauuuuu…. Reflexione en este párrafo:

Gastar la vida no es algo que se haga
con gestos extravagantes y falsa teatralidad.
La vida se entrega sencillamente,
sin publicidad,
como el agua de la fuente,
como la madre que da pecho a su hijo,
como el sudor humilde del sembrador.

viernes, 6 de marzo de 2009

ESTE ES MI HIJO AMADO, ESCUCHADLE

Texto Mc. 9,2-10

2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3 y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.

5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados
7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escuchadle." 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de "resucitar de entre los muertos."




REFLEXION

2 Seis días después, toma Jesús consigo a Pedro, Santiago y Juan, y los lleva, a ellos solos, aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos, 3 y sus vestidos se volvieron resplandecientes, muy blancos, tanto que ningún batanero en la tierra sería capaz de blanquearlos de ese modo. 4 Se les aparecieron Elías y Moisés, y conversaban con Jesús.


Los tres discípulos que acompañan a Jesús, son los más característicos del grupo, pero son los que mayor resistencia ofrecen al mensaje de la buena nueva. La transfiguración anticipa lo que será la condición de resucitado, sus vestiduras son condición de su gloria divina. Los dos personaje, Elías (padre los profetas) y Moisés (padre la ley), representan la totalidad del Antiguo Testamento, que ya no tiene ya un mensaje directo para los judíos porque solo hablan con Jesús y no con los discípulos, en una palabra todo se juzgara a partir de Jesús y no desde la antigua ley.

5 Toma la palabra Pedro y dice a Jesús: "Rabbí, bueno es estarnos aquí. Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías"; 6 - pues no sabía qué responder ya que estaban atemorizados

La actitud que tiene Pedro es muy llamativa, ya que al llamar a Jesús como maestro “Rabbí”, le está reconociendo como un fiel seguidor de la tradición judía; de esta manera la pensamiento de Pedro sigue adherida a su tradición, además su manera de ver aquel hecho de la transfiguración, es tratar de integrar el mesianismo de Jesús en las categorías del Antiguo Testamento, porque al querer levantar tres chozas, seria en reminiscencia a la tienda de las citas del antiguo testamento. No ve la gloria que se ha manifestado, que es expresión del amor de Jesús, que busca liberarlos de los ideales nacionalista y liberarles de la mentalidad ritualista del Antiguo Testamento.

7 Entonces se formó una nube que les cubrió con su sombra, y vino una voz desde la nube: "Este es mi Hijo amado, escuchadle." 8 Y de pronto, mirando en derredor, ya no vieron a nadie más que a Jesús solo con ellos.

La identidad de Jesús se revela atreves de la voz que viene del cielo, y es a quien se debe escucha por encima de Elías y Moisés. Esta voz que los indica como el Hijo amado, hacen que las voces del Antiguo Testamento enmudezca. El amor del Padre revelado en la alianza, ahora se manifiesta en Jesús, la alianza hecha hombre y vida. Po otra parte, el Padre quiere revelar a los discípulos quien es Jesús. A pesar del miedo que tienen los discípulos, se señala la estrecha relación entre el Padre y Jesús; el término “amado” acentúa más profundamente la relación del Padre con el Hijo.

9 Y cuando bajaban del monte les ordenó que a nadie contasen lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. 10 Ellos observaron esta recomendación, discutiendo entre sí qué era eso de "resucitar de entre los muertos."

Otro aspecto que se nos revela la transfiguración (además de la gloria anticipada de Jesús), es que manifiesta la gloria definitiva del hombre dotado de condición divina. Lamentablemente los discípulos han disociado la transfiguración de Jesús, para seguir pensando en un mesianismo terreno, un mesianismo político religioso, por eso no entendían que era eso de “resucitar de entre los muertos.

La transfiguración no tiene fin en sí misma, está orientada hacia pascua. La transfiguración es una ráfaga del futuro que se ha introducido en el presente. Para vivir esta experiencia de la transfiguración, debemos hacer caso a la invitación del Padre que nos ofrece ver y escuchar en el hijo amado la voz de la vida, y el loco amor de Dios hacia el hombre.

sábado, 7 de febrero de 2009

TODOS TE BUSCAN

TEXTO

Mc. 1,29-39

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. 31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;
33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. 34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca; 37 al encontrarle, le dicen: "Todos te buscan." 38 El les dice: "Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido."

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.


REFLEXION

29 Cuando salió de la sinagoga se fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés.

De un lugar, como es la sinagoga que representa la institución privada, Jesús pasa a la casa de uno de sus seguidores. La casa de Simón no representa la institucionalidad judía al contrario es el lugar de aquellos que se les ha negado el derecho de haber sido bendecidos por Dios. La casa pertenece a los dos hermanos, tampoco aquí se en encuentra la figura del padre. Es muy llamativo que Santiago y Juan son la representación del Israel tradicional (Cf Mc 1,20) mientras que Simón y Andrés – que no han asistido a la sinagoga y por ende no han guardado el sábado-, representan la comunidad disconforme. El estar estos dos grupos de hermanos tan distintos cada uno de ellos en un mismo techo, los une el vínculo de la hermandad y no de la sangre. (Cf Mc 3,34; 10,29ss).

30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre; y le hablan de ella. 31 Se acercó y, tomándola de la mano, la levantó. La fiebre la dejó y ella se puso a servirles.

Al llegar a la casa recibe la información de cómo se encuentra la mujer (le hablan de ella). El evangelista no precisa quien da la información. Son intermediarios anónimos (quizás podemos decir que Simón y Andrés como sujetos tácitos, seria forzar el texto a decir lo que no dice). A los informantes no les preocupa que sea día sábado en la que estaba prohibido curar en sábado (Cf. Mc 3, 1-7), para ellos lo más importante es la persona por encima de la ley.

La situación de la mujer se describe de dos maneras. Primero es una mujer que esta postrada (yacía en la cama). Segundo aspecto, la causa de su postración es la fiebre, y se menciona dos veces esta palabra (fiebre/pyressousa o pyretos, ambas tienen la raíz de la palabra fuego – pyresso). La fiebre impide la actividad y en particular el servicio a los demás, y sobre todo el poner en práctica la acogida. Liberar de la fiebre para el evangelista, significa capacitar para el servicio.
La acción de Jesús al acercarse, tocarla y levantarla es de liberación de una opresión ya que la priva de la vida y la actividad. Es de hacer notar que es Jesús quien se acerca mostrando su interés y deseo en poner fin a una situación que no genera vida. Jesús no pronuncia palabra alguna, son sus gestos los que hablan por él. El efecto del contacto se concreta en el servicio a los huéspedes.

32 Al atardecer, a la puesta del sol, le trajeron todos los enfermos y endemoniados;
33 la ciudad entera estaba agolpada a la puerta. 34 Jesús curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios. Y no dejaba hablar a los demonios, pues le conocían.


La determinación temporal (atardecer) indica escasez e revela una situación de tinieblas, incluso en otros momentos esta misma precisión temporal significara incomprensión de las personas a la misión de Jesús.

A la puesta del sol, indica que ya termina el día sábado y así cesa la obligación del día festivo. Con la puesta del sol marca la frontera entre el tiempo sagrado y el tiempo profano. Ahora estas dos determinaciones temporales (atardecer y puesta del sol), la primera indica incomprensión y la segunda enseñanza de la tradición.
Lo ocurrido en la sinagoga, abre a la esperanza para que Jesús solucione los problemas de tantos afligidos. Pero, es muy peculiar que quienes llevan a los enfermos han esperado hasta que termine el sábado justo hasta la puesta del sol para no violar la ley, en una palabra son personas que creen en la doctrina, y así la enseñanza oficial sigue haciéndose presente en sus actos.

Justo al caer la tarde le llegan a Jesús dos clases de gente los enfermos y endemoniados. Ambos grupos sufren y simbolizan la opresión social (estar enfermos y ser considerados malditos) y la opresión ideológica (estar dominados no solamente en el pensamiento sino también en el alma)

La ciudad entera estaba aglomerada a la puerta, indica que la fama de Jesús ha llegado al máximo, pero Jesús no sale de la casa, no quiere hacer contacto con los nuevo partidarios, el entusiasmo sin la toma de conciencia del seguimiento discipular es inaceptable ya que todos aquellos que están a la puerta no han cambiado de valores, solo buscan cambiar de líder. Para ellos Jesús viene a cuestionar la institución y sus abusos, pero manteniendo sus principios de tradición doctrinal. Jesús no está dispuesto asumir el papel de líder reformista.

Las distintas curaciones que hace Jesús en Cafarnaúm, no son una solución total pero si un alivio. El texto no describe el cómo eran curados, solo le interesa preponderar los resultados del acto. El estar mal aminora la vida o produce la muerte. De esta manera el evangelista Marcos demuestra que la enfermedad y la alienación del espíritu no vienen de Dios, ni son voluntad suya, el Reino de Dios tiende a restituir al hombre y a eliminar todo aquello que opaca la verdadera imagen de Dios en el hombre.

A los endemoniados no le “dejaba hablar, pues le conocían” es algo casi parecido a lo ocurrido en la sinagoga, ya los endemoniados buscar decir casi los mismo lo que habían dicho en la sinagoga (“se quién eres tu…el consagrado de Dios”) Intentar identificar a Jesús con la expectación popular y con la doctrina oficial, no hacen una proclamación de fe porque no han vivido el cambio exigido del reino.

35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración.

Aparecen dos nuevas determinaciones temporales (Mañana y Oscuro), en la que insiste en la falta de luz. La salida temprana de Jesús es para poder continuar su misión y no quedar atrapado en Cafarnaún con las pretensiones de la gente en hacerlo un líder religioso – político.

Se enfatiza que Jesús en aquel lugar solitario se puso hacer oración, ha salido del poblado donde están muy presentes los principios doctrinales de la ley, y aquí donde Jesús ora es abierta ruptura con lo institucional, porque no hay sinagoga ni templo.

36 Simón y sus compañeros fueron en su busca; 37 al encontrarle, le dicen: "Todos te buscan." 38 El les dice: "Vayamos a otra parte, a los pueblos vecinos, para que también allí predique; pues para eso he salido."

Va parecer extraño lo que afirmo, pero la acción de Jesús en Cafarnaúm es un fracaso, la gente le sigue pero no entienden que el Reino de Dios es una alternativa. La misión está en peligro, ya que la ideología sigue en las mentes de la gente.

Las palabras de todos que le dicen “todos te buscan” se refiere a la población de Cafarnaúm con la intención de retenerlo en la ciudad y hacerlo su líder milagrero-político-religioso. De hecho Simón y aquellos que le acompañan se hacen portador e intermediarios del deseo de las personas del pueblo. El deseo es oculto, ellos quieren que Jesús inicie el enfrentamiento con la institución en Cafarnaúm. La misión no la entienden porque las acciones y palabras de Jesús no están centradas en la lucha con la institución judaica, sino en la creación de una alternativa a ella.

La respuesta de Jesús se opone totalmente al deseo de las personas, indicando así su rechazo de todo lo implica la búsqueda por parte de las personas. La decisión está tomada, Cafarnaúm no es la sede de la predicación del Reino de Dios. En las palabras de Jesús hay una nueva propuesta: vayamos a otra parte. Estas palabras implican renunciar a sus propósitos y recordar la finalidad que se propone: El Reino de Dios ha llegado.

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

El texto culmina indicando que la actividad de Jesús sigue la pauta ocurrida en la sinagoga (Cf Mc 1,21), pero ahora no enseña, ahora se proclama, se predica el anuncio el Reino de Dios que es superación de la institución judía. El mejor lugar para un público que escuchara sus palabras era la sinagoga; desde allí buscara generar nuevos horizontes de vida, suscitar espíritu crítico sobre la situación existente y deseos de cambios.

Concluimos haciéndonos unas preguntas ¿qué son nuestros templos, lugares de alternativa para la vida donde se suscita el espíritu crítico y se abren horizontes? ¿Será acaso lugar de doctrina y cumplimiento? Usted tiene la palabra

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra