miércoles, 24 de diciembre de 2008

HABIA UN HOMBRE QUE NO VERIA LA MUERTE ANTES DE VER AL CRISTO DEL SEÑOR

Lc. 2,22-40
Texto.

22 Cuando se cumplieron los días de la purificación de ellos, según la Ley de Moisés, llevaron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor, 23 como está escrito en la Ley del Señor: Todo varón primogénito será consagrado al Señor 24 y para ofrecer en sacrificio un par de tórtolas o dos pichones, conforme a lo que se dice en la Ley del Señor. 25 Y he aquí que había en Jerusalén un hombre llamado Simeón; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolación de Israel; y estaba en él el Espíritu Santo. 26 Le había sido revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de haber visto al Cristo del Señor. 27 Movido por el Espíritu, vino al Templo; y cuando los padres introdujeron al niño Jesús, para cumplir lo que la Ley prescribía sobre él, 28 le tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

29 "Ahora, Señor, puedes, según tu palabra, dejar que tu siervo se vaya en paz;
30 porque han visto mis ojos tu salvación, 31 la que has preparado a la vista de todos los pueblos, 32 luz para iluminar a los gentiles y gloria de tu pueblo Israel."

33 Su padre y su madre estaban admirados de lo que se decía de él.

34 Simeón les bendijo y dijo a María, su madre: "Este está puesto para caída y elevación de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción 35 ¡y a ti misma una espada te atravesará el alma! - a fin de que queden al descubierto las intenciones de muchos corazones."

36 Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, de edad avanzada; después de casarse había vivido siete años con su marido, 37 y permaneció viuda hasta los ochenta y cuatro años; no se apartaba del Templo, sirviendo a Dios noche y día en ayunos y oraciones. 38 Como se presentase en aquella misma hora, alababa a Dios y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.

39 Así que cumplieron todas las cosas según la Ley del Señor, volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. 40 El niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre él.


REFLEXION


Versículo 22-24 Estos versículos hacen referencia al Ex. 13,2 y al Lev 12,8., que son la consagración de los primogénitos y purificación de la mujer. El sacrificio que llevan al templo, muestra que son pobres, y como indicaba el ritual, la mujer pone sus manos sobre las tórtolas que irán al sacrificio. Es muy sencillo el momento lo mas fuerte vendrá con las palabras de Simeón. En definitiva la encarnación no se ve exenta de la ley de Moisés; José y María cumplen con la ley en forma correcta y piadosa.

Versículo 25. Hace una descripción quien es Simeón (que significa Dios a oído // Gn 29,33) y expone su profunda vida religiosa. Es un hombre justo y piadoso, y con una mentalidad totalmente distinta a las tendencias violentas de su pueblo. Él esperaba la consolación de Israel. Es un hombre habitado y llevado por el Espíritu Santo, tanto así que se puede indicar que este solo vive del Espíritu: el Espíritu estaba en él, el Espíritu le revela, el Espíritu le mueve. Puede decirse que hace honor al significado de su nombre, porque oye al Espíritu se deja llevar por el mismo, haciendo de su existencia un hombre justo y piadoso.

Esperar la consolación de Israel, era también una de las acciones futura de Dios a favor de su pueblo, así lo proclama el profeta Isaías (Is. 49,13 ¡Aclamad, cielos, y exulta, tierra! Prorrumpan los montes en gritos de alegría, pues Yahveh ha consolado a su pueblo, y de sus pobres se ha compadecido.; Is 51,3 Cuando haya consolado Yahveh a Sión, haya consolado todas sus ruinas y haya trocado el desierto en Edén y la estepa en Paraíso de Yahveh, regocijo y alegría se encontrarán en ella, alabanza y son de canciones.; Is 52,9 Prorrumpid a una en gritos de júbilo, soledades de Jerusalén, porque ha consolado Yahveh a su pueblo, ha rescatado a Jerusalén.; Is 66,13 Como uno a quien su madre le consuela, así yo os consolaré y por Jerusalén seréis consolados”)

Versículo 26. Simeón bendice a Dios y proféticamente anuncia como será la vida del niño: ser salvación, luz y gloria del pueblo. Cuando en el texto se indica que “recibió” (en griego adéxato), implica que recibe al niño que presentaban, esto nos hace suponer que Simeón era miembro de la clase sacerdotal o que estuviera muy vinculada a la misma, pero en el fondo toda la ritualidad pasa a un segundo plano para resaltar lo profético.

Versículos 27-32. La alabanza de Simeón refleja la piedad del Antiguo Testamento como en Gn 46,30 (30 Y dijo Israel a José: "Ahora ya puedo morir, después de haber visto tu rostro, pues que tú vives todavía.") y como la profecía de Is. 42,6; 49,6 (Yo, Yahveh, te he llamado en justicia, te así de la mano, te formé, y te he destinado a ser alianza del pueblo y luz de las gentes…6 "Poco es que seas mi siervo, en orden a levantar las tribus de Jacob, y de hacer volver los preservados de Israel. Te voy a poner por luz de las gentes, para que mi salvación alcance hasta los confines de la tierra.")

El versículo 29 conmueve mucho, porque es la frase de un siervo fiel que “cede su turno a otros”, Simeón ya cumplió en ver, recibir y anunciar al Cristo. La fe que ha venido cultivando, es la que le permite pedir ser libre. Simeón considera que su vida es como un servicio de esclavo voluntario y al ver colmada su esperanza que es la consolación de Israel su pueblo.

Versículos 33-35. Las profecías en la tradición judía por lo general son oscuras y difíciles de entender en el momento. Simeón no le dice una profecía en acertijos. De Jesús llega a decir que será caída y elevación de muchos en Israel, así une la vida de Jesús con la profecía de Is. 8,14; 28,16. La primera afectada por la vida de Jesús será la propia madre. El símbolo de la espada (Cf Ez. 14,17; Zac 12,10) es poner al descubierto los sentimientos humanos.

Versículos 36-39. En el Antiguo Testamento aparecen profetizas, eran pocas pero jugaron un papel muy importante en Israel porque dieron testimonio con su vida de la voluntad de Dios, y a veces hablando en su nombre. Se destacaron las siguientes:
1. María, hermana de Moisés (Ex 15,20).
2. Débora (Jue 4,4).
3. Ana la madre de Samuel (1Sm 2,1).
4. Abigail la esposa de David (1Sm 25,32-36)
5. Juldá (2Re 22,14)
6. Ester

Así como describe a Simeón, también se describe a esta mujer llamada Ana (Significa “su gracia”) Fanuel (Significa Rostro de Dios) y tribu de Aser (significa serás feliz), esta tribu estaba ubicada en Galilea. Ana es una mujer viuda, edad avanzada, consagrada para el templo, mujer penitente y llevada también por el Espíritu de Dios. La descripción que hacen de Ana, ponen énfasis en su matrimonio y en su larga viudez. Su servicio en el templo estaba basado en el ayudo y oración, es decir es una mujer penitente llena de esperanza, casi se asemeja a los sacerdotes del templo, que de seguro no vivían como ella.

Es una apóstol “hablaba del niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.” La redención de Jerusalén es lo equivalente a la liberación mesiánica tan anhelada por los israelitas.

Finalmente los versículos 39 y 40 nos dan un breve informe de la infancia de Jesús y al mismo tiempo la sabiduría del niño prepara la escena que va seguir entre los doctores. En el mismo versículo 40, se va detallar que regresaron a Galilea en concreto Nazaret. La naturaleza de Jesús se desarrolla en dirección física: crecía y se fortalecía, la naturaleza humana en él no estuvo al margen de su vida. Dirección moral: se llenaba de sabiduría, pensemos que no es una sabiduría que cae del cielo, era aquella sabiduría que ya existía en Israel, la experiencia de vida que tenían sus padres y la historia de su pueblo. Por ende sabiduría es percibir y comprender. Jesús percibe y comprende la historia de vida de su familia y de su pueblo. La autentica sabiduría es que la ayuda al hombre a percibir y comprender a Dios que se nos presenta en el templo de la vida. Cuando hablamos que Jesús es maestro de sabiduría es porque él percibe y comprende lo que somos y de ahí que sus enseñanzas (parábolas) parten de su percepción y comprensión de la vida del hombre.

El texto culmina afirmando que la “gracia de Dios estaba sobre él”. Hemos de entender que la gracia es la libre acción que brota del profundo amor de Dios hacia sus criaturas, llevada a cabo mediante la acción del Espíritu Santo. De esta manera la gracia se manifiesta en piedad, amor y misericordia.

Cuando se afirma en el texto que la gracia de Dios estaba en Jesús, va indicando que ese profundo amor de Dios hacia el hombre, no solo se manifiesta en teofanías sino que lo hará en epifanía. Dios ha decidido revelar su amor ya no por hechos portentosos, sino que es a través de Jesús quien mostrara el profundo amor de Dios, y ese amor se manifestara en la cruz; posteriormente será el Espíritu Santo quien seguirá (y sigue) manifestado esa misma acción llevada por Jesús.

Si la gracia de Dios estaba en el niño que crecía y se fortalecía, es porque Dios está en medio de nosotros (Emmanuel).

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