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sábado, 21 de julio de 2012
SIEMPRE DESDE DIOS Y SIEMPRE PARA LOS DEMAS
Marcos 6, 30-34
La semana pasada (Mc. 6, 16-13), nos presentó el “ir a la gente” como lo crucial del envío. Para esta semana (Mc. 6, 30-34), nos plantea que regresar de la misión para “estar con el Señor”, también es crucial en la actividad misionera. Por ello, “vayan a la gente” y “vengan conmigo”, son dos aspectos inseparables de la actividad apostólica.
Los discípulos han regresado a compartir con Jesús lo vivido en la misión. En la intimidad con Él, puede descansar el discípulo, puede confrontar lo realizado y, puede encontrar nuevas fuerzas para seguir el camino. Este retorno para estar a solas con el Señor es un aspecto de gran importancia para la vitalidad del creyente y para la calidad del servicio que realiza.
Volverse a Jesús es retornar a la fuente de donde mana la vida, de donde fluye la esperanza y donde la alegría por el trabajo realizado se convierte en manantial permanente. Es Jesús, quien ha enviado al discípulo, encomendándole lo que es de su entera propiedad: la Misión. Por eso mismo será el Señor, quien mejor sabrá escuchar y valorar lo que se ha hecho.
El evangelio menciona que el apartamiento propuesto por Jesús a los discípulos para descansar en un lugar solitario duró poco tiempo debido a la multiplicidad de urgencias y necesidades que se presentaron. El Señor, al ver la gran multitud que estaba esperando se compadeció de ellos porque andaban como ovejas sin pastor y se puso a atenderlos. Es decir, salió de su tranquilidad y descanso. A Jesús se le impuso la realidad, provocando un reacomodo de planes. Supo reajustar descanso (o apartamiento) y actividad.
En este evangelio está latente una doble tensión: por un lado, que descansar y estar a solas con Dios no implica desentendimiento o aislamiento del curso cotidiano de la vida. Y por otro, que por mucha demanda que haya, es muy necesario dedicar tiempo para nutrirse y para reintegrar la actuación misionera en la totalidad de la vida. Y esto, exige un tiempo.
Un gran cristiano del siglo XVI, tras los pasos de Jesús, propuso la práctica del “contemplativos en la acción”, como dinamismo que responde a la tensión existente entre misión-oración y actividad-descanso. Porque el mismo Jesús, es quien inaugura la inseparabilidad entre la profunda y amorosa relación con Dios y la permanente disponibilidad para atender a la gente.
Que aprendamos a manejar con sabiduría y audacia la tensión existente entre misión-oración y actividad-descanso, para que podamos vivir siempre desde Dios y siempre para los demás.
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sábado, 30 de julio de 2011
DENLES USTEDES DE COMER
Texto: Mateo 14,13-21
El relato evangélico de este domingo nos muestra a un Jesús tremendamente humano. Mateo nos dice que al enterarse de la muerte de Juan Bautista, se retiró en silencio, “discretamente” (dice alguna traducción), y se fue a un lugar despoblado. Ante tal noticia se movilizan sus sentimientos y seguramente deseaba estar solo con su dolor. Juan era su pariente y además el testigo de la experiencia vivida en el Jordán, el mediador que el Padre escogió para que Jesús viviera su experiencia fundante de “ser el Hijo amado”. No era para menos, necesitaba alejarse…
Pero el evangelista nos dice que al desembarcar se encuentra mucha gente necesitada, y su corazón vulnerable sintió compasión. Su dolor de hombre por la muerte del Bautista se enfrenta al dolor de una humanidad que esperaba consuelo y sanación.
Los discípulos, sin caer en la cuenta de lo que vive el Maestro le insisten que envíe al gentío a buscar comida: “que se vayan”. La palabra del Señor es fuerte: “no tienen por qué irse, denles ustedes de comer”, compartan lo que poseen, que lo nuestro es dar de lo que poseemos. Les hace caer en la cuenta que sus discípulos no pueden ni deben huir del sufrimiento y de la necesidad humana, que están llamados a compartir sus cinco panes y sus dos pescados, que deben “dar gratuitamente lo que poseen por Gracia”.
El texto dice que comieron todos hasta saciarse y aún recogieron las sobras… Así es Jesús, nuestro hermano mayor: misericordioso y compasivo ante el sufrimiento humano. Así somos invitados a vivir sus seguidores y seguidoras: con un corazón dispuesto a sanar el corazón herido, a tiempo y a destiempo, haciendo frente al dolor y a la miseria, compartiendo todo lo que poseemos, y sin huir del sufrimiento.
Reflexión por: Hna. Maria Ana
“¡Denles ustedes de comer!” ¡Ojalá escuchemos este domingo la Voz de Dios y no se endurezca nuestro corazón!
El relato evangélico de este domingo nos muestra a un Jesús tremendamente humano. Mateo nos dice que al enterarse de la muerte de Juan Bautista, se retiró en silencio, “discretamente” (dice alguna traducción), y se fue a un lugar despoblado. Ante tal noticia se movilizan sus sentimientos y seguramente deseaba estar solo con su dolor. Juan era su pariente y además el testigo de la experiencia vivida en el Jordán, el mediador que el Padre escogió para que Jesús viviera su experiencia fundante de “ser el Hijo amado”. No era para menos, necesitaba alejarse…
Pero el evangelista nos dice que al desembarcar se encuentra mucha gente necesitada, y su corazón vulnerable sintió compasión. Su dolor de hombre por la muerte del Bautista se enfrenta al dolor de una humanidad que esperaba consuelo y sanación.
Los discípulos, sin caer en la cuenta de lo que vive el Maestro le insisten que envíe al gentío a buscar comida: “que se vayan”. La palabra del Señor es fuerte: “no tienen por qué irse, denles ustedes de comer”, compartan lo que poseen, que lo nuestro es dar de lo que poseemos. Les hace caer en la cuenta que sus discípulos no pueden ni deben huir del sufrimiento y de la necesidad humana, que están llamados a compartir sus cinco panes y sus dos pescados, que deben “dar gratuitamente lo que poseen por Gracia”.
El texto dice que comieron todos hasta saciarse y aún recogieron las sobras… Así es Jesús, nuestro hermano mayor: misericordioso y compasivo ante el sufrimiento humano. Así somos invitados a vivir sus seguidores y seguidoras: con un corazón dispuesto a sanar el corazón herido, a tiempo y a destiempo, haciendo frente al dolor y a la miseria, compartiendo todo lo que poseemos, y sin huir del sufrimiento.
Reflexión por: Hna. Maria Ana
“¡Denles ustedes de comer!” ¡Ojalá escuchemos este domingo la Voz de Dios y no se endurezca nuestro corazón!
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EL RUIDO DE LA PALABRA
Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra