TEXTO.
Jn 13,31-35.
31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»
33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»
REFLEXION
31 Cuando salió, dice Jesús: «Ahora ha sido glorificado el Hijo del hombre y Dios ha sido glorificado en él. 32 Si Dios ha sido glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo y le glorificará pronto.»
Jesús busca dar entender a sus discípulos que será su actitud la que llevará a la plenitud y a la realización el proyecto divino. Se insiste mucho en el verbo glorificar que aparece 5 veces. La primera glorificación del V31, da conocer el amor que revela a Dios mismo; a Dios como Padre y Madre solo se le conoce por el amor. Jesús traduce el amor de Dios en humanidad. La segunda parte que toca al v32 afirma que Dios hace brillar su gloria a través del Hijo del Hombre (Jesús) ya este Hijo dará el Espíritu tanto humano (en la cruz) y divino (resucitado).
33 «Hijos míos, ya poco tiempo voy a estar con vosotros. Vosotros me buscaréis, y, lo mismo que les dije a los judíos, que adonde yo voy, vosotros no podéis venir, os digo también ahora a vosotros.
Solamente alguien que está lleno de amor y cariño puede llamar a sus amigos “Hijos míos”, incluso muchos fundadores o fundadoras de diversas ordenes o congregaciones, llegan a llamar a sus hermanos “Hijos (as) míos (as)” esto es por la sencilla razón de dos cosas: 1) Han dado su vida por sus hermanos hasta el punto de sentir que han sido “paridos” en el sufrimiento, 2)Amandolos como una madre ama a sus Hijos, hacen creible que sus obras esten llenas del Espíritu de Dios. Las palabras que siguen, después de llamar a sus discípulos Hijos míos, son como un testamento; su única herencia debe ser guardada en el corazón y los recuerdos, dicho sea de paso, corazón y pensamiento hacen que surja el memorial. Estas palabras que Jesús reitera a discípulos fueron ya dicha en jn 8, 21. El lugar adonde va el maestro (la cruz) los discípulos no están en condición de seguirle, es fácil dejar la barca, es común dejar a los padres, no es nuevo renunciar a los bienes, pero negarse a sí mismo y tomar la cruz ni es fácil, ni es común, ni es novedad, es don y tarea
34 Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. 35 En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.»
Este nuevo mandamiento sustituye a la ley antigua. Con el mandamiento del amor exige a los hombres responder a Dios no a través de cultos, sino a través del amor. Este “mandamiento” no lo impone Jesús a los discípulos, sino que debe nacer de la sintonía e identificación con el Padre y con Jesús. Con este mandamiento Jesús da entender de una vez por todas que Dios no está fuera del hombre sino dentro del ser humano y así recupera o reivindica la imagen de Dios en el hombre perdida por el pecado que ya en el libro de génesis se habla. Por otra parte en el amor, Dios se entrega al hombre como fuerza de vida para que el hombre pueda entregarse a los demás.
El amar tiene un punto referencial y es al mismo Jesús. El amor de Jesús a sus discípulos le da dignidad y libertad, frente a la traición y el odio responde con amor. Definitivamente Jesús no entrega una doctrina sino un comportamiento de vida que no se mide por conocimientos y especulaciones, sino por el saber vivir desde el amor en lo cotidiano.
Consecuencias estimado lector, que ser católicos no está basado en observancias, leyes o culto, el amor al ser universal nos hace ser católicos; que es decir lo mismo. Ser católico nos pone por encima de cualquier condicionamiento cultural, y el amor como ingrediente básico de la gracia bautismal, nos ayuda ser Iglesia y tener identidad, es decir ser Hijos de Dios.
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