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domingo, 29 de diciembre de 2013

¿POR QUÉ DIOS SE HIZO NIÑO?


«He nacido desnudo para que tú puedas despojarte de ti mismo»
Podía Dios haber bajado del cielo vestido de todo su poder y su gloria. Pero se despojó de sus atavíos reales, se despojó de su divinidad, se despojó de sí mismo. Verdaderamente nació desnudo.
Desde el principio quiere marcarnos el camino de nuestra restauración. La raíz más difícil de sanar es la del propio yo. Un yo herido, ofuscado, que nos lleva a la prepotencia, a la prevalencia, a la presunción. Un yo que es egoísmo puro y duro. Un yo que es el enemigo número uno del otro y del propio yo. «Para que puedas despojarte de ti mismo»

«He nacido pobre para que tú puedas considerar a los otros          como la única riqueza»
«Siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de que os enriquecierais con su pobreza» (2 Cor. 8, 9). He aquí un Dios que nace pobre y entre los pobres, lleno de carencias y vacío de influencias. Nace con las manos vacías. No tiene plata ni oro que ofrecer. Pero se ofrece él mismo con el don de la paz.
Ha querido curarnos de nuestra pasión posesiva, de nuestras ansias de tener, de nuestra locura consumista, de nuestro engranaje economicista. Quiere enseñarnos que los verdaderos tesoros no son las cosas, sino las personas; que la verdadera riqueza no está en acumular dólares, sino en llenarse de amor. Y él es el amor más grande; no el que más tiene, sino el que más es.
 
«He nacido pequeño para que tú no busques dominar a los demás»
El Dios grande se hizo pequeño, poca cosa, nada. Un niño indefenso, colocado en el último rincón del mundo. Escoge el último lugar y quiere ser el ser­vidor de todos, ponerse a los pies de todos.
El origen de todos los males está en que el hombre quería estar por encima de todos, quería llegar a ser Dios. Ahora es Dios el que quiere estar por debajo de todos, para que aprendamos a ser como Dios, es decir, a no dominar a na­die, a servir a todos, a compartir con todos, a amar a todos. Más tarde nos dirá solamente eso, que nos pongamos en el último lugar.
 
«He nacido débil para que tú no tengas miedo de acercarte a los  demás»
Decimos que Dios es el Pantocrátor, el todopoderoso; pero todo el poder y la fuerza de Dios están en el poder y la fuerza de su amor. Y el amor lo puede todo, pero no imponiéndose, sino entregándose. Lo puede todo desde la debilidad.
He aquí un Dios débil que quiere compartir nuestras debilidades. Quiere enseñarnos esta hermosa lección: que en la debilidad está la fuerza y que no utilicemos la fuerza bruta que mata, sino la fuerza del amor que da vida.
Se ha hecho débil para que no le tengamos miedo y podamos acariciarle, besarle; para que le veamos como uno de los nuestros; para que nos acerque­mos a él con confianza.
 
«He nacido desarmado para que tú tengas confianza en la bondad»
Se hablaba de él como el Dios de las batallas y de los ejércitos. Una imagen de Dios poco inspirada. La verdadera imagen de Dios es un niño desarmado. No ha venido a hacer la guerra, sino a ofrecer la paz. El mismo será la Paz: entre Dios y el hombre y entre unos pueblos y otros, entre los que están cerca y los que están lejos (cf. Ef. 2, 14-17).
El quiere también desarmarnos, para que podamos amarnos; que los instrumentos de guerra se conviertan en instrumentos de paz.
Ha nacido desarmado para que confíes en él; no te castigará ni te humillará. No quiere seguidores vencidos, sino amigos convencidos. Su arma se­creta es su amor y su bondad.
 
«He nacido en un pesebre para que tú comprendas que estamos a disposición de todos»
No todo el mundo podía acercarse a Dios, sólo los privilegiados, como Moisés o los sacerdotes: en la morada secreta de Dios, lugar santísimo del Templo, sólo el Sumo Sacerdote una vez al año. Pero Dios no nació en el Templo. Ni nació en palacios de difícil acceso, ni en casa acomodada donde sólo entran los ricos. Nació en un pesebre, en una gruta, para que todo el mundo pueda acudir a él, incluso los niños y los pastores; para ponerse a disposición de todos, incluso los pobres, los enfermos y los pecadores.
No tenemos nosotros la misma disponibilidad y apertura. Tenemos nuestras horas de despacho y de visita, pero que después no nos molesten, y menos los transeúntes y pedigüeños.
 
«He nacido por amor para que tú nunca dudes del amor»
Sólo desde el amor y para amar ha bajado Dios del cielo a la tierra. Y el amor no tiene motivaciones ni busca ningún tipo de interés. Dios nos ha amado sin ningún «por qué»; nos ha amado porque sí. A ver si aprendemos de una vez para siempre que Dios nos ama siempre, pase lo que pase, que Dios es Amor.
Nosotros solemos movernos siempre por intereses. Somos así de utilitaris­tas. Y cuando hacemos algo bueno enseguida esperamos alguna recompensa, aunque sólo sea de reconocimientos y afecto. Y cuando amamos lo hacemos por algo que nos agrada y queremos que nos amen. Pero el amor verdadero, como el de Dios, como Dios, es enteramente gratuito.

viernes, 6 de noviembre de 2009

ELLA HA ECHADO… TODO LO QUE TENÍA PARA VIVIR


Mc 12, 38-44
38 Decía también en su instrucción: "Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.

41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. 43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. 44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.


REFLEXION

38 Decía también en su instrucción: "Guardaos de los escribas, que gustan pasear con amplio ropaje, ser saludados en las plazas, 39 ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los primeros puestos en los banquetes; 40 y que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Esos tendrán una sentencia más rigurosa.

Estimado lector estos tres versículos, te invito a leerlos después que leas y medites los versículos 41 al 44

41 Jesús se sentó frente al arca del Tesoro y miraba cómo echaba la gente monedas en el arca del Tesoro: muchos ricos echaban mucho. 42 Llegó también una viuda pobre y echó dos moneditas, o sea, una cuarta parte del as. 43 Entonces, llamando a sus discípulos, les dijo: "Os digo de verdad que esta viuda pobre ha echado más que todos los que echan en el arca del Tesoro. 44 Pues todos han echado de los que les sobraba, ésta, en cambio, ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir.

Jesús llega a identificarse con la viuda de las dos monedas ¿por qué? Ya en el Antiguo Testamento Dios exhorta a tener compasión de las viudas (Cf. Ex. 22,22; Dt. 14,29; 16,11.14; 24, 17. Is. 1, 17. Jer. 7,6; 2,3). Jesús ataca aquellos que atentan contra los recursos de las viudas (Cf. Mc. 12,40) y las Iglesia primitiva asumirá como servicio (diaconia) a las viudas. La viuda es el nuevo paradigma de la fe encarnada en Jesús hasta sus últimas consecuencias a favor de los más pobre.

El evangelista usa el termino de moneditas dando a conocer el estado pobreza, y “as” así confirma su estado de pobreza. Con el adjetivo viuda pobre reafirma su situación de pobreza, así da ha conocer lo que ella es (pobre) y la condición de su status (viuda), que es la perennidad de su situación, muy distinta a la de las personas con dinero que contrasta a la acción de la viuda. Tengamos muy presente: La sociedad hebrea que era fundamentalmente patriarcal, la ausencia del marido y cabeza de familia constituía un estigma desgraciado para los sobrevivientes (viuda y huérfanos), por ello, como parte débil del pueblo, debían ser protegidos por la Ley con mayor énfasis que el resto de sus componentes (Ex. 22,21).Hasta tal punto era considerada desgraciada la viuda, que vivían en ghetos apartados del resto de los habitantes de las ciudades, y su "desgracia" era mitigada por la obligación legal de su cuñado, en caso de soltería de éste, de tomarla por esposa para eliminar su condición de viudez (Gén 38, 8). El ejemplo puesto por los saduceos a Jesús (Mc.12, 18 y ss.; Mt, 22, 23 y ss .y Lc. 20, 27 y ss) da idea de la importancia asignada por Israel a la protección a las viudas (Lc. 18, 1-8). Viuda, por tanto, también se considera a Jerusalén, cuando ésta fue tomada y arrasada (Lam. 1,1).

Los ricos echaban mucho, la palabra (dora) significa regalos y no ofrenda. Las ofrendas eran debidas a Dios, es un acto de reconocimiento de su autoridad y paternidad hacia el hombre. El donativo en cambio es entrega de un presente no estrictamente debido, o entregar algo a cambio de otros favores: comprar conciencias. Por otra parte en el arca del tesoro, en el concepto hebreo, se realiza el pacto de lo sagrado, simbolizado en el acto de colocarse dentro del arca, darse a sí mismo para transformarse en tesoro.

Este grupo de ricos que contribuyen con grandes sumas de dinero (echaban en cantidad); su generosidad muestra que aprueban los métodos de la institución injusta y la sostienen con gusto.

Jesús les enseña a interpretar los hechos (Vv 43-44): compara el comportamiento de los ricos y el de la viuda pobre. Su dicho es solemne (Os digo de verdad) y enuncia una paradoja: lo que es menos vale más, lo poco del pobre vale más que lo mucho del rico.

Jesús mide el merito de la ofrenda de la viuda en términos de sacrificio que se supone es la donación de sí misma. A juicio de Jesús la viuda con su escasa ofrenda se contra pone a la de todos los ricos porque estos daban de la abundancia mientras que la viuda daba de la carencia, por eso su ofrenda como entrega es mayor y más auténtica. Jesús da un juicio general: todos han echado de lo que les sobra. Dar de lo superfluo significa no dar lo esencial, que es la persona. No son los ricos de Israel quienes valen a los ojos de Dios, sino los que ponen su confianza en él.

Con su ofrenda, la viuda se da a sí misma; hace de Dios el valor supremo, por encima de su propia persona, y hace depender su vida de él, pues no tiene más medios de subsistencia. La expresión “ha echado de lo que necesitaba todo cuanto poseía, todo lo que tenía para vivir”, todos sus medios de vida reflejan el mandamiento principal citado dicho por Jesús (12,30: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, etc.»). Este ha de ser el criterio de los discípulos: una entrega parcial, como la de los ricos, aunque muy aparente, tiene menos valor que una entrega total, aunque de apariencia modesta. Lo que vale es la totalidad del don. La viuda es ejemplo de un amor total a Dios, expresado en el total desprendimiento del dinero; es la antítesis de los dirigentes, infieles a Dios por su amor al dinero.

La viuda ha dado de su indigencia, en oposición a los ricos que dan de su poder y de sus privilegios. En este aspecto contradice el proverbio según el cual nadie da lo que no tiene; esta mujer, en cambio, solo posee lo que ha dado.

¿Se puede ver en ella una imagen de Dios? Si Dios nos diera solo de su abundancia, estaría perfectamente representado por los donantes ricos y no por la ofrenda de la viuda; en este caso carecería de sentido la importancia que Jesús atribuye al gesto de la mujer necesitada que ofrece parte de lo que ella necesita.

¿Qué pensaba aquella mujer cuando se dirigía con sus pobres ahorros a hacer una limosna en el Templo de Dios? No lo sabemos. Lo más probable es que recordase lo alabada que es la limosna en la Sagrada Escritura, y al mismo tiempo le viniese a la cabeza que se quedaba sin nada para comer aquel día. Hay cosas que sólo se pueden hacer cuando se tiene fe y ella la tenía en abundancia. Su limosna era oración con fe, pero oración difícil que se acompaña con el sacrificio y contiene deseos de purificación ante Dios. La viuda generosa da una lección callada de actuar de cara a Dios.

Es un hecho que los pobres suelen dar limosna con gran prontitud, esta es una lección que a lo largo del tiempo me han enseñado en la comunidad de San Agustín. Es lógico que sea así, ya que conocen lo duro que es la carencia de algo necesario; si se dan cuenta de que otro está peor que ellos lo ayudan. Muchos, a pesar que tienen de sobras, ni siquiera se dan cuenta de los dolores del pobre.

La viuda pobre acudió al Templo ocultando lo poco que estaba dando, como si le pareciese una miseria comparado con lo mucho que daban otros; ellos echaron mucho de lo mucho que tenían; ella echó todo lo que poseía. Mucho tenía, pues tenía a Dios en el corazón. Es más poseer a Dios en el corazón que echar oro en el arca.

Finalmente pienso que la viuda del templo sabía que su limosna no solucionaba nada, su ofrenda era un acto, por así decirlo inútil, pero al renunciar a unas moneditas, renuncia aun un modesto plato de comida, se deja caer, cerrando los ojos y con las manos vacías, en brazos de Dios. Da a Dios todo lo que tiene, lo que ella necesita para vivir, afirmando con esto que Dios es el valor supremo y que su vida no depende del dinero, sino de ese Dios que da la vida a quien se entrega a él por amor. Esta viuda sabe que el primer mandamiento es amar al Señor con todo su corazón y lo pone en práctica dando de lo que le hace falta para vivir y confiando en la generosidad de ese Dios que da la vida a todos.

Hasta pronto estimado lector o lectora.

EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra