TEXTO: Lc. 9,18-27
Para el evangelista Lucas, cuando Jesús se retira a solas
a orar nos indica que se encuentra ante una situación importante y muy
significativa en la vida de Jesús por ejemplo en el momento de la elección de
los doce, la transfiguración en la montaña, en Getsemaní, etc.
Al momento que se hacen las dos pregunta, el pueblo se
encuentra entusiasmo y expectante, se dan múltiples opiniones sobre la figura
del Mesías, pero las expectativas de la gente y de los discípulos no
coinciden con la conciencia que tiene Jesús de sí mismo y de su misión, la
forma de pensar de la gente y de los discípulos son totalmente opuestas.
Las pregunta surgen como iniciativa de Jesús. La
respuesta que dan los discípulos por parte de la gente, apuntan a figuras de
peso histórico pero hay una variante que son vidas y personas que son del
pasado. Jesús no se le puede comparar con personas cuyas vidas -aunque
anhelaban una transformación- están en sintonía con intereses totalmente
opuesto al centro de la predicación de Jesús que es el Reino de Dios. Jesús
tiene una experiencia propia que es la cercanía con el Padre, tanto así que
llega a afirmar que quien quiera conocer, escuchar, acercase al Padre... debe
hacerlo a través del Hijo.
La pregunta que Jesús hace desde la gente, ahora es desde
sus propios discípulos. Antes de ver la respuesta dejemos en claro que ambas
pregunta buscan es sondear la experiencia de Dios en la vida del pueblo y de
sus discípulos, ya Jesús tienen tiempo con ellos y han pasado varios años
juntos con el pueblo y, han sido muy numerosas las señales que el maestro ha
realizado, señales que son presencia del Reino de Dios y que por lo menos son
un atisbo quien es Jesús. Ahora bien la respuesta de Pedro – Tu eres el Mesías-
tiene el telón de fondo de las concepciones nacionalistas, guerras, políticas y
triunfalismos que se tienen del Mesías y nada de lo dicho anteriormente no
coincide con lo que Jesús siente y quiere llevar adelante.
Ante la respuesta de Pedro, se pide guardar silencio, el
ambiente esta bastante tenso y gran expectación porque entre la gente se dan
diversas opiniones quien es Jesús.
Momentos después que se da la proclamación de Pedro,
Jesús presenta el anuncio de pasión con la finalidad de corregir las ideas
Mesiánicas que los discípulos y el mismo pueblo tienen, y así se le otorga un
nuevo sentido a la liberación de Dios. El modelo de Mesías que Jesús presenta,
pasa por el fracaso antes de llegar el triunfo (cf. V22 del texto). El fracaso
libremente aceptado es el único camino que puede ayudar a los discípulos y a
nosotros como cristianos cambiar de actitud ante ciertas ideas absolutas que se
presentan como valores y que amoldan la vida para evitar cambios y el
conflicto. Huir y amoldarse es dejarse aplastar por la cruz, muy distinto de
tomar la cruz y dar la vida. Jesús les revela como tienen que vivir sin quieren
sentir la liberación de Dios (Cf Vv 23-25 del texto).
El camino de Jesús es totalmente liberador. Es la vida lo
que interesa, por tanto como creyente y discípulos de él hemos de responder con
honradez a la pregunta de Jesús “Y tú ¿quién dices que soy yo?” pero
también reconocer que en nuestras vida hay otros intereses que nos alejan de
amar la vida para dar la vida.
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