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domingo, 25 de junio de 2023

No tengan miedo quien mata el cuerpo (Mt. 10,26-33)

 

Las palabras de Jesús a sus discípulos invitan a tener valentía, confianza y buen ánimo en los momentos duros y difíciles de la vida y más cuando se viven persecuciones. La insistencia está en la palabra NO tener miedo, porque en el fondo está garantizando la asistencia divina, la angustia y el miedo no son motivos para negarse a la proclamación del Reino de Dios.

La amargura y la adversidad forman parte del seguimiento. El evangelio que se anuncia como llegada del Reino de Dios, nada ni nadie podrá contra él. El espíritu, la libertad y la vida que habita en el interior del evangelio no podrá ser neutralizado, aunque le quiten la vida de quien lo proclame.

El discípulo tiene como base la confianza inquebrantable en Dios a quien reconoce y lo llama Padre. Si el Padre cuida de los pájaros más pequeños e insignificantes ¿Cómo no va cuidar del hombre que proclama su Reino?

Las últimas palabras del texto Mt. 10,26-33, desembocan en el momento definitivo, al juicio final, porque lo suceda en el momento de la persecución será de igual forma en el juicio. Quien proclame a Jesucristo hasta el final, igual lo hará el mismo Jesús con el proclamador, quien sea vencido por el miedo aun conociendo la verdad encontraran en Jesús un acusador. 

La gran advertencia es que, si no tenemos un amor fuerte y una fe firme, fácilmente la vida queda atrapada en diferentes miedos donde el arriesgar es mínimo porque se vive en pequeños espacios de felicidad, reducida posición social que no se quiere perder; da miedo hacer el ridículo, confesar y luchar por auténticas convicciones.

 No tengas miedo…decide tú el rumbo.

sábado, 17 de septiembre de 2016

«El amigo fiel no tiene precio» (Si 6,15)

En las distintas tradiciones místicas aparece descrita la relación entre Dios y el hombre en términos de amistad; la amistad es metáfora de encuentro, de relación cálida y envolvente, de cercanía y protección. También la tradición judeo-cristiana habla de la amistad divina y de la humana como espejos que se contemplan y se reflejan mutuamente; por eso seria artificial trazar una distinción radical en la Biblia entre la amistad divina y la amistad humana. Todos los rasgos que caracterizan la amistad entre los hombres aparecen en el Dios de la Biblia, porque los dos preceptos del amor son semejantes. 

La amistad es de naturaleza expansiva. «Quien dice que ama a Dios y no ama a su hermano, es un mentiroso» (1Jn. 4,20). Podemos esperar que los grandes amigos de Dios sean también simultáneamente magníficos amigos de los hombres. La amistad con Dios habilita en nosotros una mejor calidad de amistad humana, y viceversa. 

Una de las cualidades bíblicas de la amistad es su capacidad de dilatación el amor es como el fuego, que, si no se comunica, se apaga. Pablo confesaba a los corintios: «Sentimos el corazón ensanchado. No tenéis un lugar en estrecho en nosotros» (cf. 2 Cor. 6,11-12).

Pero no es sólo en la literatura sapiencial donde la Biblia exalta la amistad humana. Las más bellas páginas sobre la amistad son de naturaleza narrativa. La Biblia atesora una de las historias más dramáticas de amistad de toda la literatura universal se trata de la amistad entre dos jóvenes David y Jonatán, el hijo de Saúl. Es una amistad a primera vista; Jonatán se sintió atraído hacia David desde el primer momento en que lo vio con la cabeza de Goliat en sus manos: «Jonatan se encariñó de David; lo quiso como a sí mismo» (1 S 18,1). La literatura rabínica juega con el nombre hebreo de David, cuyas consonantes hebreas coinciden con  la palabra DOD, «amado. 

David fue, ante todo, alguien muy fácil de querer. Cuando llegó a la corte de Saúl, era sólo un muchacho, un pastorcito, pero pronto supo ganarse el afecto del hijo y la hija del rey Saúl. Mical acabaría siendo su esposa, y Jonatán su mejor amigo. Lejos de ver en David a un rival que un día podría arrebatarle el trono, Jonatán quiso siempre compartir con él su condición de príncipe. Dice un refrán que el amor se da entre iguales, o hace iguales. Por eso Jonatán sintió la necesidad de compartir con David todo lo suyo, hasta sus propios vestidos de príncipe. «Jonatán y David hicieron un pacto, porque Jonatán lo quería como a sí mismo; se quitó el manto que llevaba y se lo dio a David, y también su ropa, su capa, el arco y el cinto» (1 S 18,4). 

Pronto Saúl tuvo envidia de David y se propuso matarlo, y fue entonces cuando Jonatán salió en defensa de su amigo, aun a riesgo de perder el afecto de su padre. Sus esfuerzos reconciliadores fracasaron, y en una ocasión su defensa incondicional de David suscitó las iras de Saúl, que estuvo a punto de clavar a Jonatán contra la pared con una lanza. Aun después de esto, Jonatán continuó sus estratagemas para salvar la vida de David. Hicieron entre los dos un pacto sagrado de apoyo mutuo y se juraron amistad y fidelidad. «Jonatán hizo jurar también a David por la amistad que le tenía, porque lo quería con toda el alma» (1 S 20,17). Una de las páginas más dramáticas de la Biblia es la narración de la despedida de los dos jóvenes, en un clima de clandestinidad. No pueden hablarse sino en voz baja, y las lágrimas tienen que suplir a las palabras. «David salió de su escondite, cayó ante Jonatán a tierra, postrándose tres veces; luego se abrazaron llorando los dos copiosamente.  Jonatán le dijo: "Vete en paz. Como nos lo juramos en el nombre del Señor, que el Señor sea siempre juez de nosotros y de nuestros hijos"» (1 S 20,41-42). Ya no habrían de verse nunca más en la vida. Cuando, años más tarde, David se enteró de la muerte de Jonatan y de Saúl en la batalla de Gilboé, compuso una «qinah», una elegía por su muerte, que tiene como estribillo: «¡Cómo cayeron los héroes!» En ella dedica un recuerdo emocionado a su amigo Jonatán: «¡Cómo sufro por ti, Jonatán, hermano mío! ¡Ay, cómo te quería! Tu amor era mejor para mí que amoríos de mujeres» (2 S 1,26) Sólo los que nunca han experimentado en su propia vida un auténtico cariño limpio entre amigos sospechan que en la relación entre los dos jóvenes había un componente sexual. El miedo a la homosexualidad en nuestra cultura ha llevado a inhibir cualquier tipo de expresiones de afecto entre amigos del mismo sexo.

El hebreo carece de una única palabra equivalente al término español «amigo», al latino «amicus» o al griego «philos». Tiene sin duda una gran variedad de términos para la relación de amistad, pero ninguno de ellos cubre en su totalidad el mismo campo semántico de la palabra española «amigo». 
La relación de amistad se puede expresar en hebreo comúnmente mediante la palabra REA, un término muy frecuente pero que desborda el campo de la amistad. La mayor parte de las veces no tiene una connotación afectiva o íntima, sino que se utiliza para designar al «vecino» o al «prójimo». Pero en algunas ocasiones el término REA sí equivale a nuestro concepto moderno de «amigo» e incluye matices de afectividad propios de una amistad íntima. Otro término usado para designar la relación de amigo es el de 'OHEB, el participio del verbo amar, usado de forma sustantivada. En varias ocasiones aparece la bina «compañeros y amigos», en la que rea' equivale a simple compañero, y `OHEB designa un tipo de relación más íntima (Pr 18,24; Sal 38,12; 88,19...).

La palabra 'ALUF aparte de otras connotaciones militares, designa también un tipo de relación íntima de amistad entre dos hombres (Pr 16,28; 17,9), y también entre hombre y mujer. Existe también el término YADID, que se usa casi exclusivamente en un sentido religioso para designar la amistad divina, la predilección de Dios. Benjamín es el amigo del Señor (YEDID YHWH Cf Cf 33,12). Pero cuando la Biblia hebrea quiere expresar con más claridad el concepto de «amigo íntimo», «amigo especial», acude a términos compuestos tales como «amigo del alma» (yedid nephesh: Dt 13,6), «comensal» (el que come mi pan; el hombre de mi confianza), «el que me da la paz» ('ish shelomi: Sal 41,10), «mi confidente» (metey sodi: Jb 19,19). Quizás el texto en que aparece una mayor redundancia de términos para expresar amistad e intimidad es el salmo 55,14-15. Traduce Alonso Schókel: «mi camarada, mi amigo y confidente, a quien me unía dulce intimidad»; literalmente habría que traducir: «mi igual, mi amigo, mi conocido, con quien compartía la dulzura de mis confidencias». 

Con el influjo del helenismo acabó imponiéndose la palabra philos en toda la literatura intertestamentaria escrita en griego y en los escritos del Nuevo Testamento. Los últimos libros sapienciales, y sobre todo el Eclesiástico, reflejan ya esta influencia cultural del helenismo. Lucas hará del término philos una clave evangélica para expresar la correcta actitud hacia los pobres. En el paganismo no existía el concepto de la limosna, y Lucas trata de exhortar a la generosidad hacia el pobre tratando de incluirlo dentro del círculo de los amigos, para hacerle así beneficiario de la generosidad que caracterizaba a esta relación de amistad. Los amigos de Dios La amistad entre David y Jonatán es sólo una plataforma de lanzamiento para elevamos a considerar la amistad de Dios con el hombre. Tampoco esta vez esperemos encontrar en la Biblia un tratado sistemático sobre el Dios amigo. La Escritura contiene una teología narrativa. Más que hablarnos de cómo es Dios, nos narra el modo que tiene de comportarse con el hombre. Casi todos los vocablos hebreos analizados en la sección anterior son utilizados en la Biblia para referirse a la relación especialísima de amistad de Dios con el hombre, sobre todo con algunos de sus elegidos. 

Así se nos dice que Abrahán fue «amigo de Dios». «Entregaste esta tierra a la estirpe de Abrahán, tu amigo» ('oheb: 2 Cr 20,7). «Tú, Israel, siervo mío; Jacob, mi elegido; estirpe de Abrahán, mi amigo» ('oheb: Is 41,8). «Abrahán se fió de Dios, y se le apuntó en su haber, y se le llamó "amigo de Dios"» (St 2,23). Esta denominación arraigo en la literatura rabínica. La especial amistad de Dios con Abrahán se basa en la confianza mutua que existió entre los dos, en el hecho de que Dios no hiciese nunca nada sin antes consultar a su amigo, y en el poder de intercesión que Abrahán tenía ante Dios.  También Moisés es llamado «amigo» de Dios (reaf). «YHWH hablaba con Moisés cara a cara, como habla un hombre con su amigo» (Ex 33,11). Esta familiaridad de trato es el rasgo más específico de la amistad bíblica. En esto se diferencia Moisés de otros profetas que son también portadores de la palabra de Dios. «Cuando hay entre vosotros un profeta de YHWH, me doy a conocer a él en visión y le hablo en sueños. No así con mi siervo Moisés, el más fiel de todos mis siervos. A él le hablo cara a cara; en presencia y no adivinando contempla la figura de YHWH» (Núm. 12,6b-8). Benjamín, uno de los hijos de la esposa amada de Jacob, es designado también en las bendiciones de los doce hijos de Jacob como «amigo de YHWH (yadid) que habita tranquilo; el Altísimo cuida de él continuamente, y él habita entre sus hombros» (Dt 33,12). Este «habitar entre los hombros» puede ser originalmente una indicación de carácter geográfico, ya que la palabra katef puede designar tanto «hombro» como «ladera de montaña». Pero más adelante ha pasado a expresar una cercanía física que denota solicitud y cuidado. Muchos han visto en Benjamín, amigo predilecto de Dios, la figura del discípulo amado en el evangelio de San Juan, el que estaba reclinado entre los hombros de Jesús (Jn 13,23.25). Igualmente Israel, en sentido colectivo referido al pueblo entero, recibe también el nombre de «amigo de Dios».

Lo que el pueblo de Israel descubre en todos los ejemplos que hemos reseñado es un Dios amigo, bien dispuesto hacia el hombre. Los libros sapienciales nos describen la «filantropía» de la sabiduría divina. «La sabiduría es un espíritu amigo de los hombres» (Sb 1,6; 7,23). El término «filantropía» -amor al hombre- pertenece en rigor a la cultura helenista y no aparece hasta los últimos libros de la Biblia, pero el concepto está presente ya desde el principio de la revelación. En el Nuevo Testamento, los ángeles de Belén anunciaron la básica buena disposición de Dios hacia los hombres, la «paz en la tierra para los hombres de la eudokia, (buena voluntad divina); los hombres hacia quienes Dios está bien dispuesto (Lc. 2,14). La carta de Tito nos revela que «apareció la bondad de nuestro Dios y Salvador y su amor al hombre (filantropía)» (Tit 3,4). Pero estos textos neotestamentarios en realidad no son ninguna sorpresa. Todo el Antiguo Testamento ha sido ya testigo de esta amistad de benevolencia que Dios siente hacia el hombre. 

Uno de los rasgos más característicos de los buenos amigos es la capacidad de disfrutar de la presencia mutua, de pasarlo bien juntos. En compañía de los amigos es fácil pasar un rato agradable. No importa tanto lo que se haga cuanto el simple jugar, bromear, charlar, pasear... El Dios amigo del hombre es el que disfruta de la compañía de Adán, el que baja al jardín a la hora de la brisa para darse un paseíto con él (Gn 3,8). Es también el que esta a la puerta y llama: «Si alguno me oye y me abre, entraré en su casa y comeremos juntos» (Cf Ap 3.20). Su mayor deseo es compartir la cena con el hombre, la cena «que recrea y enamora». «Ardientemente he deseado cenar con vosotros esta Pascua» (Le 22,15). La comensalidad es, por tanto, otro de los rasgos de la amistad bíblica. Amigo es el que comparte la mesa. Por eso la traición de Judas durante la cena fue un sacrilegio contra el misterio de la amistad en su expresión más sagrada. «Incluso mi amigo en quien yo confiaba, que compartía mi pan, sobresale en traicionarme» (Sal 41,10). El gesto del bocado que Jesús da a Judas en la última cena de Juan es signo de la amistad traicionada (Jn 13,26-27); simboliza a la vez el don gratuito del amor y la perfidia de la traición.

Otro rasgo expresivo de la amistad divina es la familiaridad en el trato. Acerca de Moisés se nos dice ante todo que hablaba con Dios cara a cara, «como habla el hombre con un amigo» (33,11). Después la misma Biblia tratará de atenuar esta audacia diciendo que en realidad Moisés no veía la cara de Dios, sino sólo su espalda (Ex 33,23). Hay que esperar al Hijo único, el Amado, el que mora en el seno del Padre. Sólo él contempla eternamente la gloria del rostro del Padre, y por eso la ha hecho brillar sobre nosotros, de modo que nuestros ojos contemplen la gloria que Moisés no pudo ver (Jn 1, 14.17). Uno de los rasgos que caracterizan al discípulo amado, según san Juan, es precisamente el hecho de recostarse en el pecho de Jesús.

Caracteriza también a los amigos el deseo de presencia, de estar cerca de uno del otro. Jesús quería tener a sus amigos juntos con él (cf Jn17,24) tuvo como que «arrancarse de ellos», como se arranca una espada de la vaina, según el significado del verbo griego (Lc. 22,41).
 
Uno de los sufrimientos mayores para el hombre es la soledad, el verse lejos de aquellos a quienes ama. En la lista de las tribulaciones del justo sufriente se menciona con frecuencia esta lejanía como una de las mayores causas de sufrimiento: «Mis amigos y compañeros se alejan de mis llagas, y hasta mis familiares se mantienen a distancia» (Sal 38,12). «Has alejado de mí a amigos y compañeros, y mis conocidos son las tinieblas» (Sal 88,19). «Tienen horror de mí mis íntimos, y los que yo amaba se vuelven contra mí» (Job 19,19). 

Pero quizá, de todas las características de la verdadera amistad, aquella que la Biblia ha subrayado más ha sido la confidencialidad. El amigo es, ante todo, el confidente, aquel para quien uno no tiene secretos: «Eras tú mi confidente, mi amigo, con quien era dulce compartir los secretos» (Sal 55,14-15). También este rasgo es propio de la amistad divina. Abrahán es amigo de Dios en su condición de confidente: «¿Puedo ocultarle a Abrahán lo que voy a hacer?» (Gn 18,17; cf. Am 3,7). Dios consulta con Abrahán antes de decidirse a actuar con Sodoma y Gomorra. En esta misma línea, no es extraño descubrir en el Nuevo Testamento que Jesús llama a sus discípulos «amigos» precisamente porque son sus confidentes, los depositarios de sus secretos más íntimos: «Ya no os llamo siervos, sino amigos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. A vosotros os llamo amigos, porque os he comunicado cuanto escuché a mi Padre» (Jn 15,15). El amor es también compasión, la capacidad de sentirse afectado, de entrar en comunión con los sentimientos del amigo, sus penas y alegrías. San Pablo lo definió magistralmente: «Reír con los que ríen y llorar con los que lloran» (Rm 12,15). El Dios de la  Biblia es un Dios empalico, bien lejano del Dios impasible de la metafísica. Los impasibles no pueden ser verdaderos amigos. «He visto la opresión de mi pueblo en Egipto. He oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos» (Ex 3,7). Quizás el icono más expresivo de estas lágrimas del amigo sean las lágrimas de Jesús por su amigo Lázaro. Es el versículo más breve de toda la Escritura; sólo tres palabras: «Y Jesús lloró» (Jn 11,35). El más breve, pero quizás el más significativo. Dice un refrán: «Podrás olvidar a los que rieron contigo, pero nunca olvidarás a los que lloraron contigo». Jesús llora al ver las lágrimas de Marta y de María; no llora con lágrimas mansas, sino que se estremece sollozando Dos veces seguida¡ se refiere el cuarto evangelio a los sollozos de Jesús. Esos sollozos fueron tan intensos que la gente no pudo por menos que comentar: «¡Cómo lo quería!» (Jn 11,35). Las lágrimas han revelado lo profundo de la amistad de Jesús hacia Lázaro y su familia. En las tumbas israelitas aparecen con frecuencia los «vasos de lágrimas». Son pequeños recipientes de cristal estilizados, en los que se guardaban las lágrimas derramadas, estos pomos se depositaban en la tumba como testimonio de amistad sincera. Las lágrimas son calientes, tienen energía. Dios guarda nuestras lágrimas en su odre (Sal 56,9). 

Amigo es también aquel ante quien me puedo mostrar como verdaderamente soy, sin necesidad de maquillarme, dada la aceptación total y absoluta que recibo de él. El amigo es el espejo donde me miro. Dice un texto de las Odas de Salomón: «He aquí que nuestro espejo es el Señor. Abrid los ojos y miraos en él; conoced cómo es vuestro rostro y proclamad la alabanza del Espíritu».   

Los dos libros principales que abordan el tema de la amistad en la  Biblia son Proverbios y Eclesiástico. Hablando en general, diríamos que los pensamientos sobre la amistad en Proverbios muestran una visión más recelosa y utilitaria. Junto con otras frases más positivas, abundan en el libro las referencias a los inconvenientes que en la excesiva generosidad. Se nos adviene sobre el peligro de confiar demasiado en los demás. 19,15). 

La amabilidad en las palabras es muy importante para conservar a los amigos: «La boca amable multiplica sus amigos la lengua que habla bien multiplica las afabilidades» (Si 6,5). «Quien tira una  piedra aun pájaro, lo ahuyenta; quien afrenta al amigo, rompe la amistad» (Si 22,20). Otra de las cosas que pueden destruir la amistad es la incapacidad para guardar los secretos y las confidencias del amigo (Cf Si 27,16-17). La confidencialidad es unos los rasgos más preciosos de la amistad bíblica. No se nos olvide que una de las razones que Jesús los llama amigos a sus discípulos es precisamente por el hecho de haberles revelado todos los secretos de su Padre.

domingo, 24 de abril de 2016

AMENCE COMO YO LOS HE AMADO Jn 13,31-35


La palabra glorificación significa la actuación salvadora de Dios a través de una nueva acción. En el actuar de Dios (Gloria) se revela su intimidad y amor referida al hombre. La glorificación de Dios, de la que habla Jesús,  será el calvario y la resurrección. La gloria de Jesús es amor en dar la vida, y ese amor revela la gloria íntima y amorosa de Dios, se ahí se entiende porque el mandamiento del amor referido a los discípulos y para todos aquellos en quien creemos en Jesús. 

El mandamiento del amor en boca de Jesús no es una palabra más que se queda para la imaginación; Jesús ha demostrado con hechos que el mandamiento del amor debe ser llevado a cabo en la vida. Jesús lo demostró en le lavatorio de los pies,  lo hizo presente en todas las obras que hizo como signo de amor del Reino de Dios. Ahora bien el mandamiento de “amarás al Señor tu Dios”  (Dt 6,5) no queda sustituido queda complementado y unificado en un solo amar a Dios en el Hombre y viceversa. 


En Jesús Dios hace presente su amor entre los hombres todo ser humano debe ser respetado ya que Dios habita en cada rostro y eso lo hace intocable. La base de todos los derechos humanos se sustenta en que todos somos parte de una familia y no es simplemente lo humano que no que lleva a respetarnos y ser sujetos de derechos  y justicia. Si el rostro del amor de Dios se pierde de la conciencia humana, no hay derechos humanos que valgan por todos será relativo y cuestionable. 


Por últimos del amor hemos hablado y cantado mucho, pero no le hemos dado su contenido práctico desde actitudes concretas; es verdad que el amor no puede determinarse con precisión en la vida de las personas, pero si estamos necesitados de amar y ser amados.

domingo, 2 de septiembre de 2012

LA TRADICIÓN DE LOS MAYORES

Muy estimados hermanos: Tema central de la liturgia: La ley de Dios se cumple en el amor Las lecturas de este día que la liturgia nos propone nos muestran una clara unión en torno a una idea fundamental, y esta la podemos formular del siguiente modo: La ley de Dios se cumple en la práctica del amor, porque esta ley es la que guía a la humanidad en el camino de la salida del mundo de la esclavitud del egoísmo, es decir, del estar centrados en mi yo, y en mis intereses, y nos hace entrar en la tierra de la verdadera libertad y de la vida, en la cual podemos vivir la auténtica fraternidad. Subtema auxiliar: la verdadera religiosidad Y junto a lo anterior hay otra idea, no menos importante, pues brota de la experiencia de vivir guiados por la palabra del Señor y de nuestra auténtica relación con él. Y este es el tema de la verdadera religiosidad. Unión de las temáticas El punto que nos permite descubrir la unión de las ideas antes mencionadas y que nos muestran cómo se articulan, lo podemos encontrar en la Carta del apóstol Santiago. Podríamos afirmar que el texto que hemos escuchado nos pone en guardia contra una religión que no encarne los valores del Evangelio. La palabra escuchada en la Sagrada Escritura debe ser discernida para vivirla dócilmente en la vida cotidiana. Una tentación antigua: el ritualismo Lo anterior nos hace darnos cuenta de una gran verdad: la tentación de considerar que lo esencial de una religión está en el cumplimiento de ciertas formalidades rituales, y no en la asunción de sus principios vitales, es ya muy antigua. El propio pueblo de Israel vivió esta experiencia. La enseñanza de Jesús: El reproche divino Y esto es lo que le pie a Jesús para clarificarle a sus discípulos en que consiste el verdadero siguiente de su persona. Como escuchamos en el Evangelio, un grupo de fariseos, es decir, de personas profundamente conocedoras de las Escrituras se acercan a Jesús, y junto a ellos vienen “unos venidos de Jerusalén”, es decir, los guardianes de la auténtica ortodoxia. Según el texto, no se acercan a Jesús porque se sienten cautivados por su mensaje. El motivo es otro, están preocupados por el modo de vida que él permite sus seguidores vivan. Lo que a ellos les molesta es ver que en ese grupo que se hace llamar religioso y practicante de la religión de Israel, no hay una auténtica práctica de las costumbres de los mayores. Podríamos decir que en su mente se formula esta idea: “puesto que la actuación de Jesús es incorrecta, hay que corregirla”. Lo que ellos no se esperaban es la respuesta de Jesús, quien les va a clarificar su error con un recurso que ellos ya deberían conocer, pero que por su ceguera no habían observado. Citando un texto del profeta Isaías él les intenta iluminar: "Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí". Ese es el verdadero peligro de toda religión, creer que el auténtico culto a Dios se realiza cuando somos practicante de las normas y prescripciones religiosas, sin importar la verdadera interioridad de donde brota nuestro comportamiento. Y en esto no hay escapatoria: Cuando nuestro corazón está lejos de Dios, nuestro culto queda sin contenido. Le falta la vida, la escucha sincera de la Palabra de Dios, el amor al hermano. Entonces la religión, que tendría que haber sido una oportunidad de vida y libertad, se convierte en causa de muerte y esclavitud. El culto que a Dios le agrada En este caso, hemos convertido a la religión en algo exterior que se practica por costumbre, pero donde faltan los frutos de una vida fiel a Dios. Lo que hemos olvidado es que el culto que a Dios le agrada, es según Pablo, un culto existencial, es decir, un culto que nace del corazón, de una auténtica interioridad. Y esta queja de Dios es tan antigua como la perversión que el ser humano ha hecho de la religión. Los profetas son los primeros y más grandes exponentes de la llamada a la verdadera religiosidad. Si el pueblo quiere ser fiel a la alianza que Yahvé ha pactado con los padres, tiene que dar auténticos frutos de vida, es decir, tiene que practicar la justicia, la solidaridad, y el derecho. En una palabra: tiene que testimoniar con su vida la práctica del amor. Vivir en el amor no debe ser entendido de un modo reduccionista, es decir, como un simple sentimentalismo romántico. Es necesario por tanto que comprendamos que el amor es ante todo una actitud de vida, en el lenguaje moral se diría, es una opción fundamental. Dicha opción no se consigue en un momento determinado, ni cae del cielo, tampoco es fruto de una lucidez momentánea. Esta opción va germinando y se va haciendo real en la medida en que cada de nosotros vivimos la experiencia de la libertad. La cual tampoco es un hacer lo que yo quiera, sino que es el introducirme en un proceso de liberación continua, muriendo a aquellos que me esclaviza, sobre todo a nuestros impulsos egoístas que nos cierran a la auténtica fraternidad. Lo primero y fundamental en el cristianismo Queda claro entonces que en el cristianismo lo primero y principal es la experiencia de Dios, la cual brota para nosotros del encuentro con Jesucristo. Y esta experiencia se hace visible por medio de la práctica del amor. Por ello, hermanos, no podemos olvidar que el cristianismo no es una formalidad social que cumplir, ni un ritual más de prácticas piadosas. El cristianismo se manifiesta como una opción vital que requiere del compromiso íntegro de la persona. “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva.” (Benedicto XVI, Deus Caritas est 1) Jesús nos invita a redescubrir la esencia del cristianismo en nuestra opción por construir la Utopía de Dios -lo que él llamaba «Malkuta Yavé», Reino de Dios. Por ello, hay que tener bien claro que los mandatos del Señor no son simples formulaciones morales, para que al cumplirlas obtengamos la conciencia de ser perfectos; para nosotros son la consecuencia de habernos encontrado con Dios y haber descubierto el camino que nos hace felices, vivir en paz y en convivencia con toda la creación. - Autor: Carlos Arturo Talavera Becerra, cp Caracas, Venezuela, 02 de septiembre de 2012

domingo, 23 de octubre de 2011

EL PRIMER MANDAMIENTO

Texto. Mt 22,34-40

Los polémicos son los fariseos, quienes preguntan no con deseos de aprender sino con una clara idea tenderle una pregunta a Jesús. Pero por otro lado también estaba el hecho que a través de las pregunta se puede ver la originalidad de las respuestas de Jesús; que de alguna manera son respuesta con carácter trascendente.

Cuando Jesús le preguntan ¿Cuál el mandamiento más importante? Jesús centra el mundo inmenso de los preceptos en un solo punto en el amor a Dios es igual que el amor al prójimo, y ambos son inseparable. Desde un solo mandamiento a de vivirse en dos dimensiones y así ayuda superar todo el legalismo.

El amor a Dios no se queda en abstracciones y palabrería, el criterio para discernir es a través del amor al prójimo. Amar a Dios debe validarse en el amor a los demás.
Poner todo el empeño para amar ha de ser con todo el corazón, toda el alma, con todas las fuerzas. Solo desde el TODO se puede romper las barreras del egoísmo. Lo único que cuenta es el amor que se manifiesta en entrega y totalidad.

Ciertamente que a veces en la sociedad, la Iglesia, comunidad, los amigos, la familia… nos van cargando de normas y leyes (que son necesarias pero no absolutas) que nos van haciendo vivir agobiados, estresados y malviviendo. Tenemos que desagobiarnos a través del amor y para ello hemos de mirarnos y pensar que personas son las que me importan, quienes son los cercanos a mi vida; cuales son mis leyes y principios. Finalmente preguntarnos cómo amo y cómo voy a seguir amando.

miércoles, 28 de abril de 2010

POCO TIEMPO VOY A ESTAR CON USTEDES

TEXTO.
Jn 13,31-35.
31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»

33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.

34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»

REFLEXION

31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»

Jesús busca dar entender a sus discípulos que será su actitud la que llevará a la plenitud y a la realización el proyecto divino. Se insiste mucho en el verbo glorificar que aparece 5 veces. La primera glorificación del V31, da conocer el amor que revela a Dios mismo; a Dios como Padre y Madre solo se le conoce por el amor. Jesús traduce el amor de Dios en humanidad. La segunda parte que toca al v32 afirma que Dios hace brillar su gloria a través del Hijo del Hombre (Jesús) ya este Hijo dará el Espíritu tanto humano (en la cruz) y divino (resucitado).


33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.


Solamente alguien que está lleno de amor y cariño puede llamar a sus amigos “Hijos míos”, incluso muchos fundadores o fundadoras de diversas ordenes o congregaciones, llegan a llamar a sus hermanos “Hijos (as) míos (as)” esto es por la sencilla razón de dos cosas: 1) Han dado su vida por sus hermanos hasta el punto de sentir que han sido “paridos” en el sufrimiento, 2)Amandolos como una madre ama a sus Hijos, hacen creible que sus obras esten llenas del Espíritu de Dios. Las palabras que siguen, después de llamar a sus discípulos Hijos míos, son como un testamento; su única herencia debe ser guardada en el corazón y los recuerdos, dicho sea de paso, corazón y pensamiento hacen que surja el memorial. Estas palabras que Jesús reitera a discípulos fueron ya dicha en jn 8, 21. El lugar adonde va el maestro (la cruz) los discípulos no están en condición de seguirle, es fácil dejar la barca, es común dejar a los padres, no es nuevo renunciar a los bienes, pero negarse a sí mismo y tomar la cruz ni es fácil, ni es común, ni es novedad, es don y tarea

34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»

Este nuevo mandamiento sustituye a la ley antigua. Con el mandamiento del amor exige a los hombres responder a Dios no a través de cultos, sino a través del amor. Este “mandamiento” no lo impone Jesús a los discípulos, sino que debe nacer de la sintonía e identificación con el Padre y con Jesús. Con este mandamiento Jesús da entender de una vez por todas que Dios no está fuera del hombre sino dentro del ser humano y así recupera o reivindica la imagen de Dios en el hombre perdida por el pecado que ya en el libro de génesis se habla. Por otra parte en el amor, Dios se entrega al hombre como fuerza de vida para que el hombre pueda entregarse a los demás.

El amar tiene un punto referencial y es al mismo Jesús. El amor de Jesús a sus discípulos le da dignidad y libertad, frente a la traición y el odio responde con amor. Definitivamente Jesús no entrega una doctrina sino un comportamiento de vida que no se mide por conocimientos y especulaciones, sino por el saber vivir desde el amor en lo cotidiano.

Consecuencias estimado lector, que ser católicos no está basado en observancias, leyes o culto, el amor al ser universal nos hace ser católicos; que es decir lo mismo. Ser católico nos pone por encima de cualquier condicionamiento cultural, y el amor como ingrediente básico de la gracia bautismal, nos ayuda ser Iglesia y tener identidad, es decir ser Hijos de Dios.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra