jueves, 22 de octubre de 2009

¡ANIMO, LEVÁNTATE! TE LLAMAN

TEXTO MC 10, 46-52
46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.
47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: "¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!" 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!"

49 Jesús se detuvo y dijo: "Llamadle." Llaman al ciego, diciéndole: "¡Animo, levántate! Te llama."

50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.

51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego le dijo: "Rabbuní, ¡que vea!"

52 Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado." Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.


REFLEXION

46 Llegan a Jericó. Y cuando salía de Jericó, acompañado de sus discípulos y de una gran muchedumbre, el hijo de Timeo (Bartimeo), un mendigo ciego, estaba sentado junto al camino.

Las personas que sufrían alguna enfermedad: ciegos, cojos, etc… no podían participar de los oficios tradicionales de la época, y para sustentar sus vidas tenían que hacerlo pidiendo en las orillas del camino.

Jericó era un pueblo prospero, buen clima, abundante comercio, sin dudas que aquel hombre estaba en buen lugar para pedir. Además, es la primera ciudad conquistada por Josué (cf. Jos 6, 1ss) cuando entra por vez primera a la tierra prometida.

La condición de este hombre lo limitaba más, si era ciego, es probable que fuera analfabeto en el conocimiento de la ley. Como persona no tenia influencia social de ningún tipo.

El ciego no tiene nombre se le designa solamente con el nombre Bartimeo “el hijo de Timeo” (Traducido seria el hijo del honorable o el admirable).

El lugar donde se encuentra el Hijo de Timeo, nos hace recordar el lugar de la semilla que cae a la orilla del camino y no produce fruto (cf. Mc 4,15) porque el estar a la orilla es signo de exclusión, marginación. En la proclamación del Reino no pueden quedar persona al margen del camino.

47 Al enterarse de que era Jesús de Nazaret, se puso a gritar: "¡Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí!" 48 Muchos le increpaban para que se callara. Pero él gritaba mucho más: "¡Hijo de David, ten compasión de mí!"

Es curioso que a Jesús le conocen fuera del circulo de los discípulos como el nazareno, en cambio el Hijo de Timeo ante pondrá el titulo davídico antes del nombre propio, y asi lo reconoce como el segundo David, y con todas sus fuerzas pide ayuda, aunque muchos intentaran impedirle que se acerque a Jesús.

49 Jesús se detuvo y dijo: "Llamadle." Llaman al ciego, diciéndole: "¡Animo, levántate! Te llama."

Solo el grito del hombre pobre es capaz de detener el caminar de Jesús.

50 Y él, arrojando su manto, dio un brinco y vino donde Jesús.

El manto, una prenda sencilla pero muy importante para este tipo de personas. El manto era el abrigo para el frío y cobijo para la noche. Este gesto no es otra cosa que éste hombre deja a un lado la dependencia de cualquier cosa para confiar en Jesús. Con este gesto cumple también parte de las condiciones del discipulado.

51 Jesús, dirigiéndose a él, le dijo: "¿Qué quieres que te haga?" El ciego le dijo: "Rabbuní, ¡que vea!"

La pregunta que le hace Jesús es la misma que le hace a los Hijos del Zebedeo (Traducido seria: Los hijos de la abundancia o de la porción) en Mc 10,36. El hijo de Timeo sabe lo que quiere: recobrar la vista. Ya no lo llama Hijo de David (Traducido seria: El Hijo del amado), con toda la sencillez de un pobre lo llama Rabbuní (Mi maestro), y este título era el que daban los rabino a Dios mismo. El hijo de Timeo reconoce que hará un nuevo camino con Jesús y ya no estará a la orilla de la vida.

52 Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado." Y al instante, recobró la vista y le seguía por el camino.

Este versículo nos ayuda a tengamos memoria del acontecimiento de la mujer que había sido curada del flujo de sangre, por eso las palabras de Jesús son las mismas (cf. Mc 5,34).

La acción es inmediata, el mirar, el contemplar es atreves de Jesús y ya no estará a la orilla del camino, y toma otra de decisión seguir al Maestro.

Ayúdeme usted amigo (a) lector a completar:
¿Qué es estar ciego? Es vivir en el desamparo y la desesperanza…
¿Qué es estar a la orilla del camino? Es ser incapaz de dar un paso con seguridad….
¿Qué es ser mendigo? Es subsistir y depender de los demás…
¿Qué es gritar a ayuda en la oscuridad? Es sentir que no estás solo y alguien está cerca…


La cura del Hijo de Timeo nos indica que del alejamiento (orilla) al acercamiento (ponerse en pie) y la acción (lo siguió) solo es posible a través de Jesús siempre y cuando se haga desde la suplica profunda, desde la contrariedad y la confianza.

El Hijo de Timeo no se limita a esperar de Jesús una simple limosna, él busca la vida que se le ha ido en la orilla del camino.

Tenemos que sentir como Bartimeo (El Hijo de Timeo), actuar como Bartimeo (gritar), descubrir nuestra ceguera y hace un camino de fe.

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