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viernes, 21 de marzo de 2014

ADORARAN AL PADRE EN ESPIRITU Y EN VERDAD, ASI ES COMO EL PADRE QUIERE

Texto: Juan 4, 5-42
Nadie duda de La importancia del relato que ahora vamos a abordar. EL relato del encuentro de Jesús con La mujer samaritana (Juan 4,1-42), es considerado como uno de Los pasajes más Leídos y estudiados del Evangelio según san Juan y quizás de todos Los evangelios. Esto se debe a su belleza Literaria, pero sobre todo al drama espiritual que se va delineando a Lo Largo de La conversación entre Jesús y La mujer, en el cual –a través del impacto de La Lectura- siempre descubrimos también algo del drama espiritual que sucede dentro de nosotros mismos.
Este evangelio de Juan 4, 5-42 tiene tres partes:
Jn 4,5-26
Jn 4,27-38
Jn 4,39-42
EL encuentro de Jesús con La
samaritana
EL diálogo con Los discípulos
EL encuentro de Jesús con Los
samaritanos
Persona
Comunidad
Sociedad
No vamos asumirlo todo, será algunas partes.
Es un encuentro que va desde fuera hacia dentro de la ciudad: comienza con Jesús y la samaritana solos junto al pozo, luego entra en escena la comunidad de los discípulos y junto con ellos Jesús contempla los campos, finalmente Jesús es conducido hacia dentro de la ciudad, donde es acogido como huésped de honor.
Es un encuentro que va da del pozo físico al pozo del corazón: el corazón humano que por sí mismo no puede producir vida, el corazón de Dios de donde viene el don inagotable de la vida.
Es un encuentro verdaderamente salvífico que conduce de la conciencia del pecado (la Lejanía de Dios) a la experiencia plenificante de la adoración de Dios (la entrega de la vida a él) según la manera como Jesús la enseña.
Es un encuentro que va de la disgregación a la congregación. En el encuentro con el Verbo se da un proceso que quiebra dicotomías, reconciliando hombre-mujer (conflictos de género), judío-samaritano (enemigos políticos), verdadero-falso adorador de Dios (discriminaciones religiosas).
Es un encuentro que integra lo personal y lo comunitario, la experiencia personal y la misión. La samaritana vive su experiencia personal de Jesús, pero confiesa su fe sólo junto con su comunidad. EL encuentro salvífico de Jesús con La samaritana es el punto de partida de La misión: de la samaritana misma y de Los discípulos.
Finalmente, es un encuentro que va del “no tener” al “tener” (del “tú no tienes” al “yo te puedo dar”). Su función es educar para comprender la grandeza del don de Jesús, la necesidad que tenemos de él, la manera como se “obtiene” y el Llamado a compartirlo.
Otros aspectos del texto.
EL Lugar: “el pozo de Jacob” (v.6). Jesús Llega a otra tierra hostil, la región samaritana, y se detiene junto al pozo que se encuentra cerca (aproximadamente un kilómetro) de la ciudad de Sicar (v.5). Normalmente las ciudades antiguas se construían cerca de una vía importante y, Lo que era esencial, junto a una fuente de agua que abasteciera la ciudad. Puesto que no había sino un solo pozo para cubrir todas las necesidades de la población, este lugar era:
  1. sitio habitual de encuentro de La gente (por ejemplo Gn 29,2-4),
  2. sitio de conflictos por la propiedad (por ejemplo: Gn 26,19-22); y, puesto que en la época el ir a buscar agua era tarea primordialmente femenina (ver 24,13), también era
  3. sitio para enamorar, buscar esposa, y por esto mismo eventualmente peligroso para las mujeres (por ejemplo Ex 2,16-19).
La hora. EL dato es preciso (v.6): era mediodía. Se entiende por qué a la hora de calor un viajero quiera sentarse junto a un pozo. Se entiende también por qué los discípulos han recorrido la poca distancia que les queda de la ciudad “para comprar comida” (v.8), es la hora del hambre y de la sed. Se puede intuir, incluso, qué afán trae la mujer cuando viene al pozo.  Pero tambien al mediodia no existen sombras todo es luz.
Las condiciones físicas de Jesús: “se había fatigado del camino” (v.6). Los datos anteriores nos permiten comprender la fatiga de Jesús. Cuando contemplamos el rostro de Jesús en el pasaje de la samaritana no sólo nos encontramos con un viajero que está exhausto físicamente. El favor que le pide a la samaritana –“Dame de beber” (v.7)- no es un simple truco, es real. El que le da carne al Verbo de Dios: es un necesitado.  Al pedirle agua a la samaritana, “Dame de beber” (v.7), Jesús le expresa que necesita ayuda, que depende de ella para solucionar una de sus necesidades básicas.  Pero paradójicamente la situación se invierte al final, cuando es la mujer misma la que clama: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla” (v.15). Es la mujer quien descubre que depende de Jesús para solucionar su necesidad básica no fisiológica y más profunda, una sed que tiene una causa más honda y que está relacionada con el sentido de su existencia.
La atmósfera de la relación: “¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?” (v.9). Es una atmósfera de tensión, la primera reacción de la mujer es agresiva.
Se ponen de relieve las dos causas de la agresividad con relación a Jesús:
  1. Está tratando con una “mujer”: esto es peligroso, la mujer se protege, pero también saca a relucir la habitual discriminación que vive;
  2. Ella es “samaritana”, por razones históricas él es su enemigo. EL mismo evangelista lo comenta, “Porque Los judíos no se tratan con Los samaritanos” (v.9).

En su primer contacto con Jesús, la mujer coloca las cartas sobre la mesa: “Tú eres”, “Yo soy”. La relación se da sobre el plano de lo accidental, de la etiqueta regional heredada, y no sobre el ser mismo de las personas.
Nuestro relato no está interesado en Las cuestiones morales de La mujer sino en el hecho de que Jesús conoce bastante bien su realidad. La mujer queda profundamente impresionada, como ella misma dirá más adelante, este es justamente el momento que quedará en su memoria de todo el encuentro: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo Lo que he hecho” (v.29; igualmente en el v.39). Sus paisanos pasarán por la misma experiencia (ver el v.42).
La misma mujer que se burló de él cuando le dirigió la palabra (v.9), que le lanzó una ironía cuando le habló del agua viva (vv.11-12), es la misma que ahora se admira de él (v.19). Pero su misma respuesta en el v.15 muestra que ella ya venía intuyendo que se encontraba delante de alguien especial. Dado que Jesús conoce bien cómo está su vida privada y todo lo que ha hecho, la mujer comienza también a saber quién es él y lo llama “Profeta” (v.19).
La mujer siente que Jesús le conoce a fondo su vida, su historia y sus necesidades. Ya no es “el Judío” (v.9), ahora es el “Profeta”, aquel que ve su vida con la mirada de Dios y la interpreta.
La mujer toma la palabra en cuanto samaritana, es decir, en cuanto miembro de un pueblo orante pero dividido. Ella, en nombre de sus paisanos, tiene la valentía de proponer el problema que en realidad los divide, esto es, el de la separación del culto de Jerusalén después de la muerte de Salomón, situación que ha permanecido por casi un milenio de historia y que toda la fibra más honda de la experiencia religiosa de  Israel. La cuestión es:
¿Cuál es el verdadero lugar para adorar a Dios? ¿Será Jerusalén o Garizim?
La samaritana saca a relucir lo mejor de ella misma. Se presenta a sí misma como una mujer que sabe o intuye por su fe que en la comunión con Dios está la plenitud de la vida. Pero hay un problema que le impide estar segura de esa comunión con Dios, y es donde darle culto y adorarlo.
En fin, la relación con Dios no se construye desde nuestros presupuestos. La verdadera adoración a Dios, actitud que abre e inserta nuestra vida en la infinita grandeza del Dios Padre que nos da la vida, sólo puede hacerse sostenida por el Espíritu e iluminada por La Verdad.
La adoración es un don de Dios y se nos da en la persona de Jesús. Por medio de él es que renacemos del Espíritu (Jn 3,5). Es en él que descubrimos la verdad de Dios y de nosotros mismos (“Soy Rey, para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de La verdad”, Jn 18,37).
De esa manera Jesús nos indica y nos concede la verdadera adoración de Dios, la justa y decisiva relación con Dios. La oración es el ejercicio de la comunión estrecha y profunda con Dios.
Esta es la “fuente que mana” con todo su vigor, que no se agota nunca, el agua que extingue toda sed y nos da la vida eterna.
Para Reflexionar.
Hay diálogos que matan. Hay otros que producen vida. ¿Cuál fue el resultado de este diálogo de Jesús y de la samaritana?
¿En qué aspectos nos cuestiona y en qué aspectos nos confirma la acción evangelizadora de Jesús y de la samaritana?
 

sábado, 26 de marzo de 2011

NOSOTROS MISMO LO HEMOS OIDO Y SABEMOS QUE EL ES REALMENTE EL SALVADOR DEL MUNDO

TEXTO Jn 4,4 ss.


Para que percibamos mejor Lo propio del encuentro de Jesús con La mujer samaritana, destaquemos aquello en lo cual se diferencia del encuentro con Nicodemo:

1. Mientras Nicodemo es un judío (de donde viene la salvación, según Jn 4,22), La mujer es una samaritana y por lo tanto miembro de un pueblo disidente política y religiosamente de centro del poder: Jerusalén.

2. Mientras Nicodemo es el representante de la clase dirigente (“Magistrado judío”; Jn 3,1), la mujer samaritana es parte de una realidad constatada en su contexto: la marginación por ser mujer.

3. Mientras Nicodemo es una persona de prestigio (es un “Maestro en Israel”, Jn 3,10), por el contrario la samaritana es una mujer de una vida ambigua, de quien Jesús conoce su pecado.

4. Mientras Nicodemo se encuentra con Jesús de noche (Jn 3,2), la samaritana lo hace bajo la Luz radiante de un mediodía.

5. Mientras Nicodemo toma la iniciativa para buscar a Jesús, es quien pone el tema de La conversación (Jn 3,2), en el caso de la samaritana es Jesús quien la busca, toma la iniciativa y conduce el coloquio.

6. Mientras la conversación con Nicodemo se desenvuelve con mucha paz –quizás sentados como maestros- y casi todo apunta a una larga enseñanza de Jesús (Jn 3,10-21), la samaritana dialoga con un viajero, en un Lugar de paso: un pozo.

Está claro que este relato retrata el camino pedagógico de un encuentro con Jesús ¿qué caracteriza este encuentro?

1. Es un encuentro que va desde fuera hacia dentro de la ciudad: comienza con Jesús y la samaritana solos junto al pozo, luego entra en escena la comunidad de los discípulos y junto con ellos Jesús contempla los campos, finalmente Jesús es conducido hacia dentro de la ciudad, donde es acogido como huésped de honor.

2. Es un encuentro que va da del pozo físico al pozo del corazón: el corazón humano que por sí mismo no puede producir vida, el corazón de Dios de donde viene el don inagotable de la vida.

3. Es un encuentro verdaderamente salvífico que conduce de la conciencia del pecado (la Lejanía de Dios) a la experiencia plenificante de la adoración de Dios (la entrega de la vida a él) según la manera como Jesús la enseña.

4. Es un encuentro que va de la disgregación a la congregación. En el encuentro con el Verbo se da un proceso que quiebra dicotomías, reconciliando hombre-mujer (conflictos de género), judío-samaritano (enemigos políticos), verdadero-falso adorador de Dios (discriminaciones religiosas).

5. Es un encuentro que integra lo personal y lo comunitario, la experiencia personal y la misión. La samaritana vive su experiencia personal de Jesús, pero confiesa su fe sólo junto con su comunidad. EL encuentro salvífico de Jesús con La samaritana es el punto de partida de La misión: de la samaritana misma y de Los discípulos.

6. Finalmente, es un encuentro que va del “no tener” al “tener” (del “tú no tienes” al “yo te puedo dar”). Su función es educar para comprender la grandeza del don de Jesús, la necesidad que tenemos de él, la manera como se “obtiene” y el Llamado a compartirlo.

Otros aspectos del texto.

El lugar

EL Lugar: “el pozo de Jacob” (v.6). Jesús Llega a otra tierra hostil, la región samaritana, y se detiene junto al pozo que se encuentra cerca (aproximadamente un kilómetro) de la ciudad de Sicar (v.5). Normalmente las ciudades antiguas se construían cerca de una vía importante y, Lo que era esencial, junto a una fuente de agua que abasteciera la ciudad. Puesto que no había sino un solo pozo para cubrir todas las necesidades de la población, este lugar era:

1.- sitio habitual de encuentro de La gente (por ejemplo Gn 29,2-4),
2.- sitio de conflictos por la propiedad (por ejemplo: Gn 26,19-22); y, puesto que en la época el ir a buscar agua era tarea primordialmente femenina (ver 24,13), también era
3.- sitio para enamorar, buscar esposa, y por esto mismo eventualmente peligroso para las mujeres (por ejemplo Ex 2,16-19).

La hora
EL dato es preciso (v.6): era mediodía. Se entiende por qué a la hora de calor un viajero quiera sentarse junto a un pozo. Se entiende también por qué los discípulos han recorrido la poca distancia que les queda de la ciudad “para comprar comida” (v.8), es la hora del hambre y de la sed. Se puede intuir, incluso, qué afán trae la mujer cuando viene al pozo.

Las condiciones físicas de Jesús
Las condiciones físicas: “se había fatigado del camino” (v.6). Los datos anteriores nos permiten comprender la fatiga de Jesús. Cuando contemplamos el rostro de Jesús en el pasaje de la samaritana no sólo nos encontramos con un viajero que está exhausto físicamente. El favor que le pide a la samaritana –“Dame de beber” (v.7)- no es un simple truco, es real. El que le da carne al Verbo de Dios: es un necesitado.

Al pedirle agua a la samaritana, “Dame de beber” (v.7), Jesús le expresa que necesita ayuda, que depende de ella para solucionar una de sus necesidades básicas. Pero paradójicamente la situación se invierte al final, cuando es la mujer misma la que clama: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla” (v.15). Es la mujer quien descubre que depende de Jesús para solucionar su necesidad básica no fisiológica y más profunda, una sed que tiene una causa más honda y que está relacionada con el sentido de su existencia.

La atmósfera de la relación
La atmósfera de La relación: “¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?” (v.9). La atmósfera es de nuevo de tensión, la primera reacción de la mujer es agresiva.

Se ponen de relieve las dos causas de la agresividad con relación a Jesús:
A.- Está tratando con una “mujer”: esto es peligroso, la mujer se protege, pero también saca a relucir la habitual discriminación que vive;
B.- Ella es “samaritana”, por razones históricas él es su enemigo. EL mismo evangelista lo comenta, “Porque Los judíos no se tratan con Los samaritanos” (v.9).
En su primer contacto con Jesús, la mujer coloca las cartas sobre la mesa: “Tú eres”, “Yo soy”. La relación se da sobre el plano de lo accidental, de la etiqueta regional heredada, y no sobre el ser mismo de las personas.

Nuestro relato no está interesado en Las cuestiones morales de La mujer sino en el hecho de que Jesús conoce bastante bien su realidad. La mujer queda profundamente impresionada, como ella misma dirá más adelante, este es justamente el momento que quedará en su memoria de todo el encuentro: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo Lo que he hecho” (v.29; igualmente en el v.39). Sus paisanos pasarán por la misma experiencia (ver el v.42).

La misma mujer que se burló de él cuando le dirigió la palabra (v.9), que le lanzó una ironía cuando le habló del agua viva (vv.11-12), es la misma que ahora se admira de él (v.19). Pero su misma respuesta en el v.15 muestra que ella ya venía intuyendo que se encontraba delante de alguien especial. Dado que Jesús conoce bien cómo está su vida privada y todo lo que ha hecho, la mujer comienza también a saber quién es él y lo llama “Profeta” (v.19).

La mujer conoce a Jesús como “aquél que me conoce”: el que conoce a fondo su vida, su historia y sus necesidades. Ya no es “el Judío” (v.9), ahora es el “Profeta”, aquel que ve su vida con la mirada de Dios y la interpreta.

La mujer toma la palabra en cuanto samaritana, es decir, en cuanto miembro de un pueblo orante pero dividido. Ella, en nombre de sus paisanos, tiene la valentía de proponer el problema que en realidad los divide, esto es, el de la separación del culto de Jerusalén después de la muerte de Salomón, situación que ha permanecido por casi un milenio de historia y que toda la fibra más honda de la experiencia religiosa de Israel. La cuestión es:

¿Cuál es el verdadero lugar para adorar a Dios?
¿Será Jerusalén o Garizim?


La samaritana saca a relucir lo mejor de ella misma. Se presenta a sí misma como una mujer que sabe o intuye por su fe que en la comunión con Dios está la plenitud de la vida. Pero hay un problema que le impide estar segura de esa comunión con Dios, y es donde darle culto y adorarlo.

En fin, la relación con Dios no se construye desde nuestros presupuestos. La verdadera adoración a Dios, actitud que abre e inserta nuestra vida en la infinita grandeza del Dios Padre que nos da la vida, sólo puede hacerse sostenida por el Espíritu e iluminada por La Verdad.

La adoración es un don de Dios y se nos da en la persona de Jesús. Por medio de él es que renacemos del Espíritu (Jn 3,5). Es en él que descubrimos la verdad de Dios y de nosotros mismos (“Soy Rey, para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de La verdad”, Jn 18,37).

De esa manera Jesús nos indica y nos concede la verdadera adoración de Dios, la justa y decisiva relación con Dios. La oración es el ejercicio de la comunión estrecha y profunda con Dios.

Esta es la “fuente que mana” con todo su vigor, que no se agota nunca, el agua que extingue toda sed y nos da la vida eterna.

sábado, 9 de enero de 2010

YO OS BAUTIZO CON AGUA; PERO VIENE EL QUE ES MÁS FUERTE QUE YO

Lc 3,15-16.21-22

15 Como el pueblo estaba a la espera, andaban todos pensando en sus corazones acerca de Juan, si no sería él el Cristo; 16 respondió Juan a todos, diciendo: "Yo os bautizo con agua; pero viene el que es más fuerte que yo, y no soy digno de desatarle la correa de sus sandalias. El os bautizará en Espíritu Santo y fuego.

21 Sucedió que cuando todo el pueblo estaba bautizándose, bautizado también Jesús y puesto en oración, se abrió el cielo, 22 y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma sensible, como una paloma; y vino una voz del cielo: = "Tú eres mi hijo; yo hoy te he engendrado."


Reflexión

En el momento en que se comienzan a dar cumplimiento a las promesas de Dios, Israel vive una profunda expectación pero no desde la fe, sino desde una situación socio-político-religioso. Es notorio la necesidad de un líder que encauce todas esas aspiraciones de liberación de carácter socio-político-religioso que de alguna manera u otra determinan la visión o reflexión del mesías, por eso no dudan en preguntar a Juan si él era el Cristo.

Juan no vive de personalidad prestada y con justa y profunda sinceridad reconoce que él no es el mesías, porque el que viene detrás de él tienen el autentico poder para liberar, Juan solo tiene un signo que es el agua, en cambio el Mesías real tiene el Espíritu de Dios que es fuego. Dos signos que se contra ponen: Agua y Fuego.
El gesto de Jesús, no se vincula para nada con el sentido de conversión que le daba Juan el Bautista; su gesto es de ubicarse entre los pecadores y así comenzar a vivir el destino de los hombres, además, este gesto permite y hace que Jesús sea miembro de la humanidad. Con este gesto Jesús podrá acoger a los pecadores en cualquiera de su condición humana.

La profunda experiencia de Jesús desde la oración, hace que el bautismo sea una experiencia real y fundante. El texto alude que fue corporal o sensible el momento en que el Espíritu Santo baja sobre Jesús, no podemos hablar de momento de euforia como el que buscaba el pueblo, es un momento de paz que define quien es Jesús para Dios: Hijo predilecto. El ser éste hijo predilecto, hace que Jesús sea la causa y razón de Dios en la historia.

Hoy cuando reflexiónamos desde el bautismo de Jesús hemos de estar claros que no solo basta con recibir el bautismo de manera externa hemos de abrirnos al espíritu de Dios para poder acoger su presencia creadora, dejarse purificar y dirigir por Dios. Entonces amigo lector, solo agua no es suficiente.


viernes, 9 de enero de 2009

DETRÁS DE MÍ VIENE EL QUE ES MÁS FUERTE QUE YO.

TEXTO.
Mc. 1,7-11
En aquel tiempo Juan Bautista 7 proclamaba: "Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias. 8 Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo."

9 Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. 10 En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.

11 Y se oyó una voz que venía de los cielos: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco."


REFLEXIÓN.

Versículo 7. "Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo; y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias.

El texto nos introduce de una manera brusca al oficio y forma de vida de Juan el bautista. El bautista quiere dejar bien claro que él es inferior al que viene, de esta manera esta su misión y sus actos no pueden ser interpretados equívocamente, tanto así que la frase “el que es más fuerte que yo” solo quiere indicar “el que tiene más derecho que yo” y ese que viene detrás tiene poder para fundar un nuevo pueblo y establecer una nueva alianza. Inmediatamente alude a otra frase “y no soy digno de desatarle, inclinándome, la correa de sus sandalias”; esta frase alude en parte a la ley judía del liberato, donde el hermano o pariente cercano al difunto se podía casar con la viuda, y los hijos nacidos bajo esta ley eran considerados hijos legítimos del difunto. En caso de renunciar a este derecho, otro le quitaría la sandalia al familiar o pariente apropiándose de su derecho y tomando su puesto. Cuando Juan hace esta afirmación es reconocer que todo el derecho del nuevo esposo de Israel está en Jesús. Con estas dos frases Juan no es el protagonista de la nueva alianza, y así deja en claro que su función ser solo un precursor.

Versículo 8. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará con Espíritu Santo.

Este versículo marca las diferencia entre uno y el otro personaje. Juan dispone el agua y el que vendrá dispone el Espíritu de Dios. El bautismo con el agua pide romper con las injusticias del pasado y así poder recibir el bautismo del Espíritu Santo, es decir la vida que sale del soplo de Dios. Recibir al Espíritu Santo es hacer que la vida pertenezca a Dios. Si en el judaísmo la fidelidad era atreves de la observancia de la ley, ahora la fidelidad nacerá desde el Espíritu que da la vida al hombre. La norma externa es superada desde adentro, desde el corazón. Recibir el bautismo de Juan implica ruptura con el pecado y ponerle fin al mismo. El bautismo de Juan lleva a la toma de conciencia. Cuando se combinan el agua y el Espíritu, tendrá un efecto, y eso es lo que indicaran los versículos 9 al 11.

Versículo 9. Y sucedió que por aquellos días vino Jesús desde Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán.

Es muy alentador cuando el evangelista Marco comienza con esta frase: por aquellos días. Indicando que la primicia de una nueva época, que ha llegado el cumplimiento de las promesas en la persona de Jesús. Por otro lado viene a relatar la llegada de Jesús con mucha sencillez; presenta a Jesús como un hombre desconocido, un hombre que no tiene poder en la sociedad, un hombre que se ha puesto en camino saliendo de su casa para llegar a la orilla del Jordán. Nazaret y Galilea van a marcar el sentido de Jesús. ¿Qué tipo de personas vivían en Galilea para el evangelista destaque su nombre? Los galileos eran creyentes pero no muy practicantes, socialmente oprimidos pero políticamente eran inquietos, era la cuna de los zelotas, en una palabra el Galileo ama la libertad. En Galilea se mezclan los judíos y gentiles (Cf Mt 4,15), símbolo de la unidad de todas las razas, con justa razón allí fueron pronunciadas las Bienaventuranzas

Al recibir Jesús el bautismo de Juan, no le vincula para nada a la situación de aquellos que fueron al Jordán confesar sus pecados y recibir el bautismo como signo de conversión, en el caso de Jesús su bautismo expresa la total disposición en cumplir su misión hasta dar su vida a favor de los hombres. Jesús consagra su vida en las aguas del Jordán, tanto así que llegara hablar de su muerte como un bautismo, y desde su vida constituirá el nuevo pueblo. Jesús como buen galileo también ama la libertad de su pueblo.

Por último el Jordán – simbólicamente hablando- delimita las fronteras de la nueva tierra, es decir lo que es de este mundo y lo ha de nacer para Dios.

Versículo 10. En cuanto salió del agua vio que los cielos se rasgaban y que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él.

Este versículo presenta la propia experiencia de Jesús, ya ve abrirse el cielo rasgarse, es decir se rompe la frontera entre Dios y el hombre, lo rasgado no puede retornar a su estado primero. Cielo abierto y rasgado es que Dios a través de Jesús (Hijo amado y predilecto) va a comunicarse de manera nueva, directa y continua. Por otra parte el Espíritu que baja en forma de paloma sobre Jesús, significan que la vida y el aliento de Dios están en Jesús. Dios comunica la plenitud de su poder haciendo de Jesús el Hombre-Dios (portador del Espíritu de Dios), y así en Jesús se plenifica la creación del hombre.

¿Cuáles son las consecuencias de tener el Espíritu de Dios? Habilita a Jesús para hacer justicia verdadera al pobre, condenar al malvado, anunciar el triunfo del derecho sobre los demagogos, portador de la alegría para los pobres y cautivos, la salud del enfermo y esperanza del pecador.
En rigor ver “que el Espíritu, en forma de paloma, bajaba a él “subraya la conciencia mesiánica de Jesús.

Versículo 11. Y se oyó una voz que venía de los cielos: "Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco."

Podemos decir que el versículo 10 es una experiencia visual en cambio es versículo 11 es una experiencia auditiva. Ver y oír son la clave de la experiencia divina de Jesús. La voz del cielo habla en calidad de Padre (Cf Sal 2,7) que declara su amor sin limite a su Hijo. Ahora bien, este hijo no solo ha recibido la vida de Dios, sino que también deberá actuar y comportarse como el Padre. La actitud de Jesús hacia los hombre en cualquiera de su condición, afirman lo que Dios quiere para los hombres.

Cuando Jesús llegue a nombrar a Dios como ABBA, es la plena evidencia de que él es el Hijo predilecto, el único, el sujeto y objeto de la complacencia divina.
En el evangelio de Marcos la palabra Hijo estará en momentos claves de la vida de Jesús, tales como en esta escena del bautismo (Mc 1,10-11), durante el proceso (Mc 14,61-63) y en el momento que el centurión lo proclama como Hijo de Dios (Mc 15,38-39).

Estimad@ Lector@ vivir la vida cristiana como bautizado tener conciencia de ser hij@s amad@s en quien Dios se complace. Pero la complacencia es compromiso activo en la vida cristiana; Jesús tuvo que reflejar al Padre, nosotros hemos de reflejar al Hijo para poder dar a conocer al Padre. Estimado ciber-lector, suya es la palabra.

martes, 9 de diciembre de 2008

HUBO UN HOMBRE ENVIADO POR DIOS

TEXTO.

Jn. 1,6-8.19-28

6Hubo un hombre, enviado por Dios: se llamaba Juan. 7 Este vino para un testimonio, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por él. 8 No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz… 19 Y este fue el testimonio de Juan, cuando los judíos enviaron donde él desde Jerusalén sacerdotes y levitas a preguntarle: "¿Quién eres tú?"

20 El confesó, y no negó; confesó: "Yo no soy el Cristo."
21 Y le preguntaron: "¿Qué, pues? ¿Eres tú Elías?" El dijo: "No lo soy." - "¿Eres tú el profeta?" Respondió: "No."

22 Entonces le dijeron: "¿Quién eres, pues, para que demos respuesta a los que nos han enviado? ¿Qué dices de ti mismo?"

23 Dijo él: "Yo soy voz del que clama en el desierto: Rectificad el camino del Señor, como dijo el profeta Isaías."
24 Los enviados eran fariseos. 25 Y le preguntaron: "¿Por qué, pues, bautizas, si no eres tú el Cristo ni Elías ni el profeta?"

26 Juan les respondió: "Yo bautizo con agua, pero en medio de vosotros está uno a quien no conocéis, 27 que viene detrás de mí, a quien yo no soy digno de desatarle la correa de su sandalia."

28 Esto ocurrió en Betania, al otro lado del Jordán, donde estaba Juan bautizando.


REFLEXION

Versículos 6-8. Juan es presentado como un enviado por Dios para dar testimonio a los hombres acerca de la luz y la vida. La conversión, que es el eje central de la predicación de Juan Bautista, es luz y vida para los hombres. El bautismo que va unido a la predicación de la conversión, simboliza la ruptura con las tinieblas, y ponen al hombre como creatura nueva que acoge el don de la vida. Esta es la exigencia que nos pide el bautismo.

Otro aspecto que también deja el texto, es que Juan Bautista habla como hombre, desde la condición del hombre, y como tal experimenta la gran urgencia de la conversión y la necesidad del bautismo en la vida del mismo. El texto viene a indicar la posición y conciencia que tiene Juan en su predicación que “No era él la luz, sino quien debía dar testimonio de la luz…” Con relativa facilidad nosotros los seres humanos queremos usurpar el lugar de la luz que es Dios mismo. Esto ocurre en la medida que hacemos una vida autosuficiente respaldada por falsas seguridades en la ciencia, en la tecnología, etc., y de esta manera forjamos nuestra vida en un Babel (Cf. Gn. 11,1-9). Qué gran lección de Juan Bautista, en reconocer que él no es la luz.

Los versículos 19-28, son mucho más interesante, ya que la propuesta del Bautista despierta deseo de vida y plenitud, y esto es lo que causa preocupación a las autoridades religiosas. Las preguntas que le dirigen en referencia a los tres personajes (El Cristo, Elías o Profeta), son personas que encarnan el poder del Espíritu en tenerlo y transmitirlo (Cf. Is. 11,2; 2Re. 2,9-15; Dt. 18,15.18), pero ya anteriormente el texto deja clara la posición de Juan, para el evangelista Jesús es el único que posee y comunica el Espíritu, y en Jesús se integran las tres figuras que surgen en las preguntas de los enviados de las autoridades sacerdotales y levitas.

Los emisario no pueden irse sin una respuesta, buscan acorralar a Juan Bautista y sus preguntas son casi un exorcismo: "¿Quién eres, pues,..? ¿Qué dices de ti mismo?" La respuesta no se hace esperar; es una respuesta muy sencilla: "Yo soy voz del que clama en el desierto” Creo que esto no se lo esperaban. ¿Por qué Juan escoge la figura del desierto para autodefinirse? ¿Qué significa el desierto en Israel? El desierto es el lugar contrapuesto a la tierra cultivada, donde no habita el ser humano, por tanto el desierto en un lugar no humanizado, es el lugar de la soledad (Cf. Dt 32,10), lugar de castigo de Dios (Cf. Sof 3,2), es el lugar de la ausencia de la vida (Cf. Lev. 16,22; Is. 53,8; Ez. 37,11). A pesar de la connotación negativa, es también el lugar donde Dios interviene con amor a favor de su pueblo (Cf. Dt. 32,10; Jer 31,12; Os 9,10), es el lugar de enamoramiento, es decir sacar amor allí donde solo se ve ausencia de vida para que surja vida. En el desierto no hay culto, ni templo, ni autoridades, solo existe una fe desnuda (Cf Am. 5,21-27) y además es el paso obligatorio para llegar a la tierra prometida. Los evangelios solo hablaran del desierto cuando Jesús es tentado en el mismo (Cf. Mt. 4,1-11) y no volverán a tocar mas el tema, porque ya no hay ausencia del agua, ni de comida, ni de luz, porque Jesús es el agua, el pan y luz.

Juan Bautista asume esta autodefinición, por que como profeta siente que Israel se ha deshumanizado, ha perdido el amor que surgió una vez, como pueblo no tienen una fe desnuda y viven de instituciones muertas (templo, leyes, cultos vacios, etc). Y como auténtico profeta recibe la rica herencia de fe de su pueblo, volver al desierto para refugiarse en Dios (Cf Ap. 12,6.14). La conversión que predica Juan, exige volver humanizar al hombre que en definitiva es volver al primer amor que es Dios.

Versículos 26-27. El bautizar con agua es una llamado abandonar las estructuras existentes - tanto internas como externas – que cierran el paso de Dios. El bautismo prefigura una auténtica renovación del hombre.

Otro grado de sinceridad en Juan Bautista, es que su bautismo no es definitivo, que con el agua no basta. Es otro el que trae el fuego del Espíritu, y ese camina en medio de su pueblo.

El texto concluye diciendo que fue en Betania (que significa casa de obediencia) al otro lado del Jordán (que significa: El que ve el juicio), es decir fuera del territorio de Israel comenzaría una nueva obediencia que es el juicio misericordioso de Dios.

De esta manera concluye el primer día de los tiempo mesiánicos y más adelante dirá en Jn 1,29ss “Al día siguiente, vio a Jesús…”

Termino con un sentimiento y una advertencia de un gran maestro de la espiritualidad del desierto. A muchas personas les gusta sentir que son la “la voz que grita en el desierto”, pero se olvidan de la gran advertencia de Ch. de Foucauld: “El desierto no sostiene al débil; lo aplasta. El que gusta del esfuerzo y la lucha, ése puede sobrevivir en el desierto”.

Disponga Usted de la palabra estimado lector (a). ¡Hasta pronto!

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra