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domingo, 6 de septiembre de 2015

HACE OIR A LOS SORDOS Y HABLAR A LOS MUNDOS Mc. 7,31-37




Geográficamente Jesús se encuentra en una región de paganos, el evangelista nos indica que la proclamación y los signos del Reino de Dios pasan las fronteras del pueblo elegido. Jesús es un hombre abierto y sin fronteras que mira más allá de los límites de su tierra amada.

Para la época la sordera y la mudez estaban dentro del catálogo de enfermedades que eran castigos de Dios. La persona que la padece es vista como un pecador contumaz, o que por culpa de sus padres, el hijo o la hija padece los pecados de los mismos.

Jesús le devuelve la salud aquel hombre cuyo nombre no se dice, no por ello es un anónimo sino que más bien en ese hombre están nuestros nombres y el reflejo de nuestra incapacidad de entender el reino de Dios. Jesús lo reintegra a la vida social y deja de ser un marginal. Cuando Jesús lo cura aporta a nuestra humanidad  la capacidad de abrir la vida a una realidad más profunda y significativa que es la escucha y la proclamación

En la actualidad disponemos de medios comunicación – no digo que abundantes porque sería una mentira – pero vivimos incomunicados, ya que solo oímos lo que nos interesa pero no escuchamos lo que nos compromete, que es en definitiva abrirnos a los demás. La exclusión y la marginalidad se están convirtiendo el argumento para defender la tranquilidad de algunos poco, es decir el crear zona de seguridad –no pase-, alzar muros de protección con tendidos eléctricos –peligro alto voltaje- etc… nos convierte en sordos de los gritos de los pobre que viven amurallados.

La soledad que aísla, enfría el contacto humano, se pierden los encuentro cálidos, cordiales y sinceros haciendo del otro un extraño al que no vamos a dirigir nuestra palabra, así surgen los mudos funcionales.

Dejemos bien claro una cosa que nos dice el texto en la sordera y mudez del hombre. Aquel hombre tiene quien se interese por él, lo llevan hasta Jesús. Así tenemos que ser nosotros, ayudarnos mutuamente para vivir junto a Jesús.  la curación no es nada fácil, Jesús lo separa del grupo signo de recogimiento y acercamiento intimo tanto así que su saliva pasa a la boca del enfermo para dar fluidez a su lengua. La primera palabra que oye aquel hombre es la de Jesús - ABRETE- y descubre lo que es vivir escuchando y conversando abiertamente con los demás; ¡QUE INMENSA ALEGRIA DE AQUEL HOMBRE! 

La sordera colocaba al hombre en la negación del SHEMA (Escucha) que es punto de partida para experimentar al Dios cercano que se hace palabra. La mudez lo inhabilita para ser entroncado en la tradición de los profetas ya que el profeta siempre será la voz de Dios. Jesús le otorga estos dos derecho que son más que todo lo beneficios civiles que podían haber recibido como ciudadano de Israel.

La experiencia más genuina de la vida de un cristiano pasa por una profunda escucha (Shema) y valeroso compromiso en ser la voz de los sin voz (Profeta). Si carecemos de las dos no somos solo simpatizante del crucificado resucitado más no sus discípulos.

Dios no acepta que sus hijos adquiridos en la vida y en la sangre de sus hijo lo tratemos como sordomudos.

¡hasta la próxima amigos y amigas online!












sábado, 12 de septiembre de 2009

QUIEN QUIERA SALVAR SU VIDA, LA PERDERÁ;

Texto de Mc 8,27-35.

27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?" 28 Ellos le dijeron: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas." 29 Y él les preguntaba: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro le contesta: "Tú eres el Cristo." 30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días. 32 Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle. 33 Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: "¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres." 34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.


Reflexión.
27 Salió Jesús con sus discípulos hacia los pueblos de Cesarea de Filipo, y por el camino hizo esta pregunta a sus discípulos: "¿Quién dicen los hombres que soy yo?"

La pregunta que Jesús hace a sus discípulos, es fuera del territorio de Israel y al margen de la ciudad pagana como lo era Cesarea de Filipo.

La pregunta se formula mientras van de camino, desde este caminar hace que los discípulos se sientan libres de las exigencias de la sociedad. El lugar es propicio para que la respuesta esté libre de toda tradición e ideología religiosa.

28 Ellos le dijeron: "Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías; otros, que uno de los profetas."

La respuesta es inmediata y con nombres concretos. A Jesús lo identifican con gente del pasado, con personas reformistas que ya habían muerto, y solo quedan de estas personas sus ideas.

29 Y él les preguntaba: "Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?" Pedro le contesta: "Tú eres el Cristo."

Responder con experiencia ajena es fácil; Jesús busca que sus discípulos hagan el camino de la fe y por eso la pregunta ya no es hacia lo que piensan otros, sino que piensan y sienten sus propios discípulos. La respuesta no se hizo esperar. Pedro se hace representante del resto de los discípulos.

30 Y les mandó enérgicamente que a nadie hablaran acerca de él. 31 Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser reprobado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas, ser matado y resucitar a los tres días.

No hemos de olvidar que Jesús lanza la primera predicción de su muerte.
La respuesta de Pedro es bonita, pero poco aceptable, ya que en el fondo la misma forma parte de un entusiasmo y no de una experiencia. Es evidente que los entusiasmo endotímicos generan falsos mesianismos; y para superar esta situación Jesús enseña a sus discípulo, que su futuro es contrario al triunfo que ellos esperan.

En sus palabras de maestro, da entender cuál es el destino del “Hijo del Hombre” que será a través del padecer, morir y resucitar. El padecer y morir será producido por los que detentan el poder: Sanedrín judío (poder político), letrados (poder ideológico), Sumos sacerdotes (poder religioso). Y el resucitar, solo Dios que tiene el poder de dar vida.

32 Hablaba de esto abiertamente. Tomándole aparte, Pedro, se puso a reprenderle.
33 Pero él, volviéndose y mirando a sus discípulos, reprendió a Pedro, diciéndole: "¡Quítate de mi vista, Satanás! porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres."


Nuevamente Pedro, se hace voz de sus compañeros y de él mismo. No acepta lo que Jesús ha dicho: padecer y morir.

Para Pedro las palabras de Jesús son contrarias al plan de Dios o mejor dicho a los intereses de él y del grupo.

El hecho de llamar a Pedro con el nombre de Satanás, subraya la seriedad del fracaso como discípulo. Jesús lo pone en su sitio. El lugar de Pedro es ser discípulo, y el verdadero discípulo tiene los pensamientos de Dios que son contrarios a los de los hombres. Nos hacemos una pregunta: ¿Cuál es el pensamiento de Dios que debe tener un discípulo de Jesús?

34 Llamando a la gente a la vez que a sus discípulos, les dijo: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. 35 Porque quien quiera salvar su vida, la perderá; pero quien pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará.

Con estos dos versículos Jesús no solo buscar poner a Pedro en su lugar sino que debe vencer también la resistencia de sus discípulos a través de los criterios del seguimiento discipular que solo se llegaran a entender cuando estos criterios lleguen hacerse vida.

Jesús expresa cuales son las condiciones del seguimiento, y evidenciar cual es la autentica salvación. Las condiciones son dos: 1) Negarse a si mismo, que en el fondo es una renuncia al poder y al dominio humano que quita la vida, 2) Tomar la cruz, es estar claros que ser discípulos de Jesús y del Padre, trae consecuencias de hostilidad y persecución.

La auténtica salvación no surge de los triunfos terrenos que nunca hacen libre al hombre. El que entrega su vida supera la muerte y encuentra vida en abundancia.

Condiciones y criterios del seguimiento.

1. Niéguese a sí mismo 1. Quien quiera salvar su vida, la perderá
2. Tome su cruz y sígame 2. Quien pierda su vida por mí y por el
Evangelio, la salvará

Estimad@ lector@ ¿Qué arriesga usted para seguir a Jesús? ¿Quién es Jesús para su vida? ¿Merece la pena seguir viviendo como está viviendo? No responda a la ligera, las respuestas a flor de piel no ayudan, reflexione es oportuno.

domingo, 21 de junio de 2009

UN PROFETA SÓLO EN SU PATRIA, ENTRE SUS PARIENTES Y EN SU CASA CARECE DE PRESTIGIO

Texto Mc 6,1-6

1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.

2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: "¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?

3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban a causa de él.


4 Jesús les dijo: "Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio."5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.

6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.


REFLEXION.

1 Salió de allí y vino a su patria, y sus discípulos le siguen.
No se nombra Galilea ni mucho menos Nazaret. Al llegar a su tierra, nadie acude a él.

2 Cuando llegó el sábado se puso a enseñar en la sinagoga. La multitud, al oírle, quedaba maravillada, y decía: "¿De dónde le viene esto? y ¿qué sabiduría es ésta que le ha sido dada? ¿Y esos milagros hechos por sus manos?

El sábado es un día de precepto en el que todos están obligados de cumplir asistiendo a la sinagoga. La comunidad sinagogal esta nuevamente impresionada, ya lo había estado en 1,22, pero no reconocen su autoridad. Si nos fijamos bien, cuando hablan de Jesús, no pronuncian su nombre, es solo a través de pronombres hacia su persona y actividad. De las interrogantes de la comunidad sinagogal tienen respuesta indirecta tales como: Las que cosas que dicen le vienen de Belcebú (Mc 3,22), y la actividad es vista como magia.

3 ¿No es éste el carpintero, el hijo de María y hermano de Santiago, Joset, Judas y Simón? ¿Y no están sus hermanas aquí entre nosotros?" Y se escandalizaban a causa de él.

No se dice el hijo de José solo de María, como si fuese indigno ser llamado por el nombre de su padre. Lo equiparan a sus parientes más cercanos. El rechazo es total. Prácticamente ha decidido ser fieles a la institución judía.

4 Jesús les dijo: "Un profeta sólo en su patria, entre sus parientes y en su casa carece de prestigio."5 Y no podía hacer allí ningún milagro, a excepción de unos pocos enfermos a quienes curó imponiéndoles las manos.

Jesús no se va dejar amedrentar por la situación, y se presenta como un profeta que es guiado por el Espíritu de Dios, así desmiente la acusación de magia. La falta de fe, requisito indispensable para los signos de Reino de Dios, impide hacer casi completamente su actividad.

6 Y se maravilló de su falta de fe. Y recorría los pueblos del contorno enseñando.

Desde este hecho ocurrido, el evangelista Marco nos indica que Jesús desde ese momento no irá más a una sinagoga, no hay nada que hacer con los que tienen fe solo en la tradición institucional. Jesús prefiere ir a la periferia.

Estimado lector (a), la cuestión no termina aquí, cabe hacernos una pregunta: ¿Quién es realmente Jesús? Por lo menos el evangelista no hace una advertencia con la manera de actuar de los vecinos que vieron crecer a Jesús. Ellos creían que lo conocían, pero no es así. Bajo la imagen de un hombre que vivió con ellos, no supieron descubrir realmente a Jesús. Ellos tenían las claves de los profetas para descubrir la Mesías, pero no tenían la fe, que debía de ayudarles a mirar más allá en la figura de aquel hombre. El escándalo rompe los clichés e imágenes estereotipadas, dejando solo lo débil y desconcertante.

El evangelista Marco nos invita a descubrir a Dios, no en lo espectacular y extraordinario, si no en lo sencillo y lo normal. En el momento en que Dios se ha encarnado, se hizo cercano, pobre y marginado. Dios desconcierta. Es urgente que nos libremos de la superficialidad, de las distracciones para poder a acoger la bondad de Dios.

¡Hasta pronto¡

sábado, 25 de abril de 2009

¿TIENEN AQUÍ ALGO DE COMER?


Texto: Lc 24,35-48

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros."

37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: "¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo."

40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: "¿Tenéis aquí algo de comer?"

42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos.

44 Después les dijo: "Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.""

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, 46 y les dijo: "Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas.



REFLEXION.

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros."

El versículo 35 es un puente que recuerda la experiencia de los caminantes de Emaús. Estos narran, así lo deja ver el texto, el encuentro con el resucitado. Esta experiencia abarca el encuentro con Jesús desde la palabra para confluir en la fracción del pan.

Una cosa es la palabra como experiencia propia, que siempre se quedara corta, y otra es la experiencia directa, por eso que en plena emoción de la narración acontece la presencia del resucitado. Al presentarse Jesús en medio de ellos y otorgar la primicia de la resurrección que es la paz, da entender que al crucificado resucitado, se le puede experimentar en la comunidad y en lo personal.

37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: "¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo."

El sobresalto y el susto, es porque hay miedo, y el tergiversar la resurrección como un acontecimiento de ultratumba (fantasmas) es porque la alegría no está presente en la vida. Esta misma situación nos sucede también a nosotros, vivimos con muchos fantasmas y con muy poca alegría.

Frente a esta situación de sobresalto y miedo, Jesús ayuda a retomar la verdadera vida, en su pregunta -"¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?”- se formula un cuestionamiento y una profunda toma de conciencia, ya que la duda y la turbación impiden el desarrollo de la alegría en la resurrección. Para superar estas dos situaciones (dudas y turbación), Jesús invita a mirar sus manos y pies, lugares muy precisos de la pasión; ofrece su cuerpo (carne y hueso) – como ofrenda de paz- para ser tocado.

La resurrección, no hace de Jesús un ser alejado de los suyos, no lo convierte en algo sagrado que no se puede mirar ni tocar. La resurrección lo hace más cercano a los suyos, y fortalece su identidad de maestro. La resurrección, es una clara demostración que la separación de lo sagrado y lo profano ha sido superada, con justa razón los evangelio dejan claro que “el velo del templo se rasgo”.

40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: "¿Tenéis aquí algo de comer?" 42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos.

La alegría ayuda superar el miedo, y atraves de ella Jesús continúa con su pedagogía de la aceptación de la resurrección. Les hace una pregunta que suena a una petición: "¿Tenéis aquí algo de comer?" Jesús retoma aquello que lo caracterizo en su vida: el compartir la mesa. La comida para Jesús es signo de presencia y de comunión.

Lo que le ofrecen para comer era parte un pez que nos recuerda la primera multiplicación de panes que fue dentro del territorio de Israel (cf. Mc 6,38). Esta presencia de Jesús es dentro del nuevo pueblo de Israel, que es la comunidad que acoge con alegría la paz del resucitado.

El comer delante de ellos, quiere dejar bien claro el evangelista, que Jesús vive y no es un simple recuerdo o idea, sino el mismo de siempre, pero con un nuevo modo de presencia.


44 Después les dijo: "Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.""


Las palabras que Jesús quiere que recuerden, eran aquellas donde el mismo les advirtió sobre su muerte y resurrección. Ahora dejan ser palabras para el recuerdo, y son las que reafirman y confirman una nueva realidad y es que el crucificado ha resucitado.

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, 46 y les dijo: "Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas.

Gracias al encuentro con el resucitado, los discípulos se les abre la inteligencia para comprender las escrituras, o dicho de otra manera superan su propia visión reducida de la presencia del Reino en la historia.

Creer en la resurrección de Jesús no significa tener mucho conocimiento, pero si es aceptar el misterio de fe que constituye este hecho. Creer en el cumplimiento de lo escrito (Moisés, Profetas y los salmos) es vivir toda nuestra vida con espíritu pascual, es decir en un nacimiento constante a la vida nueva de Dios. Creer en la resurrección, es atrevernos a darle un rumbo nuevo a la vida, dando razón de nuestra esperanza a pesar de la duda y el egoísmo que tengamos.

La resurrección no es para que quede en la admiración y el asombro, es también una misión que lleva en sí misma la exigencia de un cambio de vida. La resurrección es superación de las barreras del odio no solo en un grupo determinado, sino entre las naciones. Y la que tiene que ser el ejemplo de conversión y acercamiento tanto a Dios como a los hombres es Jerusalén, porque de ella parte esta misión.

Ser testigos de todas estas cosas, es dejar a Dios que se coloque en medio de nosotros, escuchar a Jesús para que se nos abra la inteligencia y nos ablande el corazón, es compartir la comida con aquellos que nos piden de comer, porque en el hambriento están las palabras del resucitado: ¿Tenéis aquí algo de comer? Por último ser testigos es desenmascarar a los fantasmas que generan miedos y ofuscan la paz en la vida.

martes, 9 de diciembre de 2008

HUBO UN HOMBRE ENVIADO POR DIOS

TEXTO.

Jn. 1,6-8.19-28

6Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz… 19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: "¿Quién eres tú?"

20 El confesó, y no negó; confesó: "Yo no soy el Cristo."
21 Y le preguntaron: "¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?" El dijo: "No lo soy." - "¿Eres tú el profeta?" Respondió: "No."

22 Entonces le dijeron: "¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?"

23 Dijo él: "Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías."
24 Los enviados eran fariseos. 25 Y le preguntaron: "¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?"

26 Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, 27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia."

28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.


REFLEXION

Versículos 6-8. Juan es presentado como un enviado por Dios para dar testimonio a los hombres acerca de la luz y la vida. La conversión, que es el eje central de la predicación de Juan Bautista, es luz y vida para los hombres. El bautismo que va unido a la predicación de la conversión, simboliza la ruptura con las tinieblas, y ponen al hombre como creatura nueva que acoge el don de la vida. Esta es la exigencia que nos pide el bautismo.

Otro aspecto que también deja el texto, es que Juan Bautista habla como hombre, desde la condición del hombre, y como tal experimenta la gran urgencia de la conversión y la necesidad del bautismo en la vida del mismo. El texto viene a indicar la posición y conciencia que tiene Juan en su predicación que “No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz…” Con relativa facilidad nosotros los seres humanos queremos usurpar el lugar de la luz que es Dios mismo. Esto ocurre en la medida que hacemos una vida autosuficiente respaldada por falsas seguridades en la ciencia, en la tecnología, etc., y de esta manera forjamos nuestra vida en un Babel (Cf. Gn. 11,1-9). Qué gran lección de Juan Bautista, en reconocer que él no es la luz.

Los versículos 19-28, son mucho más interesante, ya que la propuesta del Bautista despierta deseo de vida y plenitud, y esto es lo que causa preocupación a las autoridades religiosas. Las preguntas que le dirigen en referencia a los tres personajes (El Cristo, Elías o Profeta), son personas que encarnan el poder del Espíritu en tenerlo y transmitirlo (Cf. Is. 11,2; 2Re. 2,9-15; Dt. 18,15.18), pero ya anteriormente el texto deja clara la posición de Juan, para el evangelista Jesús es el único que posee y comunica el Espíritu, y en Jesús se integran las tres figuras que surgen en las preguntas de los enviados de las autoridades sacerdotales y levitas.

Los emisario no pueden irse sin una respuesta, buscan acorralar a Juan Bautista y sus preguntas son casi un exorcismo: "¿Quién eres, pues,..? ¿Qué dices de ti mismo?" La respuesta no se hace esperar; es una respuesta muy sencilla: "Yo soy voz del que clama en el desierto” Creo que esto no se lo esperaban. ¿Por qué Juan escoge la figura del desierto para autodefinirse? ¿Qué significa el desierto en Israel? El desierto es el lugar contrapuesto a la tierra cultivada, donde no habita el ser humano, por tanto el desierto en un lugar no humanizado, es el lugar de la soledad (Cf. Dt 32,10), lugar de castigo de Dios (Cf. Sof 3,2), es el lugar de la ausencia de la vida (Cf. Lev. 16,22; Is. 53,8; Ez. 37,11). A pesar de la connotación negativa, es también el lugar donde Dios interviene con amor a favor de su pueblo (Cf. Dt. 32,10; Jer 31,12; Os 9,10), es el lugar de enamoramiento, es decir sacar amor allí donde solo se ve ausencia de vida para que surja vida. En el desierto no hay culto, ni templo, ni autoridades, solo existe una fe desnuda (Cf Am. 5,21-27) y además es el paso obligatorio para llegar a la tierra prometida. Los evangelios solo hablaran del desierto cuando Jesús es tentado en el mismo (Cf. Mt. 4,1-11) y no volverán a tocar mas el tema, porque ya no hay ausencia del agua, ni de comida, ni de luz, porque Jesús es el agua, el pan y luz.

Juan Bautista asume esta autodefinición, por que como profeta siente que Israel se ha deshumanizado, ha perdido el amor que surgió una vez, como pueblo no tienen una fe desnuda y viven de instituciones muertas (templo, leyes, cultos vacios, etc). Y como auténtico profeta recibe la rica herencia de fe de su pueblo, volver al desierto para refugiarse en Dios (Cf Ap. 12,6.14). La conversión que predica Juan, exige volver humanizar al hombre que en definitiva es volver al primer amor que es Dios.

Versículos 26-27. El bautizar con agua es una llamado abandonar las estructuras existentes - tanto internas como externas – que cierran el paso de Dios. El bautismo prefigura una auténtica renovación del hombre.

Otro grado de sinceridad en Juan Bautista, es que su bautismo no es definitivo, que con el agua no basta. Es otro el que trae el fuego del Espíritu, y ese camina en medio de su pueblo.

El texto concluye diciendo que fue en Betania (que significa casa de obediencia) al otro lado del Jordán (que significa: El que ve el juicio), es decir fuera del territorio de Israel comenzaría una nueva obediencia que es el juicio misericordioso de Dios.

De esta manera concluye el primer día de los tiempo mesiánicos y más adelante dirá en Jn 1,29ss “Al día siguiente, vio a Jesús…”

Termino con un sentimiento y una advertencia de un gran maestro de la espiritualidad del desierto. A muchas personas les gusta sentir que son la “la voz que grita en el desierto”, pero se olvidan de la gran advertencia de Ch. de Foucauld: “El desierto no sostiene al débil; lo aplasta. El que gusta del esfuerzo y la lucha, ése puede sobrevivir en el desierto”.

Disponga Usted de la palabra estimado lector (a). ¡Hasta pronto!

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra