Pentecostés ayuda a pasar de Jesús resucitado a una Iglesia sin la presencia corporal de Jesús. La presencia de Jesús solo será posible a través del Espíritu Santo.
El dinamismo de la Iglesia naciente no surge del vacío, esta constituida por el Espíritu.
La venida del Espíritu Santo tuvo lugar en la fiesta de Pentecostés (fiesta judía). Esta fiesta era celebrada en pascua con 7 semanas es decir 50 días. Es una fiesta agrícola, para dar agradecimiento por los frutos de la tierra, mas tarde se unió a la fiesta de la alianza. Pentecostés es el cierre de la pascua y renovación de la alianza.
Durante la fiesta de pentecostés acontece la llegada del Espíritu Santo. No es fácil hablar del Espíritu Santo, es decir definirlo o conceptualizarlo. El Espíritu Santo es una experiencia de fe, por ejemplo: llama de amor, viento impetuoso, consolador, fuerza creadora, aliento de vida, etc.
El Espíritu Santo es una presencia constante. La palabra que mas aparece en el Antiguo Testamento para señalar al Espíritu Santo es Ruah (soplo) y Neuma para el Nuevo Testamento.
En Gen 1,2; 2,7. La palabra que nos describe la presencia del Espíritu Santo viento de Dios y aliento de vida, son expresiones de la misma palabra ruah. El viento de Dios y aliento de vida, es el espacio vital donde el hombre a sido creado como imagen y semejanza de Dios y desde ese mismo soplo como viento y vida es renovado.
En el Salmo 104 el ruah como Espíritu de Dios, es el que nos ayuda a permanecer constantes para acercarnos al Misterio del amor de Dios.
El Espíritu Santo es una brisa suave; esto significa que el Espíritu de Dios esta en los mas intimo. Ezequiel 37 nos recuerda que Espíritu de Dios es fuerza, es vida nueva, soplo de vida y esperanza que pone en pie a los muerto. Fuerza, aliento y vida son expresiones de Dios.
El Espíritu como fuego nos vincula con el monte Sinaí, donde aparece el Espíritu de Dios dando las 10 palabras de amor que como dice el Deuteronomio 5,29 “harán feliz a ellos y sus hijo” Para eso son los mandamiento.
En la imagen del fuego Dios manifiesta su presencia y su poder. En los profetas el fuego es imagen purificadora para la conciencia y el corazón. También es la palabra de Dios que no se puede contener. El fuego es la fuente de amor como lo presenta el Cantar de los cantares.
El Espíritu en el Nuevo testamento, aparece en el momento de la anunciación a María, Zacarías estará lleno del Espíritu Santo, y Juan el bautista indicara que Jesús es el bautizara con el fuego del Espíritu Santo.
El bautismo de Jesús el Espíritu desciende en forma de paloma, es decir portador de paz y esperanza como fue para Noe. Este hijo amado de Dios dirá abiertamente en la sinagoga de Nazaret cuando tome el rollo del profeta Isaías: “el Espíritu Santo esta sobre mi…” En la conversación de Jesús con Nicodemo, Jesús precisa que hay que nacer del agua y del Espíritu para poder entrar en el Reino de Dios.
El Espíritu Santo en labios de Jesús es llamado como paráclito (consolador), así Jesús presenta a Dios como consolador. El paráclito es algo mas que la fuerza de Dios que actúa, sin él no se puede comprender la revelación del Padre en el Hijo, el Espíritu Santo es el don de Dios que nos concede por amor.
El Espíritu Santo es paz que se traduce por integridad de vida, salud, justicia, armonía personal, y social. Recibir el Espíritu Santo es llevar adelante la misión de Jesús que es paz, perdonar, amnistía, dar vida y entrega total. El Espíritu no hace ser personas resucitadas es decir llenas de paz, perdón y vida.
Vivir sin el Espíritu es vivir sin haber resucitado, a puertas cerradas y llenos de miedos. Hoy no tenemos excusas para la misión, ya no podemos estar a puerta cerradas. La misión para cambiar este mundo surge desde interior y por tanto no podemos ser cristianos escondidos, hay que salir de si mismos y vivir para los demás.
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