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martes, 18 de octubre de 2016

SABER DECIR GRACIAS


Todos hemos experimentado que poner en alguien nuestra mirada, cuando ésta va cargada de respeto y cariño, es uno de los medios que más rehabilita a la persona cuando está enferma. Aún más, si sufre exclusión y experimenta continuamente cómo la gente desvía ante ella la mirada. Mirar cara a cara a alguien, poner en alguien nuestros ojos y dejarnos mirar por él, nos compromete y nos impide pasar de largo.

Jesús ve a los leprosos y al mirarlos, los coloca como protagonistas, en el centro de atención de todos. Ellos le han gritado suplicándole compasión y eso es lo que han recibido ya de Él, una mirada com-padecida y atenta, que percibe las necesidades del otro, antes incluso de que las pronuncie. Jesús les indica que se presenten ante los sacerdotes. La curación de la lepra sólo podía llevarse a cabo a través de un “milagro”, una especial acción de los sacerdotes o de otros hombres de Dios. Lucas presenta, por tanto, este milagro de curación como fruto de la confianza y de la disponibilidad de unos hombres que se fían de Jesús y realizan lo que les ha dicho, poniéndose de nuevo en camino.

Realmente aquí podría haber acabado el relato. Si este continúa es porque lo más relevante va a ser descrito a continuación. De los diez, uno de ellos, viéndose curado, no llega a presentarse a los sacerdotes, sino que deshace el camino realizado para echarse por tierra a los pies de Jesús y darle las gracias, al tiempo que alaba a Dios. Con este gesto reconoce a Jesús no sólo como su “maestro”, tal y como lo había nombrado antes, sino como su sanador y Salvador.

El subrayado del agradecimiento de este samaritano se convierte para nosotros hoy en una invitación a ser agradecidos. Quien se siente agradecido hacia alguien, mantiene una relación cercana con esa persona, está atenta a ella, le escucha y desea mostrarle su gratitud. Vivir como creyentes agradecidos es reconocer que todo es don, que nada nos es debido, que todo parte de un Dios misericordioso que se abaja para hacerse uno de tantos (Flp 2, 6-7), pero cuya grandeza y bondad es insondable (Rom 11,33-36). Intuir esto es reconocer que sólo podemos vivir ante Él dándole gracias. Y ello genera un modo nuevo de situarnos no sólo ante Dios, sino también ante los demás y ante nosotros mismos.

El agradecimiento del samaritano denota con mayor claridad la desaparición de los otros nueve y hoy nos hace preguntarnos con quién o quiénes nos identificamos nosotros. El samaritano regresará a su casa con la certeza de que la sanación manifestada en su piel ha atravesado, en realidad, todo su ser. Las palabras de Jesús “levántate, anda, tu fe te ha salvado”, serán motor para emprender una vez más el camino, y el profundo agradecimiento experimentado le hará vivir de un modo nuevo.

Autor:  Inma Eibe, ccv

sábado, 9 de octubre de 2010

VETE TU FE TE HA SALVADO

Texto Lc 17,11-19

Para el pueblo de Israel en la época de Jesús, la lepra es considerada un castigo de Dios, y hasta hace poco en el mundo era una de las pandemias que mas afectaba a la humanidad. Era lamentable para el hombre y la mujer que llegara a sufrir esta enfermedad, incluso el nombre de SARAAT - leproso (castigado por Dios)- no ayudaba a su superar los prejuicios que se tenían, es como decir hoy SIDA.

Ser leproso era ser expulsado de la comunidad civil y religiosa: implicando no acercarse a los lugares poblados. En los caminos avisar con una campanita que era leproso. La única esperanza de un leproso era un milagro. Entre la fe popular de las personas se decía que con la llegada del mesías la lepra desaparecía.

Si el milagro llega acontecer el único que podía certificar y restituir a la comunidad era el sacerdote.

¿Qué mensaje quiere dar el evangelista?
1. El milagro es un signo del amor de Dios al hombre, y se da porque nos quiere. El milagro no es por ser observantes y puros.

2. Ser agradecidos es una actitud básica de demostrar que algo ha ocurrido; el que se devolvió a darle gracias a Jesús es porque se vio totalmente liberado y el resto que no volvió siguieron apegados a la ley y al cumplimiento de la misma. Para el hombre que se devolvió el sacerdote podía esperar. Cuando se vive la fe por cumplimiento no se tiene nada que agradecer. Otra cosa el que volvió a dar gracias era doblemente marginado (leproso y extranjero)

3.Cuando la vida que es don de Dios se vive solo en cumplimientos, actitudes fatalistas (verse todo el tiempo como un pecador), discriminaciones, etc… esa persona (con todo el respeto que se merece) es un leproso, no castigado por Dios, sino por aquellos (as) que le han metido en la cabeza esas actitudes e ideas. Tener fe en Jesús es romper con todas esas actitudes.

4. Quien toma conciencia de su actitud pecadora y se pone en camino con fe, queda limpio, libre y rehabilitado como hijo de Dios. Definitivamente quien restituye a la comunidad es Jesús, ya que fue a él quien leproso samaritano se presento.

Todavia no hemos aprendido a celebrar a Dios como fuente de amorosa de vida. Es evidente la queja dolorida de Jesús ante la ausencia de los nueves ex leprosos, que se apropiaron de la salud sin que se despierte en sus vidas el agradecimiento y la alabanza entusiasta.

Cuando se vive solo desde lo útil, practico y aprovechándose solo para sí mismo no se llega a descubrir la vida como un regalo; lamentablemente se descubre la vida como don cuando es tocada por el aguijón del dolor y la muerte.

Cuando celebramos la eucaristía como la gran plegaria de acción de gracias a Dios como algo exigido, es porque nuestra vida está de ordinario vacía de alabanza. La queja de Jesús está dirigida también a nosotros.

viernes, 13 de febrero de 2009

SI QUIERES, PUEDES LIMPIARME - QUIERO; QUEDA LIMPIO

TEXTO
MC 1,39-45

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: "Si quieres, puedes limpiarme."

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: "Quiero; queda limpio."
42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 44 "Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio."

45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.


REFLEXION


Previamente, se hace muy llamativo que en el texto los siguientes aspectos: el nombre de Jesús no se menciona, queda de manera tacita. El leproso no lleva nombre ni mucho menos se sabe de dónde viene. Por último el verbo que se usa es limpiar y purificar, no apare ce el verbo curar. Hecho este llamado de atención nos centramos en el texto.

Después de liberado el endemoniado, haber sanado a la suegra de Pedro y curado a los enfermos de las multitudes, siguen unas curaciones o liberaciones que tienen un significado muy kerigmatico para el evangelista.

39 Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios.

Jesús continua con su itinerario en las sinagogas (lugar de reunión de los judíos integrados en el sistema religioso), con la diferencia que ahora predica o proclama para poder así remitir al anuncio del Reino de Dios, donde el plazo a terminado (superación del sistema religioso) y la necesidad de un cambio de vida se hace urgente (conversión). Con el verbo proclamar o predicar el Reino de Dios, el evangelista está dejando en claro que el mensaje de Jesús no está sujeto a la literalidad del antiguo testamento cuya base es solo enseñar. En rigor el verbo proclamar (keryssein) está en relación únicamente con la buena noticia.

Con la afirmación de expulsar demonios – ténganse en cuenta que los endemoniados están en las sinagogas- para el evangelista vienen a significar liberar de cualquier ideología alienante de odio y violencia contraria al plan de Dios


40 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: "Si quieres, puedes limpiarme."


Este hombre, cuyo nombre no aparece, es el primer enfermo que se acerca a Jesús por iniciativa propia. En la pensamiento judío este hombre es impuro (Cf Lv 13,45) y por su enfermedad sufre un castigo de Dios, en una palabra un maldito. Este leproso aparece como la figura de la total representación de los marginados de Galilea. Es admirable en este hombre, que el deseo que tiene de salir de esta postración marginal lo ayuda a vencer el temor a la ley, y mueve el límite establecido por la misma para los leprosos en el momento que se le acerca a Jesús.

Sus palabras son expresión de angustia, incluso no le pide a Jesús que le toque. Su actitud es humilde y con una profunda confianza en el poder de Jesús. Este hombre en lo más profundo de su ser, busca eliminar el obstáculo que lo priva del amor de Dios. El leproso no duda de que Jesús pueda limpiarlo, pero no está seguro que quiera hacerlo.

Esta petición tan llena de fe y confianza nos remonta al episodio del profeta Eliseo cuando cura de la lepra a Naamán el sirio (Cf. 2R 5,11), en esta línea el evangelista nos lleva a pensar que la acción de Jesús no se limita solo al pueblo de Israel.

41 Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: "Quiero; queda limpio." 42 Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio.


El verbo conmoverse (splagjnistheis) es aplicado solo a Dios en el antiguo testamento, y significa la ternura del amor de Dios por los hombres especialmente el más humilde.

La acción de Jesús en extender la mano expresa la acción liberadora y al mismo tiempo superación de la marginación religiosa y social. Este gesto de tocar invalida la fundamentación teológica de la impureza. La marginación no expresa la voluntad de Dios.

Las palabras de Jesús es respuesta a la petición del leproso. La expresión “quiero, queda limpio”, deja al descubierto que la ley no tiene piedad de la miseria de hombre. El leproso queda limpio por el contacto y la palabra de Jesús, es decir lo que negaba la ley (el contacto y la palabra) es otorgado en ternura donde Dios lo acepta como es. La lepra marginativa es solo etiqueta humana atribuida a Dios.

43 Le despidió al instante prohibiéndole severamente: 44 "Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio."


El leproso le toca ahora abandonar la idea de que Dios excluye del amor algún hombre o mujer por su condición, más aun tiene que “convencerse de que la doctrina y la institución proceden de Dios o reflejan su ser, sino que se oponen a él”. La liberación de la marginación física no es suficiente, debe salir de la marginación espiritual y psíquica ya que correría del peligro de ser marginado nuevamente.

El sacarlo fuera de la sinagoga el que había sino leproso, lo hace un hombre emancipado del sistema religioso institucional. Jesús tiene muy pero muy claro que la legislación de lo puro e impuro es fruto de la legislación de Moisés y por tanto no tiene origen divino.

El rito -que no hará este hombre- denota el respeto que Jesús tiene hacia la ley y evitar un enfrentamiento con la institución, pero también impedir que se siga propagando una imagen de un simple curandero.


45 Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes.


El hombre una vez sanado no va al templo porque ha llegado a la convicción “de que la institución judía y sus leyes han falseado la figura de Dios; que la marginación que él había sufrido era religiosamente un engaño y socialmente una injusticia” Entonces ¿para qué ir al templo?

La alegría y libertad que experimenta este hombre lo hacen un anunciador, no de lo sucedido, sino del mensaje en el que Dios ofrece su amor a todos.

El mensaje del que había sido leproso, hace que Jesús se convierta en un marginado porque no podía presentarse en público ni en ninguna ciudad entrar. Jesús, para las autoridades vigilantes de la observancia es un hombre impuro. El que libero de la marginación y la impureza se convertido en un impuro para la ley y un marginado de la sociedad.

Quedarse a las afuera era el lugar de la oración de Jesús y expresión de la ruptura con el sistema que genera lepras marginativas. La letra no es el punto central del episodio, es medio por el cual se hace una denuncia profética.

La respuesta de la personas es por el mensaje del que había sido leproso, y los que acuden no piden curaciones, solo muestran su adhesión a Jesús. Con esta acción curativa y liberadora de Jesús se pone fin a la predicación en las sinagogas de Galilea.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra