sábado, 25 de abril de 2009

¿TIENEN AQUÍ ALGO DE COMER?


Texto: Lc 24,35-48

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros."

37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: "¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo."

40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: "¿Tenéis aquí algo de comer?"

42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos.

44 Después les dijo: "Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.""

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, 46 y les dijo: "Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas.



REFLEXION.

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido en la fracción del pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: "La paz con vosotros."

El versículo 35 es un puente que recuerda la experiencia de los caminantes de Emaús. Estos narran, así lo deja ver el texto, el encuentro con el resucitado. Esta experiencia abarca el encuentro con Jesús desde la palabra para confluir en la fracción del pan.

Una cosa es la palabra como experiencia propia, que siempre se quedara corta, y otra es la experiencia directa, por eso que en plena emoción de la narración acontece la presencia del resucitado. Al presentarse Jesús en medio de ellos y otorgar la primicia de la resurrección que es la paz, da entender que al crucificado resucitado, se le puede experimentar en la comunidad y en lo personal.

37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: "¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? 39 Mirad mis manos y mis pies; soy yo mismo. Palpadme y ved que un espíritu no tiene carne y huesos como veis que yo tengo."

El sobresalto y el susto, es porque hay miedo, y el tergiversar la resurrección como un acontecimiento de ultratumba (fantasmas) es porque la alegría no está presente en la vida. Esta misma situación nos sucede también a nosotros, vivimos con muchos fantasmas y con muy poca alegría.

Frente a esta situación de sobresalto y miedo, Jesús ayuda a retomar la verdadera vida, en su pregunta -"¿Por qué os turbáis, y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón?”- se formula un cuestionamiento y una profunda toma de conciencia, ya que la duda y la turbación impiden el desarrollo de la alegría en la resurrección. Para superar estas dos situaciones (dudas y turbación), Jesús invita a mirar sus manos y pies, lugares muy precisos de la pasión; ofrece su cuerpo (carne y hueso) – como ofrenda de paz- para ser tocado.

La resurrección, no hace de Jesús un ser alejado de los suyos, no lo convierte en algo sagrado que no se puede mirar ni tocar. La resurrección lo hace más cercano a los suyos, y fortalece su identidad de maestro. La resurrección, es una clara demostración que la separación de lo sagrado y lo profano ha sido superada, con justa razón los evangelio dejan claro que “el velo del templo se rasgo”.

40 Y, diciendo esto, los mostró las manos y los pies. 41 Como ellos no acabasen de creerlo a causa de la alegría y estuviesen asombrados, les dijo: "¿Tenéis aquí algo de comer?" 42 Ellos le ofrecieron parte de un pez asado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos.

La alegría ayuda superar el miedo, y atraves de ella Jesús continúa con su pedagogía de la aceptación de la resurrección. Les hace una pregunta que suena a una petición: "¿Tenéis aquí algo de comer?" Jesús retoma aquello que lo caracterizo en su vida: el compartir la mesa. La comida para Jesús es signo de presencia y de comunión.

Lo que le ofrecen para comer era parte un pez que nos recuerda la primera multiplicación de panes que fue dentro del territorio de Israel (cf. Mc 6,38). Esta presencia de Jesús es dentro del nuevo pueblo de Israel, que es la comunidad que acoge con alegría la paz del resucitado.

El comer delante de ellos, quiere dejar bien claro el evangelista, que Jesús vive y no es un simple recuerdo o idea, sino el mismo de siempre, pero con un nuevo modo de presencia.


44 Después les dijo: "Estas son aquellas palabras mías que os hablé cuando todavía estaba con vosotros: "Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.""


Las palabras que Jesús quiere que recuerden, eran aquellas donde el mismo les advirtió sobre su muerte y resurrección. Ahora dejan ser palabras para el recuerdo, y son las que reafirman y confirman una nueva realidad y es que el crucificado ha resucitado.

45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras, 46 y les dijo: "Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día 47 y se predicara en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Vosotros sois testigos de estas cosas.

Gracias al encuentro con el resucitado, los discípulos se les abre la inteligencia para comprender las escrituras, o dicho de otra manera superan su propia visión reducida de la presencia del Reino en la historia.

Creer en la resurrección de Jesús no significa tener mucho conocimiento, pero si es aceptar el misterio de fe que constituye este hecho. Creer en el cumplimiento de lo escrito (Moisés, Profetas y los salmos) es vivir toda nuestra vida con espíritu pascual, es decir en un nacimiento constante a la vida nueva de Dios. Creer en la resurrección, es atrevernos a darle un rumbo nuevo a la vida, dando razón de nuestra esperanza a pesar de la duda y el egoísmo que tengamos.

La resurrección no es para que quede en la admiración y el asombro, es también una misión que lleva en sí misma la exigencia de un cambio de vida. La resurrección es superación de las barreras del odio no solo en un grupo determinado, sino entre las naciones. Y la que tiene que ser el ejemplo de conversión y acercamiento tanto a Dios como a los hombres es Jerusalén, porque de ella parte esta misión.

Ser testigos de todas estas cosas, es dejar a Dios que se coloque en medio de nosotros, escuchar a Jesús para que se nos abra la inteligencia y nos ablande el corazón, es compartir la comida con aquellos que nos piden de comer, porque en el hambriento están las palabras del resucitado: ¿Tenéis aquí algo de comer? Por último ser testigos es desenmascarar a los fantasmas que generan miedos y ofuscan la paz en la vida.

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