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sábado, 3 de marzo de 2018

QUE DIOS TE GUARDE EN LA PALMA DE SU MANO


Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.

Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.

Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.

Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.

Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.

Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.

Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.

Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.

Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño.

Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.

Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.

Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones.

Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.

Que la tierra se vaya haciendo un camino ante tus pasos.
Que el viento sople a tus espaldas.
Que el sol brille cálido sobre tu rostro.
Que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos.
Que todo don de Dios crezca en ti, y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos ames, y hasta tanto volvamos a encontrarnos... Que Dios te guarde en la palma de su mano.
JML


sábado, 23 de diciembre de 2017

La Natividad de Jesús: un relato actual

Luego de la muerte de Herodes, en el 4 a.C., la región entró en un proceso de inestabilidad sociopolítica y empobrecimiento económico, agravado por una crisis religiosa. Se cuestionaba la presencia romana que deificaba al César oprimiendo a los que se le oponían. Juan el Bautista describirá la situación de corrupción, extorsión y falsa religiosidad (Lc 3,10-15).
Se anhelaba la paz, pero para la cultura mediterránea la paz era lo que César Augusto había logrado: él había unificado al Imperio trayendo «la paz al mundo», pero lográndola por medio de la violencia, la dominación de los pueblos, el saqueo de los bienes y la esclavitud. Era una paz que favorecía la abundancia de pocos y la escasez de bienes para muchos, haciendo uso de la moneda romana para generar mecanismos cambiarios que producían inmensos beneficios económicos.
En este contexto nace Jesús. El anuncio del ángel acontece en medio de condiciones adversas. La fragilidad del niño en un pesebre contrastará con el poder de César Augusto, a quien se le llamaba «El salvador del mundo». Los primeros cristianos se preguntarán cuál es la verdadera salvación ¿la que controla y ofrece dádivas?
María, la madre de Jesús, participaba de la espiritualidad de los pobres de Yahveh, que se recoge en el Magnificat. Ahí se le ora a un Dios que se aparta de los que se aferran al poder y al dinero, y se hace cercano a los problemas de los humildes y hambrientos (Lc 1,51-53). Jesús vive esta misma espiritualidad. Él cree en un Dios que no trae la salvación por medio de prácticas religiosas, sino sanando los corazones rotos y viviendo compasivamente (Sal 50).
El anuncio es también recibido por los pastores, que eran considerados laxos en el cumplimiento de la ley y por tanto pecadores. Los evangelistas hacen uso del recurso literario llamado angelofanía: muestran una multitud de «legiones» de ángeles para dar gloria a Dios «en las alturas» y anunciar en la tierra «paz a todos» porque «el Señor los ama» (Lc 2,13-14). Es un himno que contrapone la paz impuesta por las «legiones romanas» con esta otra anunciada por las «legiones angélicas». Así se simboliza el querer divino: la «gloria de Dios» es que toda persona viva bien, sin miedos y en libertad.
El anuncio se da durante la noche. Ofrece una nueva «luz», una esperanza que permitirá vivir de otro modo (Lc 1,78-79). Es una luz que no tendrá su origen en el dios Apolo, el padre de César, pero tampoco en el Dios del Templo. Esta luz proviene de las «entrañas de misericordia de Dios» que quiere iluminar a todos sus hijos para que no vivan con desesperanza. La luz permite ver un modo de ser humano que se realiza construyendo «la paz social», fraternizando, buscando el bien común y la justicia para todos, independientemente de creencias religiosas o adhesiones ideológicas. Es una invitación a dejar atrás la venganza, el odio, la envidia y el resentimiento para construir caminos de bienestar.
El nacimiento de Jesús se representa en Belén, siguiendo la tradición mesiánica (Miq 5,1; Mt 2,5-6; Jn 7,42), para desmontar una proclamación imperial: es Jesús, y no Augusto, el único Mesías; es Belén, y no Roma, la ciudad donde se inicia la verdadera paz; fueron los pobres, y no los ricos y poderosos, los que apostaron por un cambio. En un mensaje que trae esperanza a todos: «no teman»» (Lc 2,10-11). En fin, es un mensaje que sigue siendo actual en nuestros días y nos abre el camino para creer que sí es posible un modo de ser más humano, sin miedos y en libertad.

miércoles, 23 de diciembre de 2015

LLEGO EL TIEMPO DEL PARTO Lc 2,1-14


El evangelista Lucas presenta:

  1. El entorno histórico temporal del nacimiento de Jesús.
  2. Una profunda resonancia mesiánica en la que se resalta la figura David, el pueblo de Belén, la paz y la salvación (Cf Mal. 5,1).
  3. La teología pascual, es decir el nacimiento de Jesús se ve desde el acontecimiento de la resurrección y la espera del día de su retorno, razón por la cual durante el adviento las oraciones siempre enfocaron la espera con carácter escatológico.

 A pesar de todos los elementos antes indicados es un nacimiento pobre, José y María son gente desconocida en el pueblo de belén. Es algo absurdo, no hay sitio para el Dios de Israel en la sociedad humana. Así se deja bien en claro que el camino de Dios no igual al camino de los hombres.

El signo más humano del Dios con nosotros (Emmanuel) son los pañales de un niño. Es una señal que disloca los honores humanos. Los primeros invitados son aquellos que son los últimos; los pastores son los embrutecidos, los menos preciados y marginados, en una palabra los proscritos de la sociedad son los primeros en enterarse del nacimiento de un niño que cambiaría la historia en un antes y un después. Los pobres serán los predilectos del niño del pesebre cuando los evangelios nos hablen del hombre crecido en edad, estatura y sabiduría. Donde no hay sintonía entre los creyentes y los pobres la buena noticia de Dios no llega a ser salvadora, su encarnación pasa desapercibida 

Otro dato muy alentador del texto es que, en medio de la noche y de la marginación  Dios da la paz, la alegría y la salvación. Paz, alegría y salvación serán los primeros dones que Dios ofrece a la toda la humanidad. Hoy estos dones siguen siendo los más necesitados para el planeta. 

Encontrar al niño en pañales es encontrar a Dios. Con este niño Dios deja de ser el excelso y sublime al que no podemos llegar, Dios se ha hecho cercano, pequeño como nosotros. El evangelista insiste 3 veces en el pesebre, porque es el único lugar de la tierra donde descansa Dios. En aquel lugar Dios ha hablado, no ofreciendo palabras sino haciéndose carne y asumiendo nuestras interrogantes y sufrimiento. Dios nace para vivir él mismo nuestra aventura humana.

En esta navidad 2015 hemos de aprender de:

  1. Los pastores quienes se pusieron en camino para encontrarse con Dios, ya no en el templo sino en la vida humana misma. Los pastores indican la dirección donde buscar el misterio de la navidad: “Vayamos a belén”
  2. María santísima que conservando en el corazón convirtió en experiencia de Dios aquel momento.

Celebrar el misterio de la encarnación de Dios  es siempre para nosotros los cristianos y todas las Iglesias una llamada a renacer, a reavivar la alegría, la esperanza, la solidaridad, la fraternidad y la confianza total en Dios nuestros Padre.

Si Jesús no es buena noticia de paz, alegría y salvación, reducimos esta fiesta de su nacimiento  a un bienestar individual, un gozo religioso egoísta olvidando que la razón de nuestra navidad es que nos ha “nacido un salvador” en quien podemos poner la esperanza, y clara verdad que el momento presente no es definitivo. Si no sentimos en lo más hondo de la vida que Dios es nuestro salvador no hay navidad.

A pesar de los signos prodigiosos; la noche llena de claridad y la multitud de los ángeles, el centro está ocupado por un niño envuelto en pañales. Con justa razón Santa Teresa de Lisieux dijo con fe clara y alegría plena: “Yo no puedo temer a un Dios que se ha hecho tan pequeño por mí… ¡Yo le amo!” El niño del pesebre nos recuerda que la presencia de Dios no responde siempre a nuestras expectativas, pues se nos ofrece donde nosotros menos lo esperamos, por ejemplo en la oración, en el silencio, en las lágrimas de un niño, en la soledad de un anciano, en el rostro de cualquier hombre o mujer.

Amigos y amigas online, de verdad que me siento muy horrando por cada uno de ustedes que no conozco directamente, y leen esta líneas virtuales, me imagino que las critican, las copian, las amplían, las reflexionan más en profundidad que yo, etc.,  doy  gracias, y quiero desearles una FELIZ NAVIDAD, mil gracias Dios nuestro Padre por tenerlos tan cerca en la fe y tan distantes en el espacio y tiempo.



Dios los bendigas y los guarde a todos y a todas en su amor.








sábado, 5 de diciembre de 2015

VINO LA PALABRA DE DIOS EN EL DESIERTO Lc. 3,1-6


Amigos(as) y Hermanos (as), permitente por un momento narrar la palabra de Ba 5,1-9.

Estamos en el segundo domingo de Adviento, damos un segundo paso en la que se nos invita preparar la venida de Dios desde la justicia, la bondad y la verdad. Urge en este segundo domingo del adviento dejar las vestiduras de luto y aflicción, y vestirnos para siempre con el manto de la justicia de Dios  “en la paz, en la justicia, en la gloria y en la piedad”
En adviento hay que limpiar la mirada y contemplar más allá de los límites para encontrarnos con los hombres y mujeres del oriente y occidente que "son escoltados con la misericordia y la justicia de Dios" (Cf Fil 1,4-6.8-11).
En adviento hemos de ser memoriosos en dar gracias a Dios por tantos hombres y mujeres que han dado toda su vida por el evangelio, y nos resta eso amarlos “con el amor entrañable con que los ama Cristo Jesús” (Cf Fil 1,4-6.8-11).
En adviento hemos de ser agradecidos, para escoger siempre lo mejor que hemos vivido en fraternidad y humanidad, y así llenos de los frutos de la justicia” participemos de la gloria  y alabanza de Dios en Cristo Jesús.
Ahora bien retomando el evangelio de Lc 3, 1-6 nos ofrece una imagen muy elevada del Bautista y sobre todo en su mensaje que es de penitencia y conversión. Esta predicación está situada en un marco histórico de dos coordenadas la civil: el cesar, el procurador, los distintos tetrarcas, y la coordenada religiosa: los  sumos sacerdotes del momento.  
En el marco de los poderes políticos y religiosos “vino la palabra de Dios en el desierto sobre Juan hijo de Zacarías”. No se dice geográficamente la localización de la predicación de Juan el Bautista, habla de manera genérica de la comarca del Jordán, y la referencia al desierto es simbólica, indicando que es lugar de conversión y encentro con Dios, me atrevo a decir que ese lugar será en las palabras de Juan el Bautista. Dios se encuentra en la historia y cruza su palabra con las palabras de los hombres.
Juan el Bautista es un hombre que no pertenece a ninguna jerarquía, no tiene dinero, no posee un poder ni autoridad alguna sobre la sociedad, pero es el único que escucha la palabra que trae el viento del desierto y se hace portador de la misma. No se impone, solo indica que debemos hacer: preparen el camino del Señor. Este camino es también camino de las mujeres y hombres que junto a Dios debe ser recto, derecho y allanado, es decir un camino digno de los que son imagen e hijos de Dios.
En nuestra realidad hemos hecho de la vida senderos tortuosos y ásperos que no son la caminos de Dios sino más bien calvarios de vida. Estos senderos tortuosos y ásperos surgen porque no somos capaces de entablar relaciones de amor y amistad.
No basta con cambiar el interior; el camino y los senderos que hace mención Lc 3,1-6, es a algo que tiene relación  con todos, a un mundo nuevo, a una nueva sociedad, al Reino de Dios. No se puede ver la salvación sino hay conversión, si no hay cambio, si no hay praxis concreta del compartir y la solidaridad con los más pobre y empobrecidos de nuestra historia aquí y ahora.
!Hasta pronto amigos y amigas online¡

sábado, 3 de julio de 2010

SUS NOMBRES ESTAN ESCRITOS EN EL CIELO

Texto.
1 Después de esto, el Señor designó a otros setenta y dos, y los envió de dos en dos para que lo precedieran en todas las ciudades y sitios adonde él debía ir. 2 Y les dijo: «La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rueguen al dueño de los sembrados que envíe trabajadores para la cosecha. 3 ¡Vayan! Yo los envío como a ovejas en medio de lobos. 4 No lleven dinero, ni alforja, ni calzado, y no se detengan a saludar a nadie por el camino. 5 Al entrar en una casa, digan primero: “¡Que descienda la paz sobre esta casa!”. 6 Y si hay allí alguien digno de recibirla, esa paz reposará sobre él; de lo contrario, volverá a ustedes. 7 Permanezcan en esa misma casa, comiendo y bebiendo de lo que haya, porque el que trabaja merece su salario. No vayan de casa en casa. 8 En las ciudades donde entren y sean recibidos, coman lo que les sirvan; 9 curen a sus enfermos y digan a la gente: “El Reino de Dios está cerca de ustedes”. 10 Pero en todas las ciudades donde entren y no los reciban, salgan a las plazas y digan: 11 “¡Hasta el polvo de esta ciudad que se ha adherido a nuestros pies, lo sacudimos sobre ustedes! Sepan, sin embargo, que el Reino de Dios está cerca”. 12 Les aseguro que en aquel Día, Sodoma será tratada menos rigurosamente que esa ciudad.
13 ¡Ay de ti, Corozaín! ¡Ay de ti, Betsaida! Porque si en Tiro y en Sidón se hubieran hecho los milagros realizados entre ustedes, hace tiempo que se habrían convertido, poniéndose cilicio y sentándose sobre ceniza. 14 Por eso Tiro y Sidón, en el día del Juicio, serán tratadas menos rigurosamente que ustedes. 15 Y tú, Cafarnaún, ¿acaso crees que serás elevada hasta el cielo? No, serás precipitada hasta el infierno.
16 El que los escucha a ustedes, me escucha a mí; el que los rechaza a ustedes, me rechaza a mí; y el que me rechaza, rechaza a aquel que me envió».
7 Los setenta y dos volvieron y le dijeron llenos de gozo: «Señor, hasta los demonios se nos someten en tu Nombre». 18 Él les dijo: «Yo veía a Satanás caer del cielo como un rayo. 19 Les he dado poder para caminar sobre serpientes y escorpiones y para vencer todas las fuerzas del enemigo; y nada podrá dañarlos. 20 No se alegren, sin embargo, de que los espíritus se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo».


REFLEXION

Va parecer extraño cuando leemos en Lc 9, 1-10; 52-53, que trata de la misión de los doce tanto en territorio judío como en territorio samaritano, ha sido un total fracaso. Jesús elige también a otros que son llamados 72 y los envía anunciar el evangelio. Las instrucciones no cambian pero los resultados son otros.

Cuando son enviados de dos en dos, el evangelista Lucas deja en claro que la responsabilidad misionera es de todos ya no será de los doce. La proclamación de la buena nueva, no puede hacerse de manera individual debe ser comunitaria. La misión no está restringida a solo sacerdotes o religiosos, es toda la comunidad con sus responsables la que asume esta tarea del evangelio con clara conciencia que han de pedir al dueño de la mies que mande obreros. El pedir es tener conciencia de confianza en Dios y saber que no existen dueños que se abroguen el mensaje.

El mensaje es claro: ha llegado el Reino de Dios. Esta frase tan sencilla solo es posible anunciarla con el testimonio de vida y la acción, construyendo la paz, generando vida… y todo eso engendra un nuevo orden que serán signos visibles.

La misión del Reino de Dios, no puede hacerse en base a venganzas y amenazas, es mejor romper relaciones (sacudirse el polvo de los pies) y no guardar odio, porque más adelante se pueden restaurar.

La proclamación del Reino de Dios es urgente. Esta urgencia nace de que otros carecen de ella y no han transformado su vida. El discípulo debe ser un hombre libre que no tiene bolsa, ni alforja, ni sandalia de repuesto, porque su vida no está apoyada en el poder, el tener y el placer. El discípulo está hecho para dar vida a los demás.

El ambiente que marca la vida discipular esta expresado en la metáfora de cordero entre lobos, es decir que todo lo que viva y diga el discípulo (bondad, amistad, paz, solidaridad…) será con frecuencia distinta y contradictoria a la vida de los lobos.

El evangelista remarca la alegría de los 72 por el trabajo bien hecho. La alegría de los 72 Jesús la ve como el fin del adversario (satán) del plan de Dios. El discípulo llamado, liberado, educado y protegido por el maestro recibe potestad para dominar el mal. La buena nueva no puede ser detenida. La alegría es que el nombre del discípulo está en el corazón de Dios. AMEN

sábado, 22 de mayo de 2010

RECIBAN AL ESPIRITU SANTO

Jn. 20,19-23.
19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros." 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

21 Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.

23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."


REFLEXION
19 Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros." 20 Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor.

El atardecer establece que ya está terminando una situación y está a punto de comenzar otra. El evangelista es muy detallista al indicar que los discípulos tenían miedo, por eso que el miedo es expresado en tener las puertas cerradas. El miedo es la negación de salir al encuentro de Dios, es algo parecido lo que le sucedió Adán, que se esconde al escuchar los pasos de Dios (Gn 3,8-10: 8 Oyeron luego el ruido de los pasos de Yahveh Dios que se paseaba por el jardín a la hora de la brisa, y el hombre y su mujer se ocultaron de la vista de Yahveh Dios por entre los árboles del jardín. 9 Yahveh Dios llamó al hombre y le dijo: "¿Dónde estás?" 10 Este contestó: "Te oí andar por el jardín y tuve miedo, porque estoy desnudo; por eso me escondí.")

El miedo es inseguridad en la comunidad discipular, que dicho sea de paso, el termino discípulo indica una totalidad, no se menciona nombre propios de discípulos, ni se establece límite alguno para esta palabra.

La presencia de Jesús, les otorga el primer fruto de la resurrección que es la paz. El miedo que es perdida de la paz; en un simple y habitual saludo recuperan la paz y superan el miedo.

Podemos afirmar, que el texto es todo un conjunto de sentimiento: miedo, paz, alegría.

Al mostrar Jesús las cicatrices de la pasión (mano y costado), les demuestra que ninguna autoridad sobre la tierra, puede quitarles la vida que él les comunica con la paz y la alegría que ahora sienten. Este encuentro de Jesús ya había sido anunciado por el mismo (Cf Jn 16,21), el maestro debía cumplir su palabra, y lo hizo.

21 Jesús les dijo otra vez: "La paz con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío." 22 Dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: "Recibid el Espíritu Santo.

La resurrección capacita a Jesús para otorgar el don de la vida a todo hombre y toda mujer. La vida que se trasmite será a través del Espíritu Santo.
La paz nuevamente otorgada por segunda vez, introduce a los discípulos en la misión por la cual habían sido elegidos.

La paz tiene un segundo significado: confianza y seguridad para la misión. Para esta misión el discípulo debe ofrecer sus manos y el costado lugar donde radica el corazón, es decir debe amar a la misión y sus dificultades para que salgan victorioso.

El soplar sobre ellos es para infundir su propio aliento de vida, que genera una nueva condición humana que exige amor y lealtad.
El soplo del resucitado, hace ver a Jesús el nuevo santuario viviente. El soplo del resucitado es expresión del amor de Dios. El soplo del resucitado hace superar la condición débil de la carne.

23 A quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos."

El pecado es el dique o aniquilación de la vida que impide la realización del proyecto creador de Dios en el hombre. El pecado no da alegría, genera el miedo y cierra las puertas del ser humano a los valores del Reino de Dios.
El perdón, debe ir acompañado por los frutos de la paz y del soplo del Espíritu de Dios, y este debe acontecer en la comunidad que se reúne, no por miedo, sido para fortalecer la misión.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra