- Si has de corregir a alguien, hazlo con alegría. Se consigue más con miel que con hiel. Notaras que, Jesús, dirige tus palabras.
En tu trabajo procura poner el esfuerzo de la sonrisa. Los que te vean comprenderán que, una fuerza superior, te hace diferente a lo que te rodea.
En el sufrimiento no pierdas nunca la esperanza de la fe. Una enfermedad con el peso de la tristeza coloca más peso sobre la debilidad de nuestras personas. Lleva ilusión allá donde exista dolor.
Aunque por dentro llores, lleva siempre un buen gesto en tu rostro. Hay muchas personas que se conduelen con las lágrimas de los demás pero, otras, se burlan de ellas.
Lleva con gozo tu pertenencia a la Iglesia. Manifiesta, con alegría, lo mucho que recibes de ella. ¿Qué no te entienden? ¿Acaso Cristo fue bien acogido en Belén?
La alegría debe der ser el lenguaje normal y ordinario de los cristianos. Jesús, en todas circunstancias, buscó el bien de los demás. El júbilo debe de ser el carnet de identidad de una persona que cree y espera a la Navidad.
El adviento afina las cuerdas del alma. Prepárate con la Palabra de Dios, con la eucaristía de cada día, con el sacramento de la reconciliación y…por dentro sentirás una especial armonía: la alegría de ser todo/a para Dios.
Recuerda aquello de: “Quién ríe el último, ríe mejor”. Muchos, en la Navidad, se perderán entre las telarañas del consumo, de las luces sin sentido o de los mensajes sensibles pero sin contenido cristiano. Jesús no pretende ser acogido por todos pero sí por algunos. Entre ellos…tú.
Jesús crece en el seno de la Virgen y florece en el pesebre de Navidad. Que seas tú, con tus labios, un pregón de lo que está por acontecer: La Navidad es el amor de Dios a la humanidad ¿Lo vas a silenciar o proclamar?

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