Lc 4,1-13
1 Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, 2 durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
3 Entonces el diablo le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.»4 Jesús le respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre.»
5 Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra; 6 y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. 7 Si, pues, me adoras, toda será tuya.» 8 Jesús le respondió: «Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»
9 Le llevó a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; 10 porque está escrito: A sus ángeles te encomendará para que te guarden. 11 En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en piedra alguna.»
12 Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»
13 Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.
REFLEXION
En este texto de Lc 4,1-13 se pone de manifiesto que Jesús es plenamente humano y desde su humanidad establece criterios para afrontar las tentaciones de la vida.
El desierto (eremia en griego) puede tener connotaciones positivas o negativas. La connotación positiva no siempre denota una región carente de vegetación; se usa frecuentemente de un lugar sin cultivar, pero apto para pastos. Y la más positiva de todas el donde Dios enamora a su pueblo, de ahí que muchos judíos llegaron a creer que Dios aparecería en el desierto.
La connotación negativa (eremos en griego - desiertos) como adjetivo, denota abandonado, desolación, privado de los amigos y familiares, p.ej., de una esposa abandonada por su marido (cf. Gal 4,27: «desolada»); igualmente de una ciudad, como en el caso de Jerusalén (Mat 23,38 «desierta»); de lugares deshabitados, «desierto» (Mat 14,13-15; Hch 8,26; Mc 1,35). Pero lo más negativos es lugar donde habita el demonio y fieras salvajes (Tb 8,3; Zac 5,11). El evangelista presenta a Jesús en el desierto subyugando los poderes hostiles del mal y como nuevo Adán vive en perfecta armonía con las fieras.
La primera tentación (Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.) es la de renunciar a la hombre caminante y luchador. El hombre no vive del pan material sino que orienta su vida a la voluntad de Dios. Seguir la voluntad de Dios no es fácil es duro y amargo, sin negar que habrá momentos de alegría y sosiego. Pero hoy vivimos la tentación se querer convertir a Dios a nuestra voluntad. Jesús abre su vida a toda palabra de Dios.
En la segunda tentación es una renuncia a todo mesianismo del servicio fraterno. Es decir la autoridad, el creer etc... están al servicio de la fraternidad pero cuando estas se imponen, este poder de servir aparece como un dios falso, como un ídolo que exige adoración y sacrificio de la vida misma. El ser humano no debe inclinarse ante nada ni ante nadie de este mundo, esto sería tener clara conciencia de tener un solo Dios que nos hace libre y fraternos.
La tercera y última tentación provocar a Dios. Esta tentación sugiere hacer signo espectacular para conquistar la fe de la gente y su admiración, esto sería lo llamamos prestigio y liderazgo sometedor. Jesús tiene claro que no renunciara a la cruz.
Definitivamente las tentaciones dejan en claro que Jesús no fue un mesías político, un mesías mágico. Ël como hombre vivió su misión sin ventajas ni privilegio. Las tentaciones son vías cómodas y fáciles tengamos cuidado con las mismas.
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