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viernes, 21 de marzo de 2014

ADORARAN AL PADRE EN ESPIRITU Y EN VERDAD, ASI ES COMO EL PADRE QUIERE

Texto: Juan 4, 5-42
Nadie duda de La importancia del relato que ahora vamos a abordar. EL relato del encuentro de Jesús con La mujer samaritana (Juan 4,1-42), es considerado como uno de Los pasajes más Leídos y estudiados del Evangelio según san Juan y quizás de todos Los evangelios. Esto se debe a su belleza Literaria, pero sobre todo al drama espiritual que se va delineando a Lo Largo de La conversación entre Jesús y La mujer, en el cual –a través del impacto de La Lectura- siempre descubrimos también algo del drama espiritual que sucede dentro de nosotros mismos.
Este evangelio de Juan 4, 5-42 tiene tres partes:
Jn 4,5-26
Jn 4,27-38
Jn 4,39-42
EL encuentro de Jesús con La
samaritana
EL diálogo con Los discípulos
EL encuentro de Jesús con Los
samaritanos
Persona
Comunidad
Sociedad
No vamos asumirlo todo, será algunas partes.
Es un encuentro que va desde fuera hacia dentro de la ciudad: comienza con Jesús y la samaritana solos junto al pozo, luego entra en escena la comunidad de los discípulos y junto con ellos Jesús contempla los campos, finalmente Jesús es conducido hacia dentro de la ciudad, donde es acogido como huésped de honor.
Es un encuentro que va da del pozo físico al pozo del corazón: el corazón humano que por sí mismo no puede producir vida, el corazón de Dios de donde viene el don inagotable de la vida.
Es un encuentro verdaderamente salvífico que conduce de la conciencia del pecado (la Lejanía de Dios) a la experiencia plenificante de la adoración de Dios (la entrega de la vida a él) según la manera como Jesús la enseña.
Es un encuentro que va de la disgregación a la congregación. En el encuentro con el Verbo se da un proceso que quiebra dicotomías, reconciliando hombre-mujer (conflictos de género), judío-samaritano (enemigos políticos), verdadero-falso adorador de Dios (discriminaciones religiosas).
Es un encuentro que integra lo personal y lo comunitario, la experiencia personal y la misión. La samaritana vive su experiencia personal de Jesús, pero confiesa su fe sólo junto con su comunidad. EL encuentro salvífico de Jesús con La samaritana es el punto de partida de La misión: de la samaritana misma y de Los discípulos.
Finalmente, es un encuentro que va del “no tener” al “tener” (del “tú no tienes” al “yo te puedo dar”). Su función es educar para comprender la grandeza del don de Jesús, la necesidad que tenemos de él, la manera como se “obtiene” y el Llamado a compartirlo.
Otros aspectos del texto.
EL Lugar: “el pozo de Jacob” (v.6). Jesús Llega a otra tierra hostil, la región samaritana, y se detiene junto al pozo que se encuentra cerca (aproximadamente un kilómetro) de la ciudad de Sicar (v.5). Normalmente las ciudades antiguas se construían cerca de una vía importante y, Lo que era esencial, junto a una fuente de agua que abasteciera la ciudad. Puesto que no había sino un solo pozo para cubrir todas las necesidades de la población, este lugar era:
  1. sitio habitual de encuentro de La gente (por ejemplo Gn 29,2-4),
  2. sitio de conflictos por la propiedad (por ejemplo: Gn 26,19-22); y, puesto que en la época el ir a buscar agua era tarea primordialmente femenina (ver 24,13), también era
  3. sitio para enamorar, buscar esposa, y por esto mismo eventualmente peligroso para las mujeres (por ejemplo Ex 2,16-19).
La hora. EL dato es preciso (v.6): era mediodía. Se entiende por qué a la hora de calor un viajero quiera sentarse junto a un pozo. Se entiende también por qué los discípulos han recorrido la poca distancia que les queda de la ciudad “para comprar comida” (v.8), es la hora del hambre y de la sed. Se puede intuir, incluso, qué afán trae la mujer cuando viene al pozo.  Pero tambien al mediodia no existen sombras todo es luz.
Las condiciones físicas de Jesús: “se había fatigado del camino” (v.6). Los datos anteriores nos permiten comprender la fatiga de Jesús. Cuando contemplamos el rostro de Jesús en el pasaje de la samaritana no sólo nos encontramos con un viajero que está exhausto físicamente. El favor que le pide a la samaritana –“Dame de beber” (v.7)- no es un simple truco, es real. El que le da carne al Verbo de Dios: es un necesitado.  Al pedirle agua a la samaritana, “Dame de beber” (v.7), Jesús le expresa que necesita ayuda, que depende de ella para solucionar una de sus necesidades básicas.  Pero paradójicamente la situación se invierte al final, cuando es la mujer misma la que clama: “Señor, dame de esa agua, para que no tenga más sed y no tenga que venir aquí a sacarla” (v.15). Es la mujer quien descubre que depende de Jesús para solucionar su necesidad básica no fisiológica y más profunda, una sed que tiene una causa más honda y que está relacionada con el sentido de su existencia.
La atmósfera de la relación: “¿Cómo tú siendo judío me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?” (v.9). Es una atmósfera de tensión, la primera reacción de la mujer es agresiva.
Se ponen de relieve las dos causas de la agresividad con relación a Jesús:
  1. Está tratando con una “mujer”: esto es peligroso, la mujer se protege, pero también saca a relucir la habitual discriminación que vive;
  2. Ella es “samaritana”, por razones históricas él es su enemigo. EL mismo evangelista lo comenta, “Porque Los judíos no se tratan con Los samaritanos” (v.9).

En su primer contacto con Jesús, la mujer coloca las cartas sobre la mesa: “Tú eres”, “Yo soy”. La relación se da sobre el plano de lo accidental, de la etiqueta regional heredada, y no sobre el ser mismo de las personas.
Nuestro relato no está interesado en Las cuestiones morales de La mujer sino en el hecho de que Jesús conoce bastante bien su realidad. La mujer queda profundamente impresionada, como ella misma dirá más adelante, este es justamente el momento que quedará en su memoria de todo el encuentro: “Vengan a ver a un hombre que me ha dicho todo Lo que he hecho” (v.29; igualmente en el v.39). Sus paisanos pasarán por la misma experiencia (ver el v.42).
La misma mujer que se burló de él cuando le dirigió la palabra (v.9), que le lanzó una ironía cuando le habló del agua viva (vv.11-12), es la misma que ahora se admira de él (v.19). Pero su misma respuesta en el v.15 muestra que ella ya venía intuyendo que se encontraba delante de alguien especial. Dado que Jesús conoce bien cómo está su vida privada y todo lo que ha hecho, la mujer comienza también a saber quién es él y lo llama “Profeta” (v.19).
La mujer siente que Jesús le conoce a fondo su vida, su historia y sus necesidades. Ya no es “el Judío” (v.9), ahora es el “Profeta”, aquel que ve su vida con la mirada de Dios y la interpreta.
La mujer toma la palabra en cuanto samaritana, es decir, en cuanto miembro de un pueblo orante pero dividido. Ella, en nombre de sus paisanos, tiene la valentía de proponer el problema que en realidad los divide, esto es, el de la separación del culto de Jerusalén después de la muerte de Salomón, situación que ha permanecido por casi un milenio de historia y que toda la fibra más honda de la experiencia religiosa de  Israel. La cuestión es:
¿Cuál es el verdadero lugar para adorar a Dios? ¿Será Jerusalén o Garizim?
La samaritana saca a relucir lo mejor de ella misma. Se presenta a sí misma como una mujer que sabe o intuye por su fe que en la comunión con Dios está la plenitud de la vida. Pero hay un problema que le impide estar segura de esa comunión con Dios, y es donde darle culto y adorarlo.
En fin, la relación con Dios no se construye desde nuestros presupuestos. La verdadera adoración a Dios, actitud que abre e inserta nuestra vida en la infinita grandeza del Dios Padre que nos da la vida, sólo puede hacerse sostenida por el Espíritu e iluminada por La Verdad.
La adoración es un don de Dios y se nos da en la persona de Jesús. Por medio de él es que renacemos del Espíritu (Jn 3,5). Es en él que descubrimos la verdad de Dios y de nosotros mismos (“Soy Rey, para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de La verdad”, Jn 18,37).
De esa manera Jesús nos indica y nos concede la verdadera adoración de Dios, la justa y decisiva relación con Dios. La oración es el ejercicio de la comunión estrecha y profunda con Dios.
Esta es la “fuente que mana” con todo su vigor, que no se agota nunca, el agua que extingue toda sed y nos da la vida eterna.
Para Reflexionar.
Hay diálogos que matan. Hay otros que producen vida. ¿Cuál fue el resultado de este diálogo de Jesús y de la samaritana?
¿En qué aspectos nos cuestiona y en qué aspectos nos confirma la acción evangelizadora de Jesús y de la samaritana?
 

viernes, 12 de junio de 2009

¿DÓNDE QUIERES COMER EL CORDERO DE PASCUA?

(Aclaración: En el blogs solo aparecerán las reflexiones del evangelio de Marco, ya que este año corresponde a este evangelista, y así mantenemos el objetivo del blogs que es reflexionar durante el año con el evangelista que toque en el ciclo litúrgico)

Texto Mc 14,12-26.

12 El primer día de los Azimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?"

13 Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: "Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14 y allí donde entre, decid al dueño de la casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?" 15 El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros."

16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

17 Y al atardecer, llega él con los Doce. 18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: "Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo." 19 Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: "¿Acaso soy yo?" 20 El les dijo: "Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. 21 Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!" 22 Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: "Tomad, este es mi cuerpo." 23 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. 24 Y les dijo: "Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. 25 Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios."

26 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.



REFLEXION

12 El primer día de los Ázimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dicen sus discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?"

El versículo 12 es una introducción a toda la secuencia siguiente del texto. Veamos. Ofrece un dato, y es que la fiesta de los panes ázimos era la víspera de la pascua, y era la que daba inicio al día de la pascua. Otro dato es el sacrificio del cordero de pascua que pondrá toda las acciones de Jesús bajo el signo de la pascua, así es que podemos entender que Jesús es el cordero pascual.

Una vez que se ofrecen estos datos surge la pregunta de los discípulos: "¿Dónde quieres que vayamos a hacer los preparativos para que comas el cordero de Pascua?". Con esta pregunta se indica que la fiesta de pascua es una iniciativa que surge de los discípulos.


13 Entonces, envía a dos de sus discípulos y les dice: "Id a la ciudad; os saldrá al encuentro un hombre llevando un cántaro de agua; seguidle 14 y allí donde entre, decid al dueño de la casa: "El Maestro dice: ¿Dónde está mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis discípulos?" 15 El os enseñará en el piso superior una sala grande, ya dispuesta y preparada; haced allí los preparativos para nosotros."

Jesús envía a sus discípulos a la ciudad, en curioso que no aparece el nombre de Jerusalén. Para poder llegar al lugar indicado ellos deben seguir unas señales poco usuales por ejemplo, un hombre con un cántaro de agua que solo lo podían llevar las mujeres que iban al pozo a buscar agua, como es el caso de la mujer samaritana. Pero en el fondo existe un sentido figurado a Juan el Bautista (el hombre que bautiza con agua), seguir al hombre del cántaro significa que las cosas deben cambiar, y el cambio viene con la ruptura del pasado que incluye las costumbres. La pascua de Jesús no es un mero rito, es un cambio a toda la vida del ser humano.

Seguir al hombre del cántaro hasta donde llegue indica el final del camino. El lugar donde se celebrara la pascua tiene sus propias características: es una casa de dos piso, tiene una sala grande y el lugar está preparado para la misma. ¿Qué significan para ti amigo o amiga lector estas condiciones?

16 Los discípulos salieron, llegaron a la ciudad, lo encontraron tal como les había dicho, y prepararon la Pascua.

Los discípulos son obedientes a la palabra del maestro, siguen con riguridad las instrucciones, pero también esta obediencia es disposición de personal.


17 Y al atardecer, llega él con los Doce. 18 Y mientras comían recostados, Jesús dijo: "Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará, el que come conmigo."
19 Ellos empezaron a entristecerse y a decirle uno tras otro: "¿Acaso soy yo?" 20 El les dijo: "Uno de los Doce que moja conmigo en el mismo plato. 21 Porque el Hijo del hombre se va, como está escrito de él, pero ¡ay de aquel por quien el Hijo del hombre es entregado! ¡Más le valdría a ese hombre no haber nacido!" 22 Y mientras estaban comiendo, tomó pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio y dijo: "Tomad, este es mi cuerpo." 23 Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio, y bebieron todos de ella. 24 Y les dijo: "Esta es mi sangre de la Alianza, que es derramada por muchos. 25 Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios."


La precisión temporal (al atardecer), será misma precisión que se utilizara para indicar la sepultura de Jesús (Cf Mc 15,42). También esta precisión es indicativa de incomprensión (Cf Mc 1,32; 4,35; 6,47). La presencia de los doce es también simbólica, ya que representan el nuevo Israel en cada una de sus tribus.

El comer recostados (v 18), es el signo propio de los hombre libres (cf Mc 2,15; 6,39; 8,6) en una comida que es fiesta. Si la pascua es signo de la liberación de Egipto, comerla junto a Jesús es signo de la liberación total es decir más que Egipto, porque la pascua de Jesús no es un recuerdo del pasado es una realidad viva y operante.

El comer juntos es signo de amor, amistad e intimidad, y para que aquella amistad, amor e intimidad fuera quedar manchada era mejor revelar quién era el traidor. La denuncia de Jesús del traidor produce inquietud y tristeza, porque cada uno se ve como un posible traidor porque no hay seguridad en la fidelidad discipular hacia el maestro, y esto hace no sean capaz de descubrir al traidor.

Jesús precisa el traidor, y ese surge desde el grupo, de los que él llamo por amor, amistad e intimidad; por eso el traidor comparte su misma comida y su misma vida.
Esta situación no detiene a Jesús (“…el Hijo del hombre se marcha…”), él tiene firme voluntad de llegar a la muerte indicando que él no fracasara, pero el hombre que lo entrega su existencia será un fracaso. Hasta el momento no se dice abiertamente el nombre del traidor porque en esta situación puede ser cualquiera de la comunidad, incluso nosotros estimado lector podemos ser ese hombre cuya existencia está abocada al fracaso.

En la frase entregar al hijo del hombre, significa querer anular todo valor humano, toda plenitud. Hacer esto es un fracaso para sí mismo y para hacer esto más vale no nacer.

En la comida Jesús ofrece el pan, que a partir de ese momento será su identidad y presencia, pero también es asimilarse a él, aceptar su palabra y vida como norma y guía única. Es curioso que no se indique que tomen el pan y lo coman, el texto lo deja como una acción tácita, pero de la copa si dice que la bebieron. Después de haberla bebido Jesús explica que significa la copa, es signo de su muerte violenta que estará en término de alianza y así la alianza del Sinaí queda sustituida. Beberla por parte de los discípulos es aceptar la muerte de Jesús y comprometerse como él

Con el versículo 25 Jesús termina con una solemne declaración: Yo os aseguro que ya no beberé del producto de la vid hasta el día en que lo beba nuevo en el Reino de Dios.

26 Y cantados los himnos, salieron hacia el monte de los Olivos.

Con este versículo se indica que salen de ciudad hacia el Getsemaní. El verbo salir, indica el acto voluntario de morir.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra