sábado, 25 de octubre de 2008

DOS EN UNO: AMARAS - Mt. 22,34-40

TEXTO: Mt . 22,34-40.

34 Mas los fariseos, al enterarse de que había tapado la boca a los saduceos, se reunieron en grupo, 35 y uno de ellos le preguntó con ánimo de ponerle a prueba:

36 "Maestro, ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?"

37 El le dijo: = "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente. 38 Este es el mayor y el primer mandamiento. 39 El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 40 De estos dos mandamientos penden toda la Ley y los Profetas."

REFLEXION
El evangelio de este Domingo que nos presenta Mateo es sencillo en su estructura: consta primero de una introducción que es referencia a una situación anterior, segundo la pregunta de los fariseos, dicho sea de paso no es cualquier pregunta, tercero la respuesta de Jesús muy en la línea de la tradición pero con la novedad de vincular el amor a Dios con el prójimo que es el otro, el próximo, el cercano.

Primero. La introducción. Si bien es cierto que el versículo 34 es una referencia a la discusión de los saduceos sobre la resurrección de los muertos y en donde Jesús deja bien claro la transformación del hombre delante de Dios: ser como ángeles. También es una descripción del tenso clima de confabulación y de polémica que las clases religiosas y políticas de Israel tienen en contra de Jesús. El versículo 35 destaca la intención de la pregunta: “con ánimo de ponerle a prueba”. Es decir cómo pensaba y entablar conversación con Jesús y obtener éxito allí donde los saduceos se habían llevado un chasco

Segundo: la pregunta del fariseo es una de las cuestiones más discutidas entre los rabinos de Israel tanto así que en la búsqueda del amor a Dios generaron 613 prescripciones y 365 prohibiciones, instituyéndose una categoría de valores en aquel cumulo de leyes. Resultado final una pregunta angustiosa en el corazón del israelita sencillo: ¿cuál es el mandamiento mayor de la Ley?" Cabe aclarar una cosa, la palabra Mandamiento o mandato (en hebreo sería Tsâvâh que aparece en el AT 6.680), viene a significar literalmente “establecer” o “designar”, parafraseando la pregunta sería más o menos así: ¿Qué es lo establecido o designado en la ley de Dios?

Tercero: la respuesta: Jesús relaciona los dos mandamientos entre sí (Cf. Dt. 6,5; Lev. 19,18) que en la ley estaban separados, enfatizando el amor a Dios y a los demás. El término amar esta dicho en expresión de mandato: AMARAS (aparece dos veces). No es una sugerencia sino una exigencia. El resultado, es que todo lo que se enseña, se manda y se practica pende del amor tanto a Dios como al próximo. Definitivamente el amor es la clave.

¿Cómo tiene que ser el amor a Dios?
1. Con todo el corazón es tener sentimiento.
2. Con toda el alma es tener entendimiento.
3. Con toda la mente es tener voluntad.

Estos tres elementos indican que amar a Dios debe ser de manera integral, nada de pedazos o retazos, o es todo o es nada. Porque el acto de amar a Dios (Corazón, Alma y Mente) es una entrega, una consagración, un estar en sus manos. Amar a Dios no es cumplimiento ritualista o de tradición, es vivir una fiesta, es alegría, es ágape. El amor es la naturaleza esencial de Dios y es la característica más marcada de la vida divina manifestada en Cristo: “tanto amo Dios al mundo que le entrego a su único Hijo”. El amor a Dios no hace amigos de Dios (en griego sería fileo - amigo)
Estas tres exigencias son iguales para el prójimo. El amar a Dios debe pasar por el otro, sin amor al próximo no hay amor a Dios, y resultado sería que es imposible cumplir la voluntad de Dios. El ser humano creado para amar y ser amado con todo el corazón, el alma y la mente lo hace ver y sentir que la ley escrita en la vida es amar.

En la segunda parte de la respuesta de Jesús “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” vamos a tomar muy en cuenta esto de “como a ti mismo” Actualmente se habla mucho de “autoestima”, y lo que Jesús presenta va más allá de una simple autoestima, es un amor que no se cierra en el yo, sino que comporta dignidad, respeto y conciencia de la propia naturaleza que nos viene dada en el ser imagen de Dios y esta su vez redimida en la cruz y reafirmada en el bautismo, entonces no es una situación de autoestima sujeta a los vaivenes emocionales o situacionales.

El amor a sí mismo es exigencia que requiere dignidad, respeto y conciencia para que el otro se sienta bien y feliz junto a ti. Amarse a sí mismo es estar en contacto con los pensamientos y sentimiento, para evitar culpabilidades o culpabilizar a otros, por eso que amarse a sí mismo es difícil ya que el mismo debe ser equilibrado entre el amor que nos profesamos como personas y el que se debe tener hacia los demás.

La combinación de estos dos mandamiento busca que ajustarnos, adaptarnos y comprometernos con Dios y el próximo (el otro). Amarnos equilibradamente desde Dios para los demás es también estar dispuestos a decir “no” a ciertas a actitudes, criterios o valores que no aportan vida, porque amar a Dios y al prójimo como a sí mismo es un compromiso con la verdad.

Amigo lector, el mandato AMARAS, es conocerse, asumir responsabilidad, es aprender, es vivir y sentir, es recibir y sensibilidad a lo que recibes, finalmente es agradecer “¡oh Dios te doy gracias por la maravilla de mi ser! (Sal. 139,14).

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