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martes, 15 de enero de 2019

CUANDO EL MAR SE PONE BRAVO Mt. 14,22-33


El texto que leemos hoy en el evangelio de Mateo, que sigue al relato de la multiplicación de los panes, se centra en la narración de la barca en medio de la tormenta. Su lectura me provoca las siguientes reflexiones:

1. Jesús mandó que subieran a la barca. Algunas traducciones dicen que les “apremió”, es decir, que casi los forzó a que subieran a la barca para ir a la otra orilla del lago. Después de un éxito fantástico (la multiplicación de los panes), cuando la tentación podía ser la de “dormirse en los laureles”, Jesús sube al monte solo (para encontrarse con el Padre) y obliga a los discípulos a ponerse en marcha hacia otro lugar, sin quedarse en la autosatisfacción de lo conseguido. Por eso el papa Francisco interpreta tan bien a Jesús cuando nos invita a salir de nosotros mismos, de nuestras metas ya conseguidas, para ir siempre más allá, superando una y otra vez las fronteras personales y comunitarias.

2. El viento era contario. Cuando los discípulos obedecen y suben a la barca para buscar nuevas fronteras, se encuentran con que el “viento es contrario”, el camino se hace peligroso, aparece la posibilidad del naufragio y del fracaso. Cuando estaban en la parte del lago que ellos dominaban (donde habían participado en la multiplicación de los panes), quizá llegaron a creerse importantes y poderosos; ahora, en medio del mar de la vida, sienten la rebeldía de la realidad que no se amolda a sus deseos. Y llegan a dudar y a tener miedo. Los discípulos hacen la experiencia de su fragilidad.

3. Ánimo, soy yo, no teman. En esa situación de duda, de fracaso, de conciencia de los propios límites, Jesús se hace presente con una frase que identifica a Dios presente en toda la historia de la salvación: “Yo soy”, es decir, yo estoy aquí para ustedes, yo estoy aquí. Y, cuando Dios acompaña a su pueblo, se superan todas las dificultades, se alcanza la “otra orilla”, la tierra prometida; se inicia una nueva vida.

4. Pedro cree, pero duda y finalmente agarra la mano de Jesús. Pedro, como los otros discípulos, primero piensa que Jesús es un fantasma; luego cree y se lanza al mar, para volver a dudar y, finalmente, gritar: “Sálvame”. La experiencia de Pedro nos representa a todos nosotros: creemos, dudamos y lanzamos un grito de ayuda. Es así como vamos creciendo en la fe y vamos avanzando hacia nuevas fronteras de nuestra vida, aunque el mar se ponga bravo y el viento sople en contra.

Frecuentemente el Señor nos empuja para que no nos contentemos con lo que tenemos (humana y espiritualmente), sino que busquemos siempre nuevas metas y posibilidades. No nos dice que será fácil el camino, sólo nos asegura su presencia y nos pide que creamos en su Palabra.

P. Antonio Villarino

sábado, 3 de marzo de 2018

QUE DIOS TE GUARDE EN LA PALMA DE SU MANO


Que el camino salga a tu encuentro. Que el viento siempre esté detrás de ti y la lluvia caiga suave sobre tus campos. Y hasta que nos volvamos a encontrar, que Dios te sostenga suavemente en la palma de su mano.

Que vivas por el tiempo que tú quieras, y que siempre quieras vivir plenamente.

Recuerda siempre olvidar las cosas que te entristecieron, pero nunca olvides recordar aquellas que te alegraron.

Recuerda siempre olvidar a los amigos que resultaron falsos, pero nunca olvides recordar a aquellos que permanecieron fieles.

Recuerda siempre olvidar los problemas que ya pasaron, pero nunca olvides recordar las bendiciones de cada día.

Que el día más triste de tu futuro no sea peor que el día más feliz de tu pasado.

Que nunca caiga el techo encima de ti y que los amigos reunidos debajo de él nunca se vayan.

Que siempre tengas palabras cálidas en un anochecer frío, una luna llena en una noche oscura, y que el camino siempre se abra a tu puerta.

Que vivas cien años, con un año extra para arrepentirte.

Que el Señor te guarde en su mano, y no apriete mucho su puño.

Que tus vecinos te respeten, los problemas te abandonen, los ángeles te protejan, y el cielo te acoja.

Que la buena suerte te persiga, y cada día y cada noche tengas muros contra el viento, un techo para la lluvia, bebidas junto al fuego, risas para que te consuelen aquellos a quienes amas, y que se colme tu corazón con todo lo que desees.

Que Dios esté contigo y te bendiga, que veas a los hijos de tus hijos, que el infortunio te sea breve y te deje rico en bendiciones.

Que no conozcas nada más que la felicidad. Desde este día en adelante, que Dios te conceda muchos años de vida, de seguro Él sabe que la tierra no tiene suficientes ángeles.

Que la tierra se vaya haciendo un camino ante tus pasos.
Que el viento sople a tus espaldas.
Que el sol brille cálido sobre tu rostro.
Que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos.
Que todo don de Dios crezca en ti, y te ayude a llevar la alegría a los corazones de cuantos ames, y hasta tanto volvamos a encontrarnos... Que Dios te guarde en la palma de su mano.
JML


domingo, 4 de diciembre de 2016

SEGUNDO DOMINGO DE ADVIENTO DEL AÑO 2016

Hoy la figura que más resalta es Juan Bautista quien fue una figura importante y carismática para pueblo, incluso el historiador Flavio Josefo le dedica más atención que ha Jesús. El centro de su mensaje es la CONVERSION porque está cerca el Reino de Dios, este llamado atrajo a las multitudes de todos los estratos sociales y tendencias político-religioso.

La conversión es cambio de vida, no es solo cambio de ideas o cambios superficiales, la conversión afecta todo el ser de las personas en la forma de vivir, obrar y volverse hacia Dios. Cuando se encarna la conversión esta se manifiesta en frutos de vida que vencen al pecado y se expresa en la justicia y la práctica del bien.

La forma de vida que Juan Bautista lleva lo pone al margen de todo estilo de vida sea religioso, social o político. Juan aparece en el desierto y no en el templo. Las palabras de Juan, además del llamado a la conversión, proclama la condición mesiánica de Jesús quien trae el fuego del Espíritu tal como lo había anunciado el profeta Isaías 9,2; 11,2).

Dos signos están presente que son el viento y el fuego, anuncia Juan Bautista que el mesías acerca a la humanidad a Dios, no signos de castigo. El viento que es el soplo de Dios que da vida y separa lo bueno de lo malo. El fuego signo de la justicia purifica lo que no tiene consistencia es decir el mal. Estos dos símbolos aparecen en pentecostés (Hch 2,1-4), son signos de la presencia salvadora de Dios. Cuando estos dos elementos se unen son implacables, así es Dios.

En el llamado que hace Juan Bautista no hay privilegios ni si quiera por ser Hijos de Abraham, no es la raza lo que cuenta, ni la pertenencia institucional.

Preparemos los caminos de Dios, quitemos los obstáculos que impiden su llegada a tu vida y para esto debes: 1) escuchar su voz, 2) ser profeta, 3) dejar que su espíritu sople en ti y su fuego queme el pecado. 

domingo, 13 de diciembre de 2015

¿QUE TENEMOS QUE HACER? Lc. 3,10-18


Hemos llegado a tercer domingo de adviento y la palabra de Dios nos invita a comprometernos  de verdad  para que las situaciones de muerte  comiencen a cambiar, el punto que más insiste es dejar temor, llenarnos de júbilo y alegría.
El gesto más característico de un cristiano será alegría unida a la benevolencia y un dialogo espiritual que se hace petición y suplica a Dios (Cf Flp 4,4-7).
La figura más característica que nos pone en el camino del compromiso, de superar las situaciones de muerte es  Juan el Bautista que anuncia y proclama la justicia de Dios. En su anuncio reclama la conversión, que es cambiar el modo de actuar, de pensar, volverse a Dios, en rigor es un cambio total  que va más allá de las palabras, de ideas o gestos de cultos. El compromiso por cambiar –nos recuerda este adviento- no tiene  privilegios para nadie.
Juan el Bautista no pide que se abandone la profesión u oficio, sino que se debe ser justo en el trabajo y la profesión, porque ambos contribuyen a crear un mundo justo y fraterno.
En Lc 3,10-18, la pregunta que hacen las personas, los publicanos y los soldados implica la ética y la moralidad de la solidaridad y valores del Reino de Dios: ¿Qué debemos hacer? ¿Qué tenemos que hacer?
El pueblo está dispuesto acoger la indicación de Dios y llevar a la práctica en la reciprocidad de bienes (túnica y comida). Los publicanos, que eran los más odiados ya que trabajan para los romanos como recaudadores de impuesto, son los primeros disponibles para la conversión al descubrir su infidelidad de corrupción. Luego los soldados, que están al servicio de los armas y son los que sostienen el poder de la muerte y el miedo, se les pide una ética profesional realista y posible, que no está basada en la extorsión y la muerte. Quiero hacer memoria de las palabras de San Romero (Obispo Asesinado 24 de marzo 1980) y que son propicias para esta toma de conciencia que el adviento nos pide:
“Yo quisiera hacer un llamamiento, de manera especial, a los hombres del ejército. Y en concreto a las bases de la Guardia Nacional, de la policía, de los cuarteles... Hermanos, son de nuestro mismo pueblo. Matan a sus mismos hermanos campesinos. Y ante una orden de matar que dé un hombre, debe prevalecer la ley de Dios que dice: "No matar". Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la Ley de Dios. Una ley inmoral, nadie tiene que cumplirla. Ya es tiempo de que recuperen su conciencia, y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado…”
El bautismo del Espíritu Santo, es la salvación integral del ser humano en participar en la vida de Dios. El texto nos pone dos elementos naturales cuando habla bautismo del espíritu: viento y fuego. Digo viento –aunque sin forzar el texto es tácito- que permite separar la paja del grano y el fuego que quema lo que no sirve. El  Espíritu nos pone en el umbral de un pentecostés de misericordia.
¡Hasta pronto amigos y amigas!

domingo, 6 de marzo de 2011

ESCUCHA ESTAS PALABRAS MIAS

TEXTO Mt 7,21-27
Jesús usa cuatro comparaciones, pero se resumen en dos puertas que llevan a camino distintos, dos maneras de edificar la casa interior. Los que escuchan a Jesús deben decidir y así definir un estilo de vida frente a otras formas de vida.

No podemos contentarnos con solo invocar el nombre del Señor y profetizar en su nombre. La palabra de Jesús debe concretizarse en hechos de vida que ayuden hacer y transmitir experiencia de Dios.

Las parábolas de las casas, una edificada sobre roca y la otra sobre arena. La roca que da estabilidad es Dios, Dios es la base, el cimiento sobre el cual se levanta nuestra vida. La tempestad y los vientos aluden al juicio de Dios. Quien ha levantado su años desde Dios. Pero quien ha levantado su vida sobre arena: falsos valores dígase odio, envidias, venganzas, ideologías que sustituyen la fe, etc., teme llegar a ese encuentro con Dios.

Jesús nos invita que creer en Dios no es solamente en el ámbito de lo religioso, creer en Dios es unir la fe con las responsabilidades de la vida cotidiana.
Ahora bien ¿sobre qué cimientos estamos construyendo? Nuestro peligro es que enraicemos nuestra vida cristiana sobre costumbres, modas, momentos, tradiciones, etc. Otra mal edificación apoyar nuestra fe sobre nuestras propias formulas y rigores disciplinares, trayendo como resultado no afrontar nuestra propia responsabilidad y riegos de la libertad. Entonces la pregunta sigue en pie: ¿sobre qué bases estamos y hemos construido nuestra vida cristiana?

miércoles, 17 de junio de 2009

PASEMOS A LA OTRA ORILLA

Texto Mc 4,35-41

35 Aquel día, al atardecer, les dice: "Pasemos a la otra orilla."

36 Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. 37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. 38 El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: "Maestro, ¿no te importa que perezcamos?"

39 El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: "¡Calla, enmudece!" El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40 Y les dijo: "¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?"

41 Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: "Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?"


Reflexión

Los versículos 35 al 41 son la ultima parte del capítulo cuatro, hemos de recordar que antes Jesús esta a la orilla del mar enseñando y es en este lugar donde ofrece la parábola del sembrador, posteriormente tendrá que aclarar a los discípulos en privado. Es muy importante la aclaratoria de la parábola porque en ella Jesús da entender la necesidad de sembrar – evangelizar- sin medir riesgos y en abundancia. La acción siguiente vendrá a expresar la intensión de Jesús de salir de los límites de Israel e ir más allá, por eso la gran propuesta y orden de Jesús: Pasemos a la otra orilla.

35 Aquel día, al atardecer, les dice: "Pasemos a la otra orilla."
Este versículo ofrece dos momento de tiempo (Aquel día, al atardecer), el primero es expresión de la actividad de Jesús que incluso alude a su muerte (cf. Mc 2,20; 14,25), el segundo es el tiempo de judío y es expresión de la incomprensión de los discípulos. El peso recae en la frase “aquel día”, ya que el mismo remite al “día de Yahve”

La invitación de Jesús de pasar a la otra orilla, en un primero momento es en referencia a Dt 2,7, por tanto el verbo pasar indica se aplica a un éxodo, es decir salir de los limites, la misión que Jesús expresaba ya de manera figurada en la parábola del sembrador, tiene que ir más allá de los límites del judaísmo y más allá de la tierra prometida.


36 Despiden a la gente y le llevan en la barca, como estaba; e iban otras barcas con él. 37 En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que ya se anegaba la barca. 38 El estaba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Le despiertan y le dicen: "Maestro, ¿no te importa que perezcamos?"

Jesús no deja la barca desde donde había comenzado su enseñanza (cf. Mc 4,1), incluso no va solo hay otra barcas. Con toda probabilidad que en la barca solo iban los hombres, gente experta en el oficio de la pesca y conocedores de estas aguas.

El grupo de barcas que se han lanzado a navegar, han dejado la tierra firme, simbólicamente podemos hablar, que están dispuestos abandonar la seguridad de la tierra, y aceptar la universalidad de la propuesta de Jesús que es ir más allá de los limites. Recuerden que este relato está escrito en clave simbólica pospascual

Los versículos 37-38. Curiosamente la palabra barca (ploiárion) es nombrada tres veces, y después que pasa la tempestad no se volverá a nombrar. El peligro se agudiza y lleva a los discípulos a despertar a Jesús. La preocupación de los hombres de la barca es totalmente opuesta a la de Jesús. Él está en calma y duerme, y es justamente en el lugar del timonel (la popa). El hecho de que Jesús duerma y el que no se deje sentir su presencia, indica que si la comunidad discipular no vive junto a él, están destinados al fracaso que pone en peligro hasta la vida misma . Los hombres de la barca sienten que han perdido el rumbo y la tempestad los pone en peligro, será Jesús quien tendrá que asumir el rumbo de la barca.

El peligro desespera a los discípulos que los lleva a despertar al maestro, dicho sea de paso en la toda la narración no aparece el nombre de Jesús. Ellos, se han dado cuenta que por sí solos no son capaces de salir del peligro. Tenían la experiencia que los hacía autosuficiente y les permitían actuar sin el apoyo de Jesús, pero ven que tanta experiencia como pescadores de nada sirve.


39 El, habiéndose despertado, increpó al viento y dijo al mar: "¡Calla, enmudece!" El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. 40 Y les dijo: "¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?"

El maestro (Jesús), responde inmediatamente sacándolos del peligro. La orden de callar se la dirige al viento como si fuera una persona, incluso la orden esta en referencia a dos escenas que ocurren en la sinagoga (cf. Mc 3,4; 1,25). Esta palabra viento –en griego ánemos-, aparece cuatro veces en el texto. Este viento es contrario a la fuerza de Dios.

Las palabras de Jesús acaban con el peligro. La pregunta de Jesús está cargada de extrañeza y reproche ante la presencia del miedo que los ha dominado. La segunda pregunta indica la causa del miedo; la falta de fe. Con la segunda pregunta se busca hacerles comprender lo equivocado que están en su actitud y estimular la adhesión él.


41 Ellos se llenaron de gran temor y se decían unos a otros: “Pues ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?”

Lo que el maestro buscaba en lo más profundo de sus discípulos no lo logra, no hay acercamiento y adhesión sino temor, si antes tuvieron miedo de la tempestad ahora sienten miedo de Jesús, y la razón de este miedo sigue siendo el mismo: falta de fe. Al faltar la fe, para ellos Jesús es una persona misteriosa, el poder que ven en Jesús lo ven como una amenaza, no se sienten salvados; lo llamaron maestro en el peligro, ahora no saben cómo definirlo. La pregunta que ellos mismo se hacen: ¿quién es éste que hasta el viento y el mar le obedecen?”, no tiene respuesta por el poder que ven en Jesús. La falta de fe no les permite descubrir el gran amor de Dios a través de su Hijo hacia ellos, solo ven un hombre que tiene poder. La incomprensión de los discípulos continúa.

Estimado lector (a), hoy tenemos muchos miedos en sentido negativo seria miedo a la verdad, a los cambios, a lo nuevo, etc., en sentido positivo por nos hace tomar conciencia de que somos frágiles y que las tempestades de la vida siempre amenazan la vida, y la ponen la deriva donde cada quien busca lo que mas le conviene. La exigencia del evangelio para nuestra es: 1.- Hemos de pasar a la otra orilla con Jesús, 2.- No vivir a la deriva, 3.- Aceptar que el silencio de Dios no es ausencia (dormir), 4.- Romper las amarras del miedo y emprender la travesia que no exige este nuevo siglo XXI, 5.- Pedir a Jesús que aumente nuestra fe.

Himno para reflexionar.

Con tanta protección
con tanta garantía,
con tanto amparo,
con tanta defensa,
con tantas murallas,
con tantos derechos,
con tantos caprichos,
estamos mal acostumbrados a bregar en el mar de la vida.

Y cualquier imprevisto,
Aun el más trivial y anodino,
la incertidumbre ante el futuro,
el presentimiento de un cambio,
el miedo a lo desconocido,
un dolor fortuito
la sospecha de nada concreto,
nos produce recelo.

¿Por qué temen, hombre de poca fe?
Sólo es una tormenta de verano.

Dia hay en que se nos nubla el cielo,
Y parece ennegrecerse el horizonte de la vida.
Nos sentimos acorralados, amenazados.
Los reveses de la vida,
Los caprichos de la suerte,
los avatares del destino…
La tierra tiembla bajo nuestros pies,
tiembla estremecida.
Podría hundirme, pensamos.

¿Por qué temen, hombre de poca fe?
Sólo es una tormenta de verano.

Un marinero se crece en la tormenta
mientras tierra adentro
hay quien se ahoga en un vaso de agua.
Los chaparrones solo duran horas,
nunca semanas.

¿Por qué temen, hombre de poca fe?
Sólo es una tormenta de verano.

A veces la fuerza del viento huracanado
puede arrastrarnos al desastre,
y destruir en unos minutos de inclemencia
la obra laboriosa y paciente de muchos años.
Andamos a la deriva y angustiados.
¡Señor sálvanos!.

¿Por qué temen, hombre de poca fe?
Sólo es una tormenta de verano.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra