domingo, 5 de febrero de 2012
Vamos a otra parte. Voy a predicar también en otro lugar. Mc. 1,29-39.
En el texto se distingue con claridad los espacios donde Jesús se desenvuelve, es decir lo que es la sinagoga, la casa de Pedro y el descampado donde hizo oración. En la Sinagoga se reconoce que tiene autoridad, en la casa de Pedro Jesús es el hombre apasionado por la vida y en el descampado es el hombre orante que para estar en comunicación con el Padre no necesita del templo y las prescripciones litúrgicas o doctrinales.
Por otro parte, en el evangelista se insiste que Jesús fue conocido en Galilea, por ende quienes primero reconocen la autoridad de Jesús son los pobres, y a quienes le anuncia primero la buena noticia con signos creíbles de la llegada del Reino de Dios es a los pobres. Esa es Galilea región apartada que aunque tenia posibilidad económica, buenos caminos de comunicación… era también la periferia de los pobres.
“No cabe la menor duda que donde esta Jesús hay vida, se lucha por la vida. Donde esta Jesús hay amor por la vida, interés por el ser humano, pasión por la liberación de todo mal… La primera imagen que nos presenta el evangelista es que Jesús cura y sana, atento a los males y dolencia de los demás, es un hombre que difunde la vida y restaura lo que está enfermo… Jesús humaniza, libera, devuelve la alegría y da vida a todos.”
Es tal la pasión de Jesús por la vida, que el sábado – día de reposo y oración- no es camisa de fuerza que lo detenga, porque para Jesús es más importante la vida que guardar formalidad de preceptos religiosos. Jesús esta dispuesto a extender su mano para levantar, signo de lo que es la resurrección y la curación total.
En la oración Jesús discierne profundamente que la llegada del Reino de Dios no puede quedar regionalizada, él no va esperar que vayan a Galilea todos los pobres de la tierra; Jesús toma la firme determinación que será él que ira a los necesitados para que los conozcan y reciban los signos del Reino de Dios. Donde este el dolor humano Dios estará presente a través de hijo Jesús.
Jesús no fue insensible ante el dolor humano, quiso asumir el dolor en todas sus manifestaciones, pero también al hacerse com-pasivo en el dolor se hizo enemigo de aquellos que se desentendieron de sus propios hermanos. Asumir la causa de Jesús por los pobres, es enfrentar al mal abiertamente en la mezquindad de aquellos que pasan de largo ante el dolor.
El reino de Dios es una nueva época, pocos saben que ha llegado.
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EL RUIDO DE LA PALABRA
Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra

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