lunes, 2 de julio de 2012

BASTA QUE TENGAS FE

Marcos 5, 21-43 Esta semana 13 del Tiempo Ordinario, retomamos la lectura continuada del Evangelio de Marcos, invitándonos a reflexionar sobre la actuación de Jesús que afronta la complejidad de las situaciones de la vida, ya que al mismo tiempo tiene que curar y salvar al enfermo. Marcos (5,21-43) presenta en un solo relato dos situaciones que a simple vista casi no tienen nada que ver entre ellas; sin embargo, están íntimamente conectadas en la actuación taumatúrgica (curación-sanación) de Jesús. Aspecto que el evangelista convierte en paradigma para nuestra atención o cuidado pastoral-espiritual de las personas. 1°) Las dos situaciones coinciden en la cantidad de años: La mujer con flujo lleva doce años padeciendo una enfermedad que le ha arruinado el bolsillo, su salud y sobre todo su dignidad obligándola a arrastrarse para logar su mejoría. La hija agonizante de Jairo, tan sólo tiene doce años de edad. Su padre, el jefe de la sinagoga, no se ha paralizado sino que se ha arriesgado a suplicar en público a Jesús que sane a su niña. 2°) Los dos suplicantes son movidos por su última esperanza: El hombre es un judío que ante la inminente muerte de su hija, se deja llevar por el impulso de su esperanza al límite y pide al Señor que vaya a imponer las manos a su niña para que sane; y la mujer con flujo, también movida por su esperanza al límite, se cuela entre la multitud para tocar a Jesús y poder curarse. 3°) En ambas situaciones, la audiencia pide que se desista de la búsqueda o petición: En el caso de la mujer con flujo, son los discípulos quienes dan a entender que no tiene caso seguir buscando a la persona que ha tocado a Jesús, y en el caso de Jairo, son sus criados los que indican que ya no hay por qué seguir molestando a Jesús puesto que ya ha muerto la jovencita. 4°) En el manejo de las dos situaciones tan apremiantes, Jesús se nos revela atento, dedicado, firme, libre, y sobre todo actuando por Él mismo y no por lo convencional o por lo formal, como es común entre nosotros los humanos. A la mujer con flujo, Jesús quiere verla cara a cara, y no para recriminarle, sino para confirmar su esperanza y así no quede solamente curada, sino que quede salvada, devolviéndole la dignidad perdida a lo largo de doce años. Y a Jairo que se desploma ante la noticia de la muerte de su hija, el Señor le manifiesta su disposición de ir con él a su casa, y no sólo para ayudarle a superar la tristeza o dolor, sino para levantar a su hija de la muerte, y con ello, confirmarle también en su esperanza. Por eso le dice: “basta que tengas fe”. Tal como actúa el Señor, también ha de actuar todo el que hoy se considere amigo de la vida, amigo de Dios, ya que necesita estar principalmente atento a la persona concreta con la que se encuentra a diario antes que a su propio oficio, descubriendo lo bueno que hay en los demás y apoyarse en ello, porque así es como podrá experimentar la fuerza que brota cuando se juntan la fe propia y la fe del otro. Que nuestra actuación con los demás se parezca a la de Jesús, que no rehusó al trato directo con las personas. Que nos atrevamos como el Señor a crear un nuevo modo de relacionarnos entre hombres y mujeres que nos dignifique a todos, para que juntos construyamos la confianza y la alegría que ofrecen liberación y salvación.

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EL RUIDO DE LA PALABRA

Toda reflexión es producto de la sonoridad de la palabra