TEXTO
Jn 3,14-21
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."
REFLEXION
14 Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así tiene que ser levantado el Hijo del hombre, 15 para que todo el que crea tenga por él vida eterna.
El evangelista Juan establece un paralelo con el libro de Nm 21,8 y es cuando Moisés por orden de Yahvé fabrica una imagen de serpiente, para que todos aquellos que fueran mordidos por este tipo de animal, pudiera seguir viviendo. Por otra parte, cuando se indica “ser levantado en alto” es para ser mirado por todos, sin ninguna razón de privilegio, como fuente de vida para todos.
La expresión “vida eterna” no está en referencia después de la muerte, sino que es una vida que ya se da en la vida misma del ser humano.
Es muy llamativo que el nombre de “Jesús”, es sustituido por el de “Hijo del Hombre”, porque de esta manera Jesús es el prototipo de la humanidad, y fijar la mirada en él es tener vida en abundancia, además el evangelista presenta la cruz no como un suplicio, sino como un signo glorioso. La nueva señal que dará la vida no será la ley, sino el Hijo del Hombre crucificado.
16 Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna. 17 Porque Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por él. 18 El que cree en él, no es juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios.
El versículos 16 subraya hasta donde ha llegado el amor de Dios por el hombre, tanto así que la entrega del “Hijo único” se asemeja a la historia de Abrahán cuando se le pide sacrificar su hijo (cf Gn 22,2); tanto Abraham como Dios tienen un punto común, y es dar plenitud, uno a la alianza y Dios a la vida.
En la entrega del Hijo al mundo, Dios se acerca al mundo no para condenar y destruirlo de manera apocalíptica, a través del Hijo buscar salvar al hombre que es su imagen y semejanza. En rigor, no hay juicio por parte de Dios, es el hombre que por su opción determina su vida o la muerte
19 Y el juicio está en que vino la luz al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas. 20 Pues todo el que obra el mal aborrece la luz y no va a la luz, para que no sean censuradas sus obras. 21 Pero el que obra la verdad, va a la luz, para que quede de manifiesto que sus obras están hechas según Dios."
La ley era la norma normante, ahora es el Hijo del Hombre con su entrega en la cruz, la nueva luz no vendrá de la letra muerta (ley), vendrá de la vida misma.
Optar en contra de la vida y del amor, es elegir a la muerte, es obrar de manera perversa, es generar tinieblas es odiar la luz, por tanto no son las doctrinas las que separan de Dios, sino conductas es decir modos de obrar que están basados en la opción.
Con este breve pero profundo discurso, Jesús da entender que quien no ha hecho opción por el amor, no está libre la irracionalidad del odio, el rencor, venganza, etc., que alejan del proyecto originario de Dios.
El hombre se humaniza, no en el cumplimiento de observancias de leyes externas, sino por la capacidad de amar, solo el amor ayuda ser libre, a dejar a tras el pasado para empezar de nuevo. Una sociedad o las Iglesias que solo estén basadas en la ley, no cambian a la persona, sino que se vuelven opresoras de la vida y de la conversión. El Hijo del Hombre (Jesús) es un voto de confianza que Dios ha puesto en nosotros para que logremos cambiar.
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