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sábado, 23 de diciembre de 2017

La Natividad de Jesús: un relato actual

Luego de la muerte de Herodes, en el 4 a.C., la región entró en un proceso de inestabilidad sociopolítica y empobrecimiento económico, agravado por una crisis religiosa. Se cuestionaba la presencia romana que deificaba al César oprimiendo a los que se le oponían. Juan el Bautista describirá la situación de corrupción, extorsión y falsa religiosidad (Lc 3,10-15).
Se anhelaba la paz, pero para la cultura mediterránea la paz era lo que César Augusto había logrado: él había unificado al Imperio trayendo «la paz al mundo», pero lográndola por medio de la violencia, la dominación de los pueblos, el saqueo de los bienes y la esclavitud. Era una paz que favorecía la abundancia de pocos y la escasez de bienes para muchos, haciendo uso de la moneda romana para generar mecanismos cambiarios que producían inmensos beneficios económicos.
En este contexto nace Jesús. El anuncio del ángel acontece en medio de condiciones adversas. La fragilidad del niño en un pesebre contrastará con el poder de César Augusto, a quien se le llamaba «El salvador del mundo». Los primeros cristianos se preguntarán cuál es la verdadera salvación ¿la que controla y ofrece dádivas?
María, la madre de Jesús, participaba de la espiritualidad de los pobres de Yahveh, que se recoge en el Magnificat. Ahí se le ora a un Dios que se aparta de los que se aferran al poder y al dinero, y se hace cercano a los problemas de los humildes y hambrientos (Lc 1,51-53). Jesús vive esta misma espiritualidad. Él cree en un Dios que no trae la salvación por medio de prácticas religiosas, sino sanando los corazones rotos y viviendo compasivamente (Sal 50).
El anuncio es también recibido por los pastores, que eran considerados laxos en el cumplimiento de la ley y por tanto pecadores. Los evangelistas hacen uso del recurso literario llamado angelofanía: muestran una multitud de «legiones» de ángeles para dar gloria a Dios «en las alturas» y anunciar en la tierra «paz a todos» porque «el Señor los ama» (Lc 2,13-14). Es un himno que contrapone la paz impuesta por las «legiones romanas» con esta otra anunciada por las «legiones angélicas». Así se simboliza el querer divino: la «gloria de Dios» es que toda persona viva bien, sin miedos y en libertad.
El anuncio se da durante la noche. Ofrece una nueva «luz», una esperanza que permitirá vivir de otro modo (Lc 1,78-79). Es una luz que no tendrá su origen en el dios Apolo, el padre de César, pero tampoco en el Dios del Templo. Esta luz proviene de las «entrañas de misericordia de Dios» que quiere iluminar a todos sus hijos para que no vivan con desesperanza. La luz permite ver un modo de ser humano que se realiza construyendo «la paz social», fraternizando, buscando el bien común y la justicia para todos, independientemente de creencias religiosas o adhesiones ideológicas. Es una invitación a dejar atrás la venganza, el odio, la envidia y el resentimiento para construir caminos de bienestar.
El nacimiento de Jesús se representa en Belén, siguiendo la tradición mesiánica (Miq 5,1; Mt 2,5-6; Jn 7,42), para desmontar una proclamación imperial: es Jesús, y no Augusto, el único Mesías; es Belén, y no Roma, la ciudad donde se inicia la verdadera paz; fueron los pobres, y no los ricos y poderosos, los que apostaron por un cambio. En un mensaje que trae esperanza a todos: «no teman»» (Lc 2,10-11). En fin, es un mensaje que sigue siendo actual en nuestros días y nos abre el camino para creer que sí es posible un modo de ser más humano, sin miedos y en libertad.

domingo, 5 de febrero de 2017

SAL Y LUZ Mt 5,13-16

La imagen de la sal y luz sirven para animar a los discípulos en las persecuciones. Con gran fuerza y simplicidad Jesús está afirmando que quienes viven las bienaventuranzas son la sal de la tierra y la luz del mundo es decir el fermento de una nueva humanidad. El Reino de Dios no puede ser ocultado por el miedo en la persecución sino que debe hacerse presente con el testimonio de vida.

Con estas dos imágenes (Sal y Luz) la dimensión misionera de la fe aparece sin timidez, porque es sentirse enviado. La fe es sabor y luz para el mundo sin entrar en distinción. Siendo luz y sabor para la vida somos signos del Reino de Dios, cada seguidor de Jesús es forma parte del “pueblo mesiánico”.

En el signo de la sal en su función natural es conservar los alimentos y dar sabor e incluso llego a servir como pago de trabajo (sal= salario). Ser creyentes con sabor es que se tiene la misión de conservar la vida, darle sentido a la vida y justo pago en derecho y justicia; hay personas que no saben cómo experimentar y vivir la vida de manera fecunda porque han perdido la capacidad del sabor del Espíritu del resucitado por sus vidas han sido luz oculta que se ha apagado.

El signo de la luz tiene un inmenso significado como experiencia de fe en las sagradas escrituras, pero la más clara es que Dios es luz para su pueblo que se ha hecho hombre en la persona de Jesús.

Si podemos cambiar el mundo siendo luz y sal tierra. No olvidemos que la luz necesita ser vista y la sal sentida, sino hay nada esto ¿Qué hemos hecho de la misión que nos correspondía?

viernes, 20 de marzo de 2009

EL QUE OBRA EL MAL ABORRECE LA LUZ…PERO EL QUE OBRA LA VERDAD, VA A LA LUZ

TEXTO
Jn 3,14-21
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.

16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."


REFLEXION
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.

El evangelista Juan establece un paralelo con el libro de Nm 21,8 y es cuando Moisés por orden de Yahvé fabrica una imagen de serpiente, para que todos aquellos que fueran mordidos por este tipo de animal, pudiera seguir viviendo. Por otra parte, cuando se indica “ser levantado en alto” es para ser mirado por todos, sin ninguna razón de privilegio, como fuente de vida para todos.

La expresión “vida eterna” no está en referencia después de la muerte, sino que es una vida que ya se da en la vida misma del ser humano.

Es muy llamativo que el nombre de “Jesús”, es sustituido por el de “Hijo del Hombre”, porque de esta manera Jesús es el prototipo de la humanidad, y fijar la mirada en él es tener vida en abundancia, además el evangelista presenta la cruz no como un suplicio, sino como un signo glorioso. La nueva señal que dará la vida no será la ley, sino el Hijo del Hombre crucificado.

16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.

El versículos 16 subraya hasta donde ha llegado el amor de Dios por el hombre, tanto así que la entrega del “Hijo único” se asemeja a la historia de Abrahán cuando se le pide sacrificar su hijo (cf Gn 22,2); tanto Abraham como Dios tienen un punto común, y es dar plenitud, uno a la alianza y Dios a la vida.

En la entrega del Hijo al mundo, Dios se acerca al mundo no para condenar y destruirlo de manera apocalíptica, a través del Hijo buscar salvar al hombre que es su imagen y semejanza. En rigor, no hay juicio por parte de Dios, es el hombre que por su opción determina su vida o la muerte

19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."

La ley era la norma normante, ahora es el Hijo del Hombre con su entrega en la cruz, la nueva luz no vendrá de la letra muerta (ley), vendrá de la vida misma.
Optar en contra de la vida y del amor, es elegir a la muerte, es obrar de manera perversa, es generar tinieblas es odiar la luz, por tanto no son las doctrinas las que separan de Dios, sino conductas es decir modos de obrar que están basados en la opción.

Con este breve pero profundo discurso, Jesús da entender que quien no ha hecho opción por el amor, no está libre la irracionalidad del odio, el rencor, venganza, etc., que alejan del proyecto originario de Dios.

El hombre se humaniza, no en el cumplimiento de observancias de leyes externas, sino por la capacidad de amar, solo el amor ayuda ser libre, a dejar a tras el pasado para empezar de nuevo. Una sociedad o las Iglesias que solo estén basadas en la ley, no cambian a la persona, sino que se vuelven opresoras de la vida y de la conversión. El Hijo del Hombre (Jesús) es un voto de confianza que Dios ha puesto en nosotros para que logremos cambiar.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra